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Cuento sobre la discapacidad 9/10 años Lectura 11 min.

Martina y la ciudad para todos

Martina, entusiasmada por la Semana de la Inclusión en su colegio, aprende sobre la diversidad y la importancia de la empatía a través de encuentros inspiradores con Lucía, una jugadora de baloncesto en silla de ruedas, y Hugo, un niño ciego, mientras trabaja en un proyecto para crear una ciudad más inclusiva.

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Una niña de 10 años, Martina, con cabello rizado y castaño y ojos llenos de curiosidad, sonríe alegremente sosteniendo un modelo colorido de su ciudad ideal, lleno de rampas y paneles en braille. A su lado, Hugo, un niño de 11 años con gafas gruesas y un bastón blanco, la anima con una gran sonrisa, mientras que Sofía, una niña de cabello rubio, observa el modelo con asombro. La escena tiene lugar en un gimnasio luminoso, decorado con globos coloridos y dibujos de niños en las paredes, donde grupos de estudiantes presentan sus proyectos sobre inclusión. Martina, entusiasta, explica a un pequeño grupo de niños cómo su modelo ayuda a hacer la ciudad accesible para todos, en un ambiente alegre y animado, lleno de risas y conversaciones. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Una Sorpresa en la Escuela

Martina se despertó antes que el sol. Era lunes, pero no era un lunes cualquiera. Hoy empezaba la Semana de la Inclusión en su colegio, un evento especial donde los niños y niñas aprenderían sobre el respeto, la empatía y las distintas maneras de vivir y ver el mundo.

Saltó de la cama y se puso su camiseta favorita, la azul con estrellas, y bajó corriendo a la cocina.

—¡Mamá! ¿Sabías que hoy empieza la Semana de la Inclusión? —preguntó mientras untaba mermelada en su tostada.

—Claro, lo he visto en el calendario —respondió su mamá, sonriendo—. ¿Sabes de qué se tratará?

—La señorita Clara dijo que vamos a tener actividades y talleres, y conoceremos a personas que viven de formas diferentes —explicó Martina entusiasmada—. ¡Incluso viene una chica que juega baloncesto en silla de ruedas!

Su mamá le acarició el cabello.

—Me alegra que tu escuela haga esas actividades. Es importante aprender a mirar con el corazón.

Martina asintió con energía. Después de desayunar, se puso su mochila y salió hacia la escuela. El aire estaba fresco y el cielo, limpio. Al llegar, vio carteles de colores con mensajes como “Todos somos importantes” y “La diferencia nos une”.

En la clase, la señorita Clara les habló con voz alegre.

—Esta semana vamos a descubrir juntos cómo es la vida de algunas personas con discapacidad. Aprenderemos, jugaremos y nos apoyaremos unos a otros. ¡Y al final organizaremos una exposición para toda la escuela!

Martina miró a sus compañeros. Algunos parecían nerviosos, otros muy curiosos. Su amigo Pablo, que era muy bromista, levantó la mano.

—¿Eso significa que no habrá deberes?

La clase se rió y la señorita Clara le guiñó un ojo.

—Habrá menos deberes, pero sí muchas tareas de equipo. ¿Preparados?

Todos asintieron. Martina sentía un cosquilleo en la barriga. Sabía que esa semana iba a ser especial. Y, aunque aún no lo sabía, sería mucho más importante para ella de lo que imaginaba.

Capítulo 2: Un Encuentro Inspirador

Después del recreo, la clase fue al gimnasio. Allí les esperaba una joven con el pelo rizado y una amplia sonrisa. Llevaba puesta una camiseta roja y estaba sentada en una silla de ruedas.

—Hola, chicos. Me llamo Lucía —se presentó—. Juego baloncesto en un equipo para personas con discapacidad. Hoy quiero contaros mi historia.

Martina y sus compañeros se sentaron en círculo, muy atentos.

—Cuando tenía vuestra edad —empezó Lucía—, tuve un accidente y no pude volver a caminar. Al principio, todo era difícil. No podía correr como antes, ni subir escaleras. Pero, poco a poco, aprendí a hacer las cosas de otra manera.

Martina miró la silla de ruedas. Lucía parecía moverse con facilidad, girando, avanzando, incluso haciendo pequeños giros que parecían divertidos.

—Descubrí el baloncesto adaptado —continuó Lucía—. Al principio, me costó mucho, pero encontré amigos increíbles y aprendí que todos tenemos habilidades únicas.

—¿Y puedes encestar desde la silla? —preguntó Pablo, con los ojos muy abiertos.

—¡Claro! —Lucía cogió una pelota y lanzó a la canasta del gimnasio. Encestó a la primera. Los niños aplaudieron.

Lucía rió.

—¿Queréis probar?

Todos dijeron que sí. La señorita Clara organizó turnos y, uno a uno, los niños se sentaron en una silla de ruedas especial y trataron de encestar. Martina estaba nerviosa cuando le tocó. Al principio, le costó girar la silla y coordinar los movimientos, pero Lucía la animó.

—No te preocupes, es cuestión de práctica. Mira, usa las manos así.

Martina lo intentó de nuevo y fue mejorando con cada intento. Cuando finalmente encestó, Lucía le chocó la mano y ambas rieron.

Al final de la actividad, Lucía les habló con voz suave.

—Recordad: todos tenemos retos. Lo importante es no rendirse, pedir ayuda y ayudar a los demás.

Martina se quedó pensando en esas palabras mientras volvían a clase. Ahora miraba la silla de ruedas de otra manera, no como un obstáculo, sino como una herramienta para seguir adelante.

Capítulo 3: El Proyecto de la Clase

Al día siguiente, la señorita Clara anunció el gran proyecto de la semana.

—Vamos a preparar una exposición para que toda la escuela conozca lo que hemos aprendido sobre la discapacidad y la inclusión. Cada grupo elegirá un tema y creará un mural, una maqueta o una pequeña obra de teatro.

Martina levantó la mano emocionada.

—¡Podemos hacer una maqueta de la ciudad ideal para todos! Con rampas, semáforos que suenen y señales en braille.

—¡Qué buena idea! —dijo la señorita Clara—. ¿Quién quiere unirse al grupo de Martina?

Pablo y otros tres compañeros levantaron la mano. Se pusieron a trabajar en seguida. Martina dibujó las calles, Pablo recortó cartulinas y Sofía decoró con plastilina.

Mientras cortaban y pegaban, Pablo preguntó:

—Martina, ¿alguna vez has pensado cómo sería moverse por la ciudad en silla de ruedas?

Martina se quedó pensativa.

—Ayer, con Lucía, fue difícil pasar por un bordillo. Imagínate en la calle de verdad, con coches, gente y aceras estrechas…

—Por eso las rampas son tan importantes —añadió Sofía—. Mi primo es sordo y necesita avisos con luces para saber si el semáforo está verde.

Trabajaron toda la tarde. Martina se sintió orgullosa de ser parte de un equipo que pensaba en todos. Aprendió que a veces sólo hace falta mirar el mundo desde otra perspectiva.

Al final del día, su maqueta tenía rampas en cada esquina, semáforos con sonido, bancos bajos y hasta una biblioteca con libros en braille. Martina sonrió satisfecha.

Capítulo 4: Amistades que Crecen

El miércoles, la clase recibió la visita de Hugo, un niño de otro curso. Hugo era muy simpático, llevaba gafas gruesas y un bastón blanco.

—Hola, soy Hugo y soy ciego. Pero me encantan los chistes y jugar al fútbol.

Martina y los demás lo miraron con curiosidad. Hugo les habló de cómo era estudiar sin ver, de los libros con letras grandes y los audiolibros. También les enseñó su bastón y cómo lo usaba para moverse.

—¿Te gustaría ver nuestra maqueta de la ciudad? —le preguntó Martina.

Hugo sonrió.

—¿Me la describes? Así podré “verla” con tus palabras.

Martina se sentó a su lado y empezó a contarle todo: las rampas, los semáforos, los bancos, la biblioteca. Hugo hacía preguntas y, de vez en cuando, reía con alguna ocurrencia de Pablo.

—¡Eso suena increíble! —dijo Hugo—. ¿Sabéis? A veces, cuando la gente ve mi bastón, piensa que no puedo hacer cosas. Pero con ayuda de mis amigos, hago casi de todo.

Martina lo miró con admiración.

—Creo que todos necesitamos ayuda alguna vez, aunque veamos, escuchemos o caminemos diferente.

—¡Exacto! —contestó Hugo riendo.

A partir de ese día, Martina y Hugo se hicieron amigos. Él le enseñó a leer algunas palabras en braille y le contó historias sobre su perro guía, Rocky, que era un auténtico travieso. Martina le enseñó a jugar a las cartas usando marcas en los naipes. Descubrieron que las diferencias hacían su amistad más divertida.

Capítulo 5: El Gran Día de la Exposición

El viernes, la escuela estaba llena de movimiento. Padres, profesores y alumnos paseaban entre los proyectos. La clase de Martina expuso su maqueta en una mesa decorada con globos de colores.

Martina explicó a los visitantes cómo habían pensado en todos para hacer una ciudad más inclusiva.

—Aquí hay una rampa en cada acera, y este semáforo hace sonido para las personas que no pueden ver. También pusimos carteles en braille y asientos bajos para quienes usan silla de ruedas.

Lucía vino a ver la maqueta y les felicitó.

—¡Habéis hecho un trabajo fantástico! Ojalá todas las ciudades fueran así de inclusivas.

Martina vio a Hugo acercarse con su perro guía. El perro olisqueó la mesa y Hugo sonrió.

—¡Es genial! Gracias por pensar en personas como yo.

Una niña pequeña se acercó y preguntó, curiosa:

—¿Y si alguien tiene miedo de preguntar algo sobre el bastón o la silla de ruedas?

Martina recordó lo que había aprendido esa semana.

—No pasa nada por preguntar. Todos aprendemos así. Lo importante es tratar a todos con respeto y no tener miedo de conocer cosas nuevas.

Esa tarde, la directora felicitó a toda la clase.

—Habéis demostrado que con empatía, creatividad y trabajo en equipo, se puede construir un mundo mejor para todos.

Martina se sintió feliz y orgullosa. Miró a sus amigos y supo que habían hecho algo grande.

Capítulo 6: Un Final y Un Comienzo

La Semana de la Inclusión terminó, pero Martina sentía que acababa de empezar un viaje. Ahora veía las cosas de otra manera: se fijaba en las rampas de la calle, saludaba a Hugo cada mañana y ayudaba a quienes lo necesitaban.

Un día, mientras caminaba con su mamá, vio a una señora en silla de ruedas que intentaba subir una acera sin rampa. Martina se acercó y le ofreció ayuda.

—Gracias, eres muy amable —dijo la señora sonriendo.

Martina sonrió también y pensó en Lucía, en Hugo, en Pablo, en Sofía, y en todo lo que había aprendido.

Esa noche, antes de dormir, le contó a su madre:

—Creo que todos podemos hacer pequeños cambios para que nadie se quede atrás.

Su madre la abrazó.

—Eso es lo más importante, Martina. Hacer que todos se sientan parte.

Martina cerró los ojos y se durmió tranquila, soñando con ciudades llenas de rampas, risas y amigos diversos. Sabía que, aunque era pequeña, podía ser parte de un mundo más inclusivo, donde cada uno era valorado por ser quien es.

Y así, con el corazón lleno de nuevas ideas y buenos recuerdos, Martina estaba lista para seguir aprendiendo y ayudando, cada día, a construir un mundo mejor para todos.

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El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Inclusión
Es el acto de aceptar y valorar a todas las personas, independientemente de sus diferencias.
Discapacidad
Es una condición que limita algunas actividades de una persona, como caminar, ver o escuchar.
Empatía
Es la capacidad de entender y compartir los sentimientos de otra persona.
Audiolibros
Son libros grabados en formato de audio que puedes escuchar en lugar de leer.
Rampa
Es una estructura inclinada que ayuda a las personas a subir o bajar, especialmente si usan silla de ruedas.
Braille
Es un sistema de escritura que permite a las personas ciegas leer con el tacto.

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