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Cuento encantador y divertido 7/8 años Lectura 7 min. Disponible en audiocuento

Violeta y la escuela de magia chiflada

Violeta, una bruja torpe y divertida, se enfrenta a un día lleno de risas y desastres mágicos en la Escuela de Hechicería Sonriente, donde su escoba estornudadora y la clase de pociones burbujeantes la llevan a situaciones inesperadas. Junto a su amiga Pancha, deberá encontrar la magia de la diversión mientras se prepara para el Torneo de Magia Chiflada.

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Una joven bruja llamada Violeta, con cabello azul brillante y gafas en forma de estrella, ríe a carcajadas, sus ojos chispeantes de malicia. Lleva un vestido violeta adornado con patrones de lunas y estrellas, y sostiene una varita brillante en su mano. A su lado, su mejor amiga Pancha, una pequeña rana parlante con un sombrero de copa y un moño rojo, estalla en risas, sus ojos redondos brillando de alegría. El escenario es un aula mágica, llena de calderos coloridos, libros voladores y ventanas en forma de nubes, donde burbujas de poción flotan en el aire. Al fondo, alumnos en forma de tortugas con gafas divertidas se revuelcan por el suelo, riendo a carcajadas. La escena muestra a Violeta intentando lanzar un hechizo, pero en su lugar, una lluvia de burbujas rosas sale de su caldero, llenando la habitación de una atmósfera alegre y caótica. reportar un problema con esta imagen

La versión de audio está disponible de forma gratuita para este cuento:

DuraciĂłn del audiocuento: 07:38

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CapĂ­tulo 1: La bruja Violeta y la escoba traviesa

En el bosque de los Girasoles Saltarines, vivía una bruja adolescente llamada Violeta. Violeta era famosa en la Escuela de Hechicería Sonriente por dos cosas: su gran talento para la magia… ¡y su desastrosa torpeza! Tenía el cabello azul, pecas en la nariz y una risa contagiosa que hacía volar a los pájaros de la risa.

Un lunes por la mañana, mientras Violeta intentaba subir a su escoba para ir a clases, la escoba empezó a estornudar. Sí, sí, has leído bien: ¡la escoba estornudaba! Cada vez que Violeta pronunciaba la palabra “volar”, su escoba, llamada Cepillín, hacía “¡Achoo!” y saltaban plumas por todas partes.

—¡Por favor, Cepillín! ¡Llegaremos tarde a la clase de pociones burbujeantes! —rogó Violeta.

—¡Achoo! —respondió la escoba, mientras una bandada de patos mágicos pasaba volando.

Al final, Violeta decidiĂł ir caminando. Por el camino, se encontrĂł con su amiga, la rana parlante Pancha, que llevaba un sombrero de copa y un lazo rojo.

—¡Violeta, tu escoba tiene alergia a las plumas! —dijo Pancha, riendo a carcajadas.

—¡Eso explica las plumas y los estornudos! —exclamó Violeta, sacudiéndose una del hombro—. ¿Crees que le pasará si le pongo una bufanda?

—Solo si es de lana mágica. Pero date prisa, ¡o la profesora Cascarrabias convertirá tu gorro en un pastel de zanahoria!

Las dos amigas corrieron por el sendero, esquivando setas saltarinas y saludando a los caracoles que jugaban al escondite. Cuando por fin llegaron a la escuela, el reloj de chicle sonó: ¡BONG! ¡BONG! ¡BONG!

Capítulo 2: Pociones, patas y una risotada mágica

La profesora Cascarrabias, que tenía una verruga con gafas y usaba zapatillas de conejito, miró a Violeta y a Pancha con su mirada más seria.

—Violeta, llegas tarde otra vez. ¿La escoba estornudó de nuevo?

—Sí, profesora. Pero le pondré una bufanda y veré si se le pasa —respondió Violeta, con una sonrisa tímida.

—Muy bien. Hoy prepararemos la Poción de Risas Incontrolables. ¡Atención, clase!

Todos los alumnos se pusieron sus gafas de seguridad (con bigotes postizos) y sacaron sus frascos. Violeta cogiĂł el suyo y comenzĂł:

—Un poco de jugo de naranja chisporroteante… dos alas de mariposa saltarina… ¡y una pizca de polvo de calcetín!

Pero, como siempre, la torpeza de Violeta apareció. Al intentar abrir el frasco de polvo de calcetín, ¡achís! Se le cayó encima y todo el laboratorio empezó a oler como a pie de ogro.

Pancha, que estaba a su lado, rió tanto que se cayó de la mesa. ¡Y la profesora Cascarrabias también empezó a reír! Pronto toda la clase reía tan fuerte que el techo temblaba y las ventanas hacían piruetas.

De repente, la poción de Violeta burbujeó, saltó del caldero y ¡PUM! Una enorme nube de burbujas rosas llenó el aula. Las burbujas atraparon a los gatos mágicos, que flotaron por el aire maullando melodías de cumpleaños.

Violeta intentĂł atrapar una burbuja, pero esta explotĂł y le dejĂł el pelo lleno de purpurina azul. Todos aplaudieron.

—¡Eso sí que es magia divertida! —gritó el unicornio encargado de limpiar el suelo.

CapĂ­tulo 3: El torneo de magia chiflada

Ese día había un gran anuncio en la escuela: ¡El Torneo de Magia Chiflada! Todos los alumnos debían realizar un hechizo lo más divertido posible. El ganador recibiría el Gran Sombrero de Ranas Cantoras.

Violeta se apuntĂł enseguida, aunque Pancha estaba preocupada.

—¿Y si lanzas un hechizo y todos acabamos convertidos en patatas bailarinas?

—¡Eso sería divertidísimo! —dijo Violeta, saltando de emoción.

Llegó el día del concurso. Había dragones haciendo malabares con globos, hadas que transformaban las flores en helados y duendes que hacían desaparecer sus propios calcetines (lo cual explicaba por qué siempre llevaban uno de cada color).

Cuando llegĂł el turno de Violeta, subiĂł al escenario con CepillĂ­n envuelto en una bufanda arcoĂ­ris.

—¡Que comience la magia! —gritó, y agitó su varita con entusiasmo.

Pero, como era de esperarse, al lanzar su hechizo, dijo mal las palabras mágicas. En vez de “¡Risa totalus!”, gritó “¡Risa tortuga!”. Y, de pronto, todos los asistentes se convirtieron en tortugas con enormes gafas y bigotes postizos.

El público tortuga empezó a reírse a carcajadas, rodando por el suelo, ¡y hasta la profesora Cascarrabias se convirtió en una tortuga que tarareaba ópera! Violeta, entre risas, buscó el contraconjuro en su libro de hechizos, pero el libro solo sabía chistes malos.

—¿Por qué la bruja cruzó el bosque? ¡Para llegar al otro lado! —decía el libro, mientras las tortugas seguían riendo.

Al final, Violeta logró que todos volvieran a la normalidad. El jurado, aún con bigotes postizos, le dio el primer premio por hacer la magia más divertida y original. La profesora Cascarrabias la felicitó:

—Violeta, eres la bruja más chiflada y creativa de la escuela. ¡Nunca cambies!

Capítulo 4: Un final mágico, escobas que estornudan y muchas risas

Esa tarde, Violeta y Pancha se sentaron bajo un árbol de caramelos para admirar el Gran Sombrero de Ranas Cantoras, que croaba melodías de rock.

—¿Sabes, Pancha? Me encanta ser una bruja chiflada. La magia es mucho más divertida cuando la compartes con amigos.

—¡Y con tortugas bailarinas! —añadió Pancha, soltando una enorme carcajada.

CepillĂ­n, la escoba, estornudĂł tan fuerte que hizo volar a un grupo de pastelitos de crema, que aterrizaron en los bolsillos de Violeta. Las ranas del sombrero comenzaron a bailar y a cantar una canciĂłn tonta.

—En la escuela de hechicería, las cosas nunca salen como esperamos —dijo Violeta—. Pero así es más divertido.

Y así, entre risas, canciones de ranas y estornudos mágicos, Violeta, Pancha y sus amigos siguieron viviendo aventuras increíbles, recordando siempre que la magia más poderosa es la de reír y disfrutar juntos, sin miedo a ser un poco chiflados.

Y, por supuesto, siempre llevando una bufanda de lana mágica… ¡por si acaso!

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HechicerĂ­a
La práctica de hacer magia o utilizar poderes mágicos.
Estornudar
La acciĂłn de expulsar aire de los pulmones de manera ruidosa, a menudo debido a una irritaciĂłn en la nariz.
Burbujas
Esferas de aire atrapadas en un lĂ­quido, que suben a la superficie y suelen ser muy divertidas.
PociĂłn
Una mezcla mágica de ingredientes que se prepara para producir un efecto especial.
Desastrosa
Que causa o produce desastres, problemas o situaciones confusas.
Torpeza
La falta de habilidad o destreza para hacer algo, lo que puede llevar a cometer errores.

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