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Cuento sobre el acoso 7/8 años Lectura 7 min. (1)

Mateo y el poder de las palabras

Mateo, un niño que se siente afectado por las burlas de un compañero, decide hablar con su maestra y participar en una mediación escolar para buscar una solución.

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Un niño de 8 años, aliviado y tímido, pelo castaño alborotado, ojos grandes y algo brillantes, con camiseta amarilla y pantalón corto azul, sentado en una pequeña silla de madera sonriendo tímidamente a otro niño; Juan, 8 años, alegre y alentador, pelo negro corto, chaqueta verde, de pie junto al niño principal con una mano amiga en su hombro; Diego, 8 años, avergonzado pero apaciguado, pelo castaño, sudadera roja, sentado frente al niño principal con la cabeza algo baja y las manos juntas; una maestra de unos treinta años, pelo rubio recogido, blusa clara, de pie junto a una pizarra pastel, sonriente y atenta, señalando suavemente un gran dibujo sobre la regla del respeto. La sala es una pequeña sala de mediación escolar con paredes en azul pálido y verde menta, alfombra circular con estrellas, estantería con libros y peluches y una gran ventana que deja entrar luz cálida. Los tres niños están alrededor de una mesa redonda en una atmósfera tranquila y reconciliadora, con gestos de paz (apretones tímidos, sonrisas nacientes); estilo de dibujo animado, colores saturados y líneas claras, composición centrada y expresiva. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Una Mañana Diferente

Mateo se despertó con el sonido suave del canto de los pájaros. Era una mañana como cualquier otra, pero dentro de él, algo se sentía diferente. Se vistió rápidamente, cogió su mochila y bajó a la cocina donde su mamá ya había preparado el desayuno.

"¡Buenos días, Mateo!", dijo su mamá con una sonrisa cálida. "¿Dormiste bien?"

Mateo asintió, aunque sabía que no era del todo cierto. Había algo que le preocupaba, pero no sabía cómo decirlo.

"Sí, mamá", respondió mientras comía su tostada.

De camino a la escuela, Mateo miró por la ventana del autobús escolar. Veía a los otros niños riendo y jugando, pero él se sentía un poco solo.

Al bajar del autobús, se encontró con su amigo Juan, que siempre tenía una sonrisa lista para él. "¡Hola, Mateo! ¿Jugamos en el recreo?", le preguntó Juan.

"Claro", respondió Mateo, aunque su voz no sonaba tan animada como de costumbre. Algo pesaba en su corazón, algo que no sabía cómo expresar.

Capítulo 2: Un Secreto Compartido

Durante el recreo, Mateo y Juan jugaron a la pelota, pero Mateo se distraía fácilmente. En su mente, recordaba las palabras de Diego, un chico de su clase que a menudo se burlaba de él sin razón.

"Mateo, ¿estás bien?", preguntó Juan, notando la falta de entusiasmo en su amigo.

Mateo dudó un momento, pero finalmente decidió hablar. "Hay un niño, Diego. Él... él no es muy amable conmigo. A veces me hace sentir mal."

Juan dejó de jugar y miró a Mateo con seriedad. "¿Le has contado a alguien?"

Mateo negó con la cabeza. "No quiero causar problemas."

"Pero no estás causando problemas, Mateo. Es importante que lo digas para que alguien te ayude", dijo Juan con ternura.

Mateo suspiró, sintiendo un poco de alivio al haber compartido su secreto. "Tal vez debería hablar con la maestra", dijo, comenzando a ver una pequeña luz de esperanza.

Capítulo 3: La Sala de Mediación

Al día siguiente, Mateo reunió el valor para hablar con la maestra Laura. Ella lo escuchó atentamente, asegurándole que había hecho lo correcto al contarle lo que pasaba.

"Gracias por decírmelo, Mateo", le dijo la maestra con una sonrisa tranquilizadora. "Vamos a resolver esto juntos."

La maestra sugirió usar la sala de mediación, un lugar especial en la escuela donde se resolvían conflictos de manera pacífica. Mateo se sintió un poco nervioso, pero también aliviado al saber que no estaba solo.

Cuando llegó a la sala de mediación, vio a Diego esperando con la maestra Laura y el orientador escolar, el señor López. Este último les explicó cómo la mediación podía ayudarles a entenderse mejor.

"Queremos asegurarnos de que todos se sientan seguros y respetados en la escuela", dijo el señor López. "Diego, ¿quieres contarle a Mateo cómo te has estado sintiendo?"

Diego miró a Mateo y bajó la mirada. "A veces, siento que no encajo. Por eso me comporto así. Lo siento, Mateo."

Mateo escuchó, sorprendido por la confesión de Diego. "Está bien", dijo Mateo. "Yo también me sentía solo."

Con la ayuda de la maestra y el señor López, los dos niños hablaron sobre cómo podían ser más amables el uno con el otro. Fue un momento de aprendizaje para ambos.

Capítulo 4: Nuevos Comienzos

Los días siguientes a la mediación fueron diferentes. Mateo y Diego comenzaron a saludarse con sonrisas tímidas en el pasillo. No eran los mejores amigos, pero había un nuevo respeto entre ellos.

En el recreo, Juan se acercó a Mateo. "¿Cómo te sientes ahora?", le preguntó.

"Mejor. Diego y yo hablamos, y creo que las cosas van a mejorar", respondió Mateo con una sonrisa pequeña pero sincera.

El tiempo pasó y, poco a poco, Mateo notó que Diego se unía a sus juegos con Juan y otros compañeros. Aunque al principio fue extraño, pronto se dieron cuenta de que Diego también tenía un buen sentido del humor.

Un día, mientras jugaban, Juan hizo una broma que los hizo reír a todos. Diego le dio un ligero empujón a Mateo y dijo: "¡Eres muy bueno jugando!"

Mateo sonrió, sintiendo que algo especial había cambiado. Ahora sabía que hablar sobre sus problemas no solo lo había ayudado a él, sino que también había abierto la puerta a nuevas amistades.

Capítulo 5: La Fuerza de la Amistad

La escuela se llenó de risas y juegos, y Mateo se sentía más feliz que nunca. Había aprendido que hablar y compartir sus sentimientos era una gran fortaleza, no una debilidad.

Un día, durante una clase de arte, la maestra Laura habló sobre la importancia de ser amables y de ayudar a los demás. Mateo levantó la mano y dijo: "A veces, hablar con alguien puede cambiar muchas cosas. Es importante no guardar todo dentro."

La clase aplaudió, y Mateo se sintió orgulloso. Sabía que había hecho lo correcto al hablar con su maestra, y ahora quería que todos supieran que siempre hay alguien dispuesto a escuchar y ayudar.

La amistad con Juan y Diego creció, y juntos formaron un pequeño grupo que se apoyaba mutuamente. Cada día, Mateo agradecía haber encontrado el valor para hablar y enfrentarse a sus problemas.

Al final del curso, la maestra Laura le entregó a Mateo una medalla de 'Amigo Valiente'. Era un recordatorio de que, a veces, los pequeños pasos pueden llevar a grandes cambios.

Mateo sonrió, sosteniendo la medalla con orgullo. Sabía que, sin importar lo que el futuro le trajera, siempre tendría la fuerza de la amistad y la capacidad de hablar desde el corazón. Y así, con nuevas experiencias y amigos, Mateo se sintió preparado para cualquier cosa que viniera.

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Canto de los pájaros
El sonido que hacen los pájaros cuando cantan por la mañana.
Preocupaba
Sentir inquietud o nervios por algo que te molesta o asusta.
Animada
Con energía y ganas de jugar o hablar, alegre.
Pesaba
Sentir algo en el corazón, como una carga o tristeza.
Recreo
Momento en la escuela para jugar y descansar entre clases.
Distraía
No prestar toda la atención porque piensas en otra cosa.
Dudó
Tener incertidumbre o no saber qué decidir o decir.
Mediación
Reunión donde un adulto ayuda a dos niños a hablar y entenderse.
Orientador escolar
Persona en la escuela que ayuda a los alumnos con problemas.
Asegurándole
Decirle a alguien palabras que lo calmen o lo hagan sentir seguro.
Confesión
Cuando alguien dice algo importante y admite cómo se siente.
Alivio
Sentir menos peso o preocupación después de hablar o resolver algo.
Tímidas
Sonrisas o actos hechos con vergüenza o poco valor al principio.
Apoyaba mutuamente
Ayudarse unos a otros entre amigos, cada uno ayuda al otro.
Medalla
Objeto que se da como premio para recordar un logro o coraje.

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