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Cuento de desafío imposible 5/6 años Lectura 7 min.

Radio Tomi y el reto imposible del señor Don Tictac

Tomás, con su radio de cartón, Lola y Nico se embarcan en el misterio del reloj que dejó de hacer “tic-tac”, convirtiendo la reparación en un juego de acertijos y trabajo en equipo.

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Un niño de 6 años, rostro redondo, pelo castaño corto y manchas de chocolate en la mejilla, expresión alegre y decidida, sostiene un micrófono hecho con un calcetín viejo en un palo y mira un gran despertador de pared; una niña de 5 años (Lola), pelo negro en coleta con una cinta en forma de mariposa, sonríe traviesa y sostiene dos pilas brillantes junto al niño, cerca de la encimera; un adolescente de ~12 años (Nico), pelo despeinado y con peto, concentrado, arrodillado abre suavemente la parte trasera del reloj con una caja de herramientas; la madre, de unos treinta años, con vestido sencillo y mirada tierna, está al fondo en el marco de la puerta con los brazos cruzados sonriendo; la cocina, colorida y estilo cartoon, tiene azulejos con motivos, mesa de madera con caja de herramientas, una gran caja de cartón convertida en "Radio Tomi" decorada con botones dibujados, una campanilla de bicicleta pegada en la pared y paquetes de galletas en la encimera; situación principal: todos trabajan juntos para devolver el tic-tac a un gran despertador antiguo en una escena animada, gestos dinámicos, expresiones cálidas, colores vivos, líneas curvas y trazos gruesos al estilo rubber hose, ambiente ligero y esperanzador. reportar un problema con esta imagen

Parte 1: La radio de cartón y el reto “imposible”

Tomás tenía 5 años y una radio muy especial: no era de verdad-de-verdad, pero casi. Era un estudio de radio bricolado en su cuarto, hecho con una caja de cartón grande, un rollo de papel de aluminio y botones dibujados con rotulador. El micrófono era un calcetín limpio en un palo de helado. Encima ponía un cartel: “RADIO TOMI: NOTICIAS IMPORTANTÍSIMAS”.

Tomás se acomodó en su silla pequeñita, se aclaró la garganta como un león educado y dijo:

—¡Buenos días, oyentes del planeta de mi habitación! Hoy… ¡tenemos un reto imposible!

En ese momento entró Lola, su vecina, con una cinta en el pelo que parecía una mariposa.

—¿Reto imposible? —preguntó—. ¿Como… comerse una nube?

—¡Más difícil! —dijo Tomás, muy serio—. El Señor Don Tictac, el reloj de la cocina, se ha quedado callado. No hace “tic-tac”. Y mamá dijo: “Eso es imposible de arreglar”.

Lola abrió la boca como una puerta.

—¡Sin tic-tac el tiempo se puede esconder!

—Exacto —dijo Tomás al micrófono-calcetín—. Oyentes, esto es una emergencia de cosquillas.

Tomás miró su mesa de radio: tenía cinta adhesiva, una cucharita, una campanita de bicicleta y un paquete de galletas.

—Vamos a convertir el problema en un acertijo —anunció—. Primera pista: ¿qué necesita un reloj para hacer tic-tac?

Lola se puso pensativa.

—Necesita… ¿un corazón?

—¡Sí! ¡Un corazón que haga “tac”! —Tomás aplaudió—. Y si no tiene, le hacemos uno.

Parte 2: El museo de los “tics” perdidos

Caminaron a la cocina como exploradores, muy despacio, por si el tiempo estaba escondido detrás del sofá. El reloj de pared colgaba quieto, con las agujas congeladas como si tuvieran frío.

Tomás le habló bajito:

—Señor Don Tictac, soy Tomás de Radio Tomi. Venimos a ayudarte.

Nada. Ni “tic”, ni “tac”, ni “toc”.

Lola se acercó y le susurró:

—A lo mejor se ofendió porque ayer le dijiste “reloj aburrido”.

Tomás se puso rojo.

—No era aburrido… era… muy serio.

Entonces Tomás sacó su cuaderno de “acertijos importantes”.

—Segundo acertijo: si el reloj no habla, ¿qué puede hablar por él?

Lola señaló la campanita de bicicleta.

—¡Esta! Hace “ring-ring”.

Tomás negó con la cabeza.

—Necesitamos “tic-tac”, no “ring-ring”. Aunque… podríamos engañarlo un poquito.

Pegaron la campanita cerca del reloj con cinta adhesiva. Tomás movió la campanita suavemente: “rin… rin…”.

El reloj siguió callado, como si estuviera jugando a las estatuas.

De pronto, apareció Nico, el hermano mayor de Lola, con una caja de herramientas.

—¿Qué hacen? —preguntó, mirando la campanita pegada.

—Estamos salvando el tiempo —dijo Tomás muy orgulloso—. Es un reto imposible.

Nico rió.

—Los retos imposibles se arreglan con equipo —dijo—. ¿Puedo ser del equipo?

Tomás miró a Lola. Lola asintió fuerte.

—Sí, pero con una condición —dijo Tomás—: aquí todos ayudan y nadie manda como un dragón.

Nico levantó la mano.

—Prometido, sin dragones.

Nico abrió la tapa del reloj con cuidado. Dentro había un espacio vacío y un “clic” tímido.

—Creo que le faltan pilas —dijo Nico.

Tomás abrió mucho los ojos.

—¿Pilas? ¿Como… las baterías pequeñitas?

—Sí —dijo Nico—. Sin pilas, no hay fiesta de tics.

Tomás lo convirtió en juego:

—¡Tercer acertijo! ¿Dónde se esconden dos pilas traviesas?

Lola dijo:

—En el cajón de las cosas raras.

Tomás apuntó al cajón de los cubiertos.

—¡En el cajón de las cucharas que suenan!

Abrieron cajones uno tras otro. En uno había servilletas con dibujos. En otro, pinzas que parecían cangrejos. En otro… ¡una montaña de tapones!

Tomás declaró por la radio imaginaria:

—Atención, oyentes. Hemos encontrado el Valle de los Tapones. No muerdan tapones.

Por fin, en una caja pequeña, encontraron dos pilas.

Lola las levantó como si fueran tesoros.

—¡Las pilas perdidas!

Tomás las saludó.

—Buenos días, pilas. Por favor, vuelvan al reloj. El tiempo las extraña.

Nico las puso en su sitio. Cerró la tapa.

Todos contuvieron la respiración.

“TIC…”

Tomás casi se cae de emoción.

“…TAC.”

Lola dio un saltito.

—¡Volvió!

Tomás anunció:

—¡Reto imposible vencido! ¡Con ayuda y sin dragones!

Pero entonces… el reloj hizo:

“TIC-TAC-TIC-TAC” tan rápido que sonaba como un ratón corriendo.

—¡Uy! —dijo Nico—. Está en modo “superprisa”.

Tomás se llevó la mano a la barbilla.

—Mini-rebote sorpresa: el tiempo se tomó demasiadas galletas.

Parte 3: La solución divertida y el baile final

Tomás pensó como detective de cosquillas.

—Si el tiempo va rápido… lo calmamos con una canción lenta.

Lola aplaudió.

—¡Una nana para reloj!

Nico se rascó la cabeza.

—Eso no está en mis herramientas.

—Está en las nuestras —dijo Tomás, señalando su garganta.

Tomás acercó el micrófono-calcetín al reloj y habló con voz de locutor:

—Señor Don Tictac, usted es muy valiente. Pero ahora… respire.

Los tres cantaron bajito:

—Tiiic… taaaac… tiiic… taaaac…

El reloj, como si escuchara, empezó a ir más normal:

“Tic… tac… tic… tac…”

Tomás soltó un suspiro.

—¡Funcionó! ¡La música es una llave invisible!

Mamá entró a la cocina y miró a los tres.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó.

Tomás levantó el dedo como presentador.

—Mamá, arreglamos lo imposible. Pero fue con equipo: Lola encontró las pilas, Nico abrió el reloj, y yo… yo le hablé bonito al tiempo.

Mamá sonrió.

—Entonces no era imposible. Era… un trabajo compartido.

—¡Sí! —dijo Lola—. Y sin dragones.

Nico hizo una reverencia.

—Sin dragones, confirmado.

Tomás miró su estudio de radio al fondo del pasillo.

—Última noticia de Radio Tomi: cuando algo parece imposible, se convierte en juego si pedimos ayuda.

Y como todo final feliz necesita un final movido, Tomás dijo:

—¡Baile de “tic-tac”!

Se pusieron en fila. Tomás hacía “tic” con un pie, Lola hacía “tac” con el otro, y Nico movía los brazos como agujas gigantes. Mamá se unió dando vueltas despacio, como un segundero contento.

“Tic, tac, tic, tac”, cantaban y reían, mientras el reloj, orgulloso, marcaba el tiempo justo… y parecía que también sonreía.

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Bricolado
Hecho con cosas de casa para crear algo nuevo y sencillo.
Micrófono-calcetín
Un micrófono hecho usando un calcetín como si fuera real.
Acertijo
Una pregunta o juego que hay que pensar para encontrar la respuesta.
Emergencia
Un problema que necesita ayuda rápida y urgente.
Ofendió
Sentirse molesto o herido por algo que alguien dijo o hizo.
Reverencia
Un gesto para mostrar respeto, como inclinarse un poco.
Segundero
La aguja del reloj que marca los segundos, se mueve rápido.
Nana
Una canción suave que se canta para que un niño duerma.
Pilas
Pequeñas cosas que se ponen en aparatos para darles energía.
Valle
Un lugar más bajo entre montañas o colinas, como un hueco grande.

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