En un bosque mágico vivía un niño pequeño llamado Nico. Nico llevaba un gorro azul y le gustaba correr entre las flores. Un día, vio una puerta brillante entre los árboles. Nico se acercó despacito. La puerta se abrió sola. Dentro, todo era de colores: había mariposas rojas y peces que nadaban por el aire.
Nico rió y saltó muy alto. Una mariposa se posó en su mano. “Hola, Nico”, dijo la mariposa. “¿Quieres volar conmigo?” Nico asintió y se fue volando con la mariposa. Subieron tan alto como las nubes, suaves y blanditas. Desde allí, Nico vio montañas de caramelo y ríos de leche.
Bajaron juntos hasta el suelo. Un pez saltarín nadó a su lado. “¿Quieres jugar, Nico?”, preguntó el pez. Nico tocó el agua con los dedos y el pez dio vueltas alegres. Luego, la puerta mágica le llamó. Nico entró y encontró su casa, con mamá y papá esperándole.
Nico abrazó a sus papás y sonrió. Había vivido una gran aventura, pero ahora estaba en casa, calientito y feliz.
Siempre puedes soñar y volver, porque la aventura y el amor van juntos de la mano.