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Cuento sobre un miedo de niño 9/10 años Lectura 8 min. Disponible en audiocuento

Pasos valientes bajo las estrellas

Diego y sus amigos enfrentan sus miedos a la oscuridad mientras se preparan para observar una lluvia de estrellas, aprendiendo a usar herramientas y frases valientes que los ayudarán a sentirse más seguros. A lo largo de su aventura, descubren que la amistad y el apoyo mutuo son clave para superar sus temores.

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Hay 2 personajes principales: - Lía, una niña de 9 años con cabello castaño rizado y gafas redondas, sostiene una pequeña linterna en su mano derecha. Está sentada sobre una manta de lana con patrones coloridos, mirando el cielo estrellado con asombro. - Mara, una niña de 9 años con cabello rubio recogido en una cola de caballo, lleva un suéter a rayas y está sentada al lado de Lía. Señala una estrella fugaz en el cielo, sonriendo con entusiasmo. El lugar es un campo abierto bajo un cielo nocturno lleno de estrellas brillantes. Árboles oscuros bordean el campo y algunas luciérnagas danzan alrededor de las niñas, añadiendo un toque de magia a la escena. Una manta está extendida sobre la hierba suave, con un termo y un cuaderno de deseos encima. La situación principal muestra a Lía y Mara compartiendo un momento de descubrimiento y valentía bajo la lluvia de estrellas fugaces. Lía, superando su miedo a la oscuridad, ilumina suavemente el suelo con su linterna, revelando una pequeña mariquita sobre una hoja. Las estrellas fugaces cruzan el cielo dejando estelas luminosas, mientras las niñas ríen e intercambian deseos secretos. reportar un problema con esta imagen

La versión de audio está disponible de forma gratuita para este cuento:

Duración del audiocuento: 07:29

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La noche que tembló la linterna

Lía y Mara tenían nueve años y la misma risa cuando contaban secretos. Vivían en el mismo barrio, iban a la misma escuela y compartían una mochila para excursiones. Lía llevaba una pequeña muleta plegada en la bicicleta; a veces se le enredaba el cordón del zapato, pero eso solo la hacía reír más alto. Ninguna de las dos hablaba mucho de la oscuridad, hasta que el cartel en la plaza anunció una lluvia de estrellas para la noche del sábado.

—Imaginé un cielo lleno de puntitos que caen —dijo Mara con las manos en forma de cuenco—. Quiero ver uno besar la ciudad.

Lía frunció el ceño. Las estrellas le gustaban en las fotos, pero la idea de pasar la noche fuera, lejos de la lamparita de su cuarto, le hacía sentir mariposas en la garganta que no eran de alegría. No era la altura ni los ruidos; era el negro profundo, sin detalles, donde la imaginación se volvía gigante.

—Puedo llevar mi linterna —propuso Mara—. Y si hay sombras raras, las iluminamos juntas.

Lía asintió despacio. Esa noche, en su casa, dejó la luz tenue del pasillo encendida y practicó decir en voz alta la frase que había aprendido de un dibujo animado: «Estoy segura. Respiro. Puedo.» Sonó pequeña, pero se sintió un paso.

La mochila de los pasos valientes

El sábado, después de merendar, las niñas se reunieron con la mamá de Mara y un pequeño grupo que organizaba la observación. Había mantas, termos de chocolate caliente y un cuaderno donde se apuntaban deseos. La noche comenzó dorada y tibia; al caer el sol, los árboles pintaron sombras largas en el césped.

Antes de partir, la señora Paula, la organizadora, les ofreció una bolsa con cosas útiles: una linterna con pilas nuevas, una manta extra, unos cartones plegables para sentarse y una hoja con frases de seguridad. En la hoja había palabras sencillas: «Respira hondo», «Estoy con amigos», «Puedo mirar sin quedarme sola». Lía sostuvo la linterna como si fuera una llave para entrar en un mundo nuevo.

Al caminar hacia el campo, la oscuridad fue llegando con pasos suaves. A cada paso, Mara contaba en voz baja historias de estrellas que bailaban. Lía seguía el ritmo con la suela del zapato, midiendo su valentía. Cuando una sombra se movió entre los arbustos, Lía apretó la mano de Mara. No dijo nada, solo se apoyó. Mara apretó de vuelta. Ese apretón fue un pequeño puente para cruzar la frontera entre lo conocido y lo incierto.

Sombras que hablan y herramientas que ayudan

Llegaron al claro. Las mantas olían a lana y cacao. Las linternas se encendieron y se apagaron como luciérnagas a pedido. La señora Paula explicó cómo usar la linterna para buscar constelaciones: luz suave, no mirar al cielo con la luz en la cara, y compartir la mirada con alguien cercano. También repitió las frases de la hoja, como si fueran hechizos amables.

Cuando todo quedó oscuro, la sombra de un árbol se alargó y, por un instante, pareció una gran figura que se movía. Lía sintió que el corazón le latía en las orejas. Respiró profundo, buscó la frase en su memoria y la dijo en voz baja: «Estoy con amigos. Respiro. Puedo mirar.» La frase se estiró en la noche como una brisa y la hizo sentir más pequeña, pero más fuerte al mismo tiempo.

Mara, que sabía que la oscuridad a veces juega con la imaginación, le pasó la linterna a Lía. —Ilumina por la hierba —sugirió—. Busca un insecto, una hoja. Luego al cielo. Primero cerca, luego lejos.

Lía apuntó la luz hacia la hierba y descubrió una pequeña mariquita. Sus ojos se abrieron. La mariquita era real, diminuta, con puntos negros. Lía rió, y la risa salió como una cuerda que la ató a la realidad. Un paso más.

Después miró al cielo con la linterna apagada. La inmensidad le pareció más amigable porque ya había tocado algo cierto: la mariquita. Cuando una estrella fugaz cruzó el cielo, Lía susurró su deseo: «Que pueda mirar sin miedo.» Mara sonrió y repitió su propio deseo de forma divertida: «Que todas las mariquitas tengan fiestas.» La risa se mezcló con el crujir de las mantas.

Pequeños logros, grandes cielos

La lluvia de estrellas llegó como una lluvia de confeti brillante. No fueron muchas, pero cada una dejó una línea plateada que parecía trazar un camino. Las niñas aplaudieron cada destello. Entre cada estrella, practicaban sus herramientas: respirar tres veces, decir la frase valiente, encender la linterna para ver algo cercano y compartir un abrazo si la sombra volvía a crecer.

En un momento, el viento levantó una manta y la figura de una bolsa pareció un monstruo. Lía sintió otra vez ese temblor. Mara tomó su mano sin dramatismos y le recordó la lista: «Respira. Señala lo que es. Pregunta: ¿qué es eso?» Juntas señalaron la bolsa. La señora Paula iluminó con su linterna y descubrieron la chaqueta de alguien que se había olvidado. Era más pequeño que el miedo que Lía había creado.

Cuando regresaron a casa, Lía ya no necesitó la luz del pasillo. Dejó la linterna sobre la mesa, no porque la oscuridad hubiera desaparecido, sino porque ahora entendía que tenía herramientas para moverse en ella. En la cama, antes de dormir, repasó la noche en su mente como si fuera un libro con páginas suaves: la mariquita, la estrella fugaz, la manta voladora. Cada recuerdo era una semilla de confianza.

A la mañana siguiente, al encontrar a Mara en el patio, Lía compartió una nueva frase que inventaron juntas: «Paso al paso.» Significaba que se podía avanzar un poquito cada vez, sin prisa. Mara la abrazó y dijo: —Así hasta el cielo.

Esa noche, cuando la luz de la ciudad se apagó por un momento por una tormenta lejana, Lía miró por la ventana, sonrió y susurró: «Estoy segura. Respiro. Puedo.» La oscuridad seguía allí, pero ahora era una amiga con la que podía conversar, pedirle que espere y usar su linterna cuando quisiera. Y cuando, de vez en cuando, una sombra les parecía grande, Lía y Mara tenían una mochila llena de frases, una linterna y la certeza de que, juntas, podían dar pasos valientes bajo las estrellas.

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Muleta
Bastón pequeño que ayuda a una persona a caminar o moverse en bicicleta.
Enredaba
Se enroscaba o se hacía un nudo, como un cordón que no se puede soltar.
Cartel
Papel o letrero puesto en un lugar público para anunciar algo.
Lluvia de estrellas
Momento en que muchas estrellas fugaces cruzan el cielo en poco tiempo.
Frunció el ceño
Arrugó la frente mostrando preocupación, duda o concentración.
Constelaciones
Grupos de estrellas que forman dibujos reconocibles en el cielo.
Linterna
Aparato que da luz con pilas para ver en la oscuridad.
Mariquita
Insecto pequeño y redondo, suele ser rojo con puntos negros.
Hechizos
Palabras o acciones imaginarias que se usan en cuentos para cambiar algo.
Inmensidad
Algo muy grande o que parece no tener fin, como el cielo nocturno.

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