Capítulo 1: El primer día de Leo
Era una mañana soleada. Leo se despertó feliz. Saltó de la cama y gritó:
—¡Hoy voy a la escuela! ¡Qué divertido!
Leo tenía cinco años. Tenía el pelo castaño y los ojos grandes. Se puso su camiseta favorita, la roja con un dinosaurio verde. Mamá lo ayudó a abrocharse los zapatos.
—¿Estás listo, Leo? —preguntó mamá.
—¡Estoy listo! —dijo Leo, sonriendo.
Leo saltó hasta el comedor. Papá le preparó una tostada con mermelada. Leo la comió despacito.
—Hoy aprenderé cosas nuevas —dijo Leo muy contento.
Cuando llegaron a la escuela, Leo se despidió de mamá con un beso.
—¡Adiós, mamá! —gritó Leo.
Mamá le sonrió y le dijo:
—Sé amable y juega con todos, Leo.
Leo entró en su clase. Era una clase llena de colores, dibujos y juegos. Sus amigos ya estaban sentados en círculos. Leo se sentó con su amiga Carla y su amigo Pablo.
De repente, la maestra Clara habló:
—¡Buenos días, niños! Hoy tenemos un nuevo amigo en clase. Se llama Samir.
Leo miró a la puerta. Un niño pequeño entró. Tenía el pelo negro y rizado. Su piel era un poco más oscura. Samir llevaba una camiseta azul con estrellas. Caminaba despacito, mirando todo.
—¡Hola Samir! —dijo la maestra Clara—. ¿Quieres sentarte con nosotros?
Samir asintió con la cabeza. Se sentó cerca de Leo, pero no dijo nada. Leo miró a Samir y sonrió. Pero Samir no sonrió. Sus ojos estaban muy grandes y parecía un poco asustado.
—¡Hola! Yo soy Leo —dijo Leo, muy bajito.
Samir solo miró a Leo, pero no contestó.
Leo notó que Samir hablaba diferente y no decía palabras en español. Algunos niños susurraban:
—¿Por qué Samir no habla como nosotros?
Pablo preguntó:
—¿Por qué Samir lleva una camisa rara?
Carla dijo:
—Samir es diferente...
Leo se quedó pensando. No sabía por qué Samir no hablaba igual. ¿Por qué no quería jugar?
La maestra Clara dijo en voz alta:
—Todos somos diferentes y eso es bonito. Hoy aprenderemos a conocernos mejor.
Leo miró a Samir. Samir miró al suelo. Leo sentía curiosidad. Quería saber más sobre Samir.
Capítulo 2: Descubriendo diferencias
En el recreo, los niños salieron al patio. Leo, Carla y Pablo jugaron con una pelota azul. Leo notó que Samir estaba solo en un banco, mirando cómo jugaban los demás.
—Vamos a invitar a Samir —dijo Leo.
—¿Y si no entiende? —preguntó Pablo.
—Intentemos —dijo Carla.
Leo caminó hacia Samir. Se agachó y le ofreció la pelota.
—¿Quieres jugar? —preguntó Leo despacito.
Samir levantó la cabeza. Miró la pelota. Dudó, luego sonrió un poquito.
Leo cogió la pelota con las dos manos. Se la ofreció otra vez.
—Jugar, Samir. Jugar con nosotros —dijo Leo.
Samir cogió la pelota despacito. La miró con curiosidad. Leo hizo una señal con la mano. Samir tiró la pelota a Leo. Leo la atrapó y se rió fuerte.
—¡Qué bien, Samir! —dijo Leo.
Carla y Pablo se acercaron.
—¿Te gusta la pelota, Samir? —preguntó Carla.
Samir asintió. Su sonrisa era pequeñita, pero estaba allí.
Los niños jugaron juntos. A veces Samir no entendía, pero miraba a Leo y repetía lo que hacía. Cuando los niños decían "¡pásala!", Samir lanzaba la pelota. Repetían, una y otra vez.
—¡Pásala, Samir! —decía Leo.
Samir reía bajito y pasaba la pelota. Al final, todos reían juntos.
Cuando terminó el recreo, Leo dijo:
—Samir juega bien. Me gusta jugar contigo, Samir.
Samir sonrió más grande y le dio la mano a Leo.
En clase, la maestra Clara habló de familias. Preguntó:
—¿De dónde son vuestras familias?
Leo dijo:
—Mi abuela vive en un pueblo. Hace pan.
Carla señaló una foto.
—Mi papá viene de otra ciudad.
Samir levantó la mano despacito. La maestra sonrió y le preguntó:
—¿Samir, quieres contarnos sobre tu familia?
Samir habló con voz tímida:
—Mi familia viene de lejos... Hablo un idioma diferente.
La maestra Clara tradujo palabras para Samir. Entonces, los niños escucharon con atención.
—Mi mamá me canta canciones en otro idioma —dijo Samir.
—¡Qué bonito! —dijo Leo—. ¿Puedes cantar una canción?
Samir cantó bajito una melodía suave. Todos escucharon. Leo pensó que era diferente y bonito.
Después, Leo le dijo a Pablo y Carla:
—Samir es distinto, pero me gusta. Tiene canciones nuevas y juega con la pelota.
Pablo sonrió.
—A mí también me gusta Samir.
Carla asintió:
—Sí, es divertido y canta bonito.
Leo se sintió feliz. Aprender cosas nuevas era divertido. Entendió que todos los niños son diferentes, pero pueden ser amigos.
Capítulo 3: Aprendiendo juntos
Al día siguiente, Leo entró en clase y buscó a Samir.
—¡Hola, Samir! —dijo Leo.
Samir le saludó con la mano y sonrió.
La maestra Clara anunció una actividad especial:
—Hoy vamos a dibujar nuestras familias.
Leo dibujó a mamá, papá y a su perrito. Samir dibujó una casa grande y mucha gente.
La maestra preguntó:
—¿Quién quiere enseñar su dibujo?
Leo levantó el dibujo.
—Esta es mi familia. Nos gusta jugar juntos.
Samir mostró su dibujo.
—Esta es mi casa. Aquí están mi mamá, mi papá, mis abuelos y mis tíos.
Pablo miró el dibujo de Samir.
—¡Tu familia es muy grande, Samir! —dijo asombrado.
Samir asintió y sonrió.
—Viven con nosotros. Comemos juntos, bailamos y cantamos.
Leo pensó:
—La familia de Samir es diferente, pero también se quieren.
La maestra Clara explicó:
—A veces las personas tienen familias distintas, costumbres distintas, comidas distintas. Todos somos diferentes, pero todos somos importantes.
Leo recordó cuando Samir cantó en otro idioma. Se sintió curioso.
En el recreo, Leo se acercó a Samir.
—¿Quieres jugar conmigo, Samir?
Samir sonrió.
—Sí, Leo.
Los niños se pusieron a jugar a las carreras. Samir corrió más rápido que todos.
—¡Guau, Samir, corres volando! —exclamó Leo.
Samir se rió y levantó los brazos.
Luego, Pablo trajo una cuerda para saltar.
—¿Sabes saltar la cuerda, Samir? —preguntó Carla.
Samir miró la cuerda y saltó muy alto. Todos rieron y aplaudieron.
—¡Bravo, Samir! —gritó Leo.
Cuando terminó el recreo, los niños se sentaron bajo un árbol. Leo preguntó:
—¿Qué te gusta, Samir?
Samir pensó y respondió despacito:
—Me gusta el arroz con pollo. Me gusta correr y me gustan los gatos.
Pablo dijo:
—A mí también me gustan los gatos.
Carla añadió:
—Me gusta correr.
Leo sonrió. Se dio cuenta de que tenían muchas cosas en común. Aunque Samir era diferente, también era igual en muchas cosas. Todos rieron juntos.
Capítulo 4: Ser amigos
Un día, llegó una niña nueva a clase. Se llamaba Laila. Laila llevaba un vestido largo y un pañuelo de colores. Algunos niños miraban con sorpresa.
Leo pensó en Samir. Recordó cómo se había sentido cuando Samir llegó por primera vez.
Leo se acercó a Laila.
—Hola, Laila. ¿Te gusta dibujar?
Laila asintió y sonrió.
—Sí, me gusta mucho.
Leo invitó a Laila a dibujar con él y Samir. Samir saludó tímido.
—Hola Laila.
Leo se sentía feliz de tener nuevos amigos.
La maestra Clara habló:
—Cuando alguien es nuevo, es bueno ayudarle. Todos somos diferentes y eso nos hace especiales.
Leo levantó la mano y dijo:
—A mí me gusta aprender cosas nuevas de mis amigos. Samir me enseña canciones y ahora puedo aprender cosas de Laila.
Laila sonrió.
Cada día, Leo jugaba con Samir, Carla, Pablo y ahora, con Laila. A veces no entendían todo, pero se ayudaban unos a otros.
Cuando alguien tenía miedo o se sentía solo, Leo decía:
—Ven, vamos a jugar juntos.
Así, todos los niños aprendieron a ser amigos aunque fueran diferentes.
Un día, Leo le contó a mamá:
—Hoy he jugado con Samir y Laila. Son diferentes, pero también son iguales. Me gusta tener amigos de muchos lugares.
Mamá le acarició la cabeza y sonrió.
—Eso es muy bonito, Leo. Todos somos distintos por fuera, pero por dentro podemos ser muy parecidos. Lo importante es respetar y querer a los demás.
Leo abrazó a mamá y pensó que era bueno tener el corazón abierto.
Desde entonces, en la clase de Leo había risas, canciones en muchos idiomas y juegos para todos. Cada día aprendían algo nuevo.
Cuando alguien llegaba triste o asustado, Leo y sus amigos estaban allí para ayudarle y jugar. Ya no importaba si uno era diferente. Ahora eran todos amigos.
Y así, Leo aprendió que ser tolerante y respetar las diferencias hace que el mundo sea más bonito. Porque juntos, todo es mejor y ninguno se siente solo.
Siempre que Leo veía a un niño nuevo, recordaba:
—Vamos a jugar juntos. Porque en la clase de Leo, ¡todos son bienvenidos!