Capítulo 1: La idea saltarina
Don Fermín es un hombre con bigote enroscado y bolsillo lleno de lápices. Le gustan las tuercas, las cintas y los botones de colores. Una mañana se despierta con una idea que le hace cosquillas en la cabeza. Quiere construir algo que haga reír a todo el pueblo. Algo que no sea una bicicleta ni un reloj. Algo que salte y cante y dé abrazos.
Se sienta en su banco de trabajo. Saca un cuaderno pequeño. Dibuja una caja con patas, una trompeta en la boca y unas manos suaves. "Será una máquina amiga", escribe. Piensa en una máquina que recoge chistes, mezcla colores y reparte galletas pequeñas. Piensa en una máquina que sabe contar cuentos con voz de pato. La idea lo llena de alegría. Empieza a buscar piezas.
En la mesa hay un tenedor doblado, una bombilla con polvo y un calcetín verde. Don Fermín sonríe. Junta el tenedor con la bombilla y el calcetín. Prueba con cinta adhesiva azul. Todo le parece posible. Su gato, Botón, mira curioso. Botón se sube al cajón y empuja un resorte. El resorte sale volando y cae en la caja. "Perfecto", dice Don Fermín en voz baja.
Capítulo 2: El taller loco
El taller huele a madera y a menta. Don Fermín trabaja con cuidado pero canta a la vez. Canta una canción corta: "¡Chas, chas, chis! Invento feliz". Coloca ruedas que hacen cosquillas. Coloca una bocina que suena como una risa en lata. Coloca una cuchara que agita confeti de papel. Todo es un poco ridículo. Todo es un poco mágico.
Prueba la máquina. La máquina no hace lo que quiere. En vez de contar cuentos, suelta burbujas de sopa. En vez de repartir galletas, suelta papelitos con adivinanzas. Don Fermín ríe. Arregla la bocina. Ajusta la tuerca del sombrero. Le pone una pequeña luz que parpadea como un ojo travieso.
Un día la máquina abre la tapa y de ella salen zapatillas que bailan. Las zapatillas dan vueltas por el taller y pisan dibujos. Don Fermín las persigue con una cuchara. Botón se esconde dentro de una caja. La situación es graciosa. No es peligrosa. Todo es divertido y un poco desordenado.
Don Fermín decide que la máquina necesita un nombre. Quiere algo corto y chispeante. Piensa en "Zaz", en "Plop", en "Tic". Dice cada nombre en voz alta y escucha la máquina. Cuando dice "Pip", la máquina hace un pequeño sonido que parece un beso. Pip. Le gusta. "Pip", repite Don Fermín, y la máquina le responde con una bocina que suena como una risa. Es el nombre. Ahora Pip está lista, más o menos.
Capítulo 3: Ensayos y sorpresas
Don Fermín invita a los niños del barrio. Quiere ver si a Pip le gustan los abrazos. Los niños llegan con gorras coloridas. Traen dibujos y un tarro de mermelada de fresa. Pip se presenta. Se abre la tapa y muestra sus manos de tela. Los niños aplauden. Pip intenta cantar un cuento. Al principio le sale una canción que suena como un pato con cosquillas. Los niños se ríen.
Pip tiene un pequeño problema: cada vez que cuenta un final feliz, suena una lluvia de plumas. Una niña recibe una pluma en la nariz y aspira sin querer. Todo el mundo se ríe de nuevo. Don Fermín tapa la salida de plumas con una servilleta. Pip cambia de idea y en vez de plumas suelta una lluvia de botones. Los botones caen blandos como monedas de espuma. Los niños los recogen y hacen un collar brillante para Botón, el gato.
Un vecino trae galletas para probar si Pip reparte dulces. Pip abre su compartimento y, en lugar de galletas, salen pequeños sombreritos que bailan en el aire. Los sombreritos hacen piruetas y juegan con las ruedas de Pip. Un sombrerito se posa sobre la cabeza de Don Fermín. Él se mira en un espejo y se ríe de su ridículo sombrero. "¡Qué bien!", dice. La risa es cálida. Pip aprende con cada intento. Don Fermín escribe nuevas notas en su cuaderno.
Capítulo 4: La gran demostración
El día de la feria llega. Hay mesas con limonada y flores. Don Fermín lleva a Pip sobre una mesa de madera. Los niños del barrio esperan. Los vecinos hacen fila. Don Fermín respira hondo y aprieta un botón. Pip despierta con un parpadeo, una bocina y un destello de luz.
Pip cuenta un cuento cortito sobre una zanahoria que quería volar. La voz de Pip suena como un sombrero que ríe. Los niños se inclinan. Pip reparte abrazos: salen unas manitas suaves que acarician las mejillas de los presentes. Todo el mundo siente calor en el pecho. Pip da pequeños saltos de alegría. Al final del cuento, Pip tira confeti que huele a pan recién hecho. La feria se llena de risas y de olor a pan.
Al terminar, Don Fermín baja a Pip de la mesa. Los vecinos aplauden. Los niños vienen a decir gracias. Alguno le da a Don Fermín una manzana. Una señora le regala una bufanda de lana. Botón ronronea contento. Don Fermín mira a Pip, que ahora se queda quieto y feliz, como un amigo que ha aprendido a dar cariño.
Antes de irse, un niño pequeño camina hacia Don Fermín. Le da un abrazo corto y luego le da una palmada suave en la espalda. Don Fermín sonríe. Él también recibe una palmada en la espalda de su propia invención: Pip le da una pequeña y graciosa palmadita con su mano de tela. Don Fermín siente que su corazón crece como un pan recién horneado. Todos se despiden cantando la canción de Don Fermín: "¡Chas, chas, chis! Invento feliz".
Al caminar a casa, Don Fermín mira a Pip, camina junto a Botón y se toca el bigote. Recibe una última palmada en la espalda de parte de un vecino que pasa. Es una palmada amiga y cálida. Don Fermín la siente en la espalda y la guarda como un tesoro. Fin.