Capítulo 1: La nueva niña
Un día soleado, Tomás, un niño de tres años, jugaba en el parque. Le encantaba correr y jugar con sus amigos. De repente, vio a una nueva niña en el parque. Ella estaba sentada sola en un banco. Tomás se acercó y le dijo:
—¡Hola! Soy Tomás. ¿Cómo te llamas?
La niña miró a Tomás y sonrió.
—Hola, soy Lina.
Tomás notó que Lina tenía un vestido diferente y su piel era de un color distinto. No sabía por qué, pero se sintió un poco extraño.
—¿Por qué no juegas con nosotros? —preguntó Tomás.
—No sé jugar. Soy nueva aquí —respondió Lina.
Tomás pensó en sus amigos. Ellos también habían sido nuevos alguna vez.
—Ven, te enseñaré a jugar. ¡Es muy divertido! —dijo Tomás con una gran sonrisa.
Capítulo 2: Aprendiendo a jugar
Tomás llevó a Lina a donde estaban sus amigos.
—¡Miren! Esta es Lina. Ella es nueva. —dijo Tomás.
Los amigos de Tomás la miraron con curiosidad. Algunos sonrieron, pero otros se quedaron callados.
—Hola, Lina —dijeron algunos.
Lina se sintió un poco tímida.
—¿Te gustaría jugar a la pelota? —preguntó Ana, una de las amigas de Tomás.
—No sé jugar a la pelota —dijo Lina, bajando la mirada.
—No te preocupes. Te enseñaremos —dijo Tomás.
Así que todos se pusieron a jugar. Tomás le mostró a Lina cómo patear la pelota. Al principio, ella falló muchas veces, pero Tomás la animaba.
—¡Bien hecho, Lina! —exclamó Tomás cada vez que ella lo intentaba.
Poco a poco, Lina se fue sintiendo más cómoda. Cuando logró patear la pelota, todos aplaudieron.
—¡Eres buena! —gritó Ana.
Lina sonrió feliz. Tomás empezó a sentir que tenía algo en común con Lina. Todos estaban riendo y disfrutando.
Capítulo 3: Un nuevo amigo
Al final del día, Tomás y sus amigos se sentaron en el césped.
—Gracias por enseñarme a jugar, Tomás. Eres un buen amigo —dijo Lina.
Tomás se sintió orgulloso.
—Tú también eres buena amiga, Lina. ¡Me gusta jugar contigo!
Los otros niños se unieron.
—Sí, Lina, queremos jugar contigo siempre —dijo Ana.
Lina sonrió, y su corazón se llenó de alegría.
—Me gusta estar aquí con ustedes. —dijo Lina.
Tomás comprendió que aunque a veces las personas son diferentes, eso no importa. Lo importante es jugar y ser amigos. Todos aprendieron que podían ser felices juntos, sin importar sus diferencias.
El sol comenzaba a esconderse y todos se despidieron con sonrisas.
—Mañana jugamos de nuevo, ¿sí? —preguntó Tomás.
—¡Sí! —respondieron todos.
Y así, Tomás y sus amigos aprendieron que la tolerancia y el respeto hacen que todos se sientan incluidos y felices. Fin.