Capítulo 1: Un día en el parque
Óscar es un niño de seis años. Le gusta ir al parque todos los días después de la escuela. Lleva su cochecito rojo y su pelota azul. El parque está lleno de árboles altos, bancos de madera y flores de muchos colores.
Un día, Óscar corre hacia el columpio y ve a un niño que nunca había visto antes. El niño lleva una camiseta vieja y unos pantalones cortos rotos. Sus zapatillas están gastadas, y sus manos están un poco sucias. El niño mira a los otros niños jugar, pero está solo en un rincón.
Óscar se acerca despacito y dice:
—¡Hola! ¿Cómo te llamas?
El niño le responde bajito:
—Me llamo Mateo.
Óscar sonríe.
—¿Quieres jugar conmigo? Tengo pelota y cochecito.
Mateo sonríe y asiente con la cabeza.
Óscar le pasa la pelota a Mateo. Juegan juntos. La pelota va de un lado al otro. Mateo se ríe.
Óscar también ríe. “¡Eres muy bueno jugando!”, le dice.
Mateo se siente muy feliz.
Capítulo 2: Otros niños, otros ojos
Mientras juegan, otros niños se acercan. Es Lucía, que siempre lleva lazos en sus coletas, y Hugo, que es muy alto y corre rápido.
Lucía mira a Mateo y dice:
—Tu camiseta está rota. ¿Por qué?
Hugo mira sus zapatillas y pregunta:
—¿No tienes otras zapatillas?
Mateo baja la cabeza y no dice nada.
Óscar mira a Lucía y Hugo.
—A mí no me importa su ropa. Mateo es mi amigo y juega muy bien.
Mateo sonríe un poquito.
Lucía y Hugo se miran. No entienden.
Lucía pregunta:
—¿No te da vergüenza?
Óscar responde:
—No. Todos somos diferentes. Todos podemos jugar.
Capítulo 3: Descubriendo cosas juntos
Óscar, Mateo, Lucía y Hugo se sientan bajo un árbol. Hay sombra fresca y el sol juega con las hojas.
Óscar dice:
—¿Qué juegos te gustan, Mateo?
Mateo responde:
—Me gusta correr y saltar. Pero no tengo juguetes.
Lucía se sorprende:
—¿No tienes juguetes?
Mateo mueve la cabeza:
—No tengo muchos.
Óscar piensa y dice:
—Podemos compartir. Jugar juntos es más divertido.
Hugo sonríe:
—Yo puedo traer mi cometa mañana.
Todos se ríen. Óscar le da el cochecito a Mateo, y Lucía le pasa su muñeca.
Mateo juega y todos lo miran.
Descubren que Mateo sabe contar chistes muy graciosos.
Todos se ríen mucho con los chistes de Mateo.
Capítulo 4: Aprender a aceptar
Al día siguiente, los niños se reúnen otra vez en el parque. Lucía trae una merienda y la reparte con todos, también con Mateo. Nadie se ríe de su ropa ni de sus zapatillas.
Óscar dice:
—Todos somos diferentes. Mateo es mi amigo. A mí me gusta su sonrisa.
Hugo añade:
—Y cuenta chistes muy buenos.
Lucía dice:
—Y juega muy bien a la pelota.
Mateo sonríe y ahora no está solo.
Óscar se siente muy contento. Ha aprendido que lo importante no es la ropa ni los juguetes. Lo importante es ser amable, compartir y respetar a todos.
Esa tarde, todos juegan juntos. Ríen, corren, saltan y se ayudan. El parque está lleno de alegría y colores.
Desde ese día, Mateo tiene amigos. Todos aprenden algo muy bonito:
—Ser diferentes está bien. Todos merecen respeto y cariño.
Óscar, Lucía, Hugo y Mateo siguen jugando cada día y siempre recuerdan compartir, ayudar y ser buenos amigos.
Así, el parque es un lugar feliz, seguro y lleno de niños diferentes que se aceptan, se respetan y se cuidan. Porque todos juntos son más fuertes, más alegres y más sabios.