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Cuento sobre la discapacidad 9/10 años Lectura 10 min.

Amigas sin fronteras

Paula y Martina, dos amigas diferentes, se unen para participar en una carrera de obstáculos en la escuela, descubriendo que la verdadera amistad se basa en el apoyo mutuo y la aceptación de las diferencias. Juntas, aprenderán a superar retos y a valorar sus talentos únicos en un emocionante proyecto escolar.

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Hay 4 niños: - Paula: una niña de 10 años, con cabello castaño y rizado, que lleva una camiseta rosa y un short de mezclilla. Está de pie, sonriendo, sosteniendo una medalla de cartón en su mano. - Martina: una niña de 10 años, con cabello rubio y flequillo, sentada en una silla de ruedas decorada con stickers coloridos. Lleva una camiseta azul y gafas, y sonríe alegremente levantando los brazos. - Lucía: una niña de 10 años, con cabello largo y liso, que lleva un vestido de flores. Está al lado de Paula, saltando de alegría con los brazos en alto. - Sara: una niña de 10 años, con cabello corto y rizado, vestida con una camiseta verde y pantalones negros. Está agachada, riendo y sosteniendo una pelota de deporte. El lugar es un gran patio escolar soleado, con árboles verdes alrededor, juegos coloridos y un campo de deportes. Hay conos y cuerdas dispuestos para una carrera de obstáculos, y otros niños juegan al fondo, creando un ambiente alegre y animado. La situación principal muestra a los cuatro amigos celebrando su victoria después de completar una carrera de obstáculos. Paula y Martina están juntas, mostrando sus medallas, mientras que Lucía y Sara saltan de alegría a su alrededor, todas radiantes de felicidad y amistad. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El recreo más esperado

El timbre de la escuela sonó fuerte y claro, como cada mañana. Paula guardó su cuaderno con rapidez y lanzó una mirada cómplice a sus amigas: Lucía, Sara y Martina. Las cuatro compartían clase desde primero de primaria, y aunque todas eran diferentes, formaban un equipo inseparable.

—¡Vamos, que hoy toca la carrera de obstáculos! —exclamó Sara, que siempre estaba llena de energía.

—¡Y yo he traído mis nuevas zapatillas! —dijo Lucía, levantando el pie y mostrándolo orgullosa.

Martina, que usaba una silla de ruedas con ruedas relucientes y pegatinas de colores, sonrió divertida.

—¿Habrá obstáculos para todos los estilos? Porque mi silla también quiere participar —bromeó.

Paula se acercó y le dio un golpecito amistoso en el hombro.

—¡Claro! Seguro que sí. Y si no, ¡los inventamos nosotras!

Salieron al patio y respiraron el aire fresco. El sol iluminaba los columpios y el campo de fútbol, mientras el profesor Javier preparaba los conos y las cuerdas para la actividad. En el rincón del patio donde siempre se reunían, se juntaron con el resto de la clase.

—Hoy, la carrera será diferente —anunció Javier—. Habrá pruebas de destreza, pero también de trabajo en equipo. Porque lo importante no es ganar, sino ayudarse.

Paula notó que todos miraban a Martina, pero ella mantuvo la espalda recta y la sonrisa en el rostro.

Lucía susurró:

—¿Te apuntas, Martina?

—Por supuesto —contestó—. ¿Quién será mi copiloto?

Sara levantó la mano.

—¡Yo! ¡Quiero ser copiloto de la nave espacial!

Todos rieron. El ambiente era alegre y animado. Paula se sintió feliz de pertenecer a un grupo donde todos contaban.

Capítulo 2: Obstáculos y trucos secretos

La carrera comenzó. El primer obstáculo era pasar una pelota de un cubo a otro sin usar las manos. Las niñas formaron dos equipos: Paula y Martina por un lado, Lucía y Sara por el otro.

—¿Preparada, copilota? —preguntó Martina a Paula.

—¡Listísima! —respondió Paula, sujetando la pelota entre las rodillas y acercándola a la silla de Martina.

Martina se inclinó hacia adelante y, con mucha concentración, atrapó la pelota con los codos.

—¡Lo tengo! —gritó, y ambas se movieron rápidamente, riendo mientras veían cómo Sara y Lucía intentaban hacer malabares sin éxito.

El siguiente obstáculo era saltar a la pata coja entre los conos. Paula miró a Martina, y Martina la miró de vuelta.

—¿Y ahora qué? —preguntó Paula.

Martina se encogió de hombros.

—Yo no salto a la pata coja, pero puedo hacer zigzag a toda velocidad.

—¡Eso cuenta! —dijo Lucía—. Lo importante es participar.

Las niñas animaron a Martina mientras hacía zigzag entre los conos, moviendo las ruedas con habilidad.

—¡Eres rapidísima! —exclamó Sara, aplaudiendo.

Al llegar al último obstáculo, un túnel hecho de mantas, Martina se detuvo, pensativa.

—Este... ¿cómo lo hacemos?

Paula miró el túnel y luego a Martina.

—Si te agachas un poquito, yo te ayudo desde atrás y lo pasamos juntas.

Martina aceptó el reto. Paula la empujó suavemente. Las mantas rozaban sus cabezas y ambas salieron riendo al otro lado, despeinadas y felices.

Cuando terminaron la carrera, Javier les entregó unas medallas hechas de cartón.

—Esta es para el mejor equipo —dijo, colgando la medalla en la silla de Martina y otra en el cuello de Paula—. Por su manera especial de superar cada obstáculo.

Martina levantó la medalla y la miró con orgullo.

—¿Ves? No hay obstáculos imposibles cuando tienes buenos amigos.

Capítulo 3: Un secreto compartido

Al día siguiente, Paula llegó temprano al colegio y encontró a Martina en la biblioteca, leyendo un libro de aventuras. Se sentó a su lado en silencio.

—¿Qué lees? —preguntó curiosa.

—Una historia de piratas que buscan un tesoro escondido. Pero lo que más me gusta es cómo todos los personajes se ayudan. El capitán es ciego, y los demás le describen los mapas con palabras.

Paula sonrió.

—Eso me recuerda a nuestra carrera de ayer. Encontramos nuestras propias formas de avanzar.

Martina asintió.

—Me gusta pensar que todos tenemos talentos diferentes. Yo soy buena resolviendo acertijos. ¡Y tú eres la mejor animando al equipo!

Paula se puso colorada.

—¿De verdad?

—Sí, y Sara es valiente y Lucía es súper rápida.

Las dos amigas se quedaron un rato en silencio, cada una pensando en lo que las hacía especiales. Paula recordó los primeros días de curso, cuando no sabía cómo acercarse a Martina. Pensaba que la silla de ruedas era algo complicado, pero pronto descubrió que Martina era divertida y siempre tenía ideas originales.

—Tengo un secreto —dijo Paula en voz baja—. Al principio, me daba miedo no saber cómo ayudarte, o meter la pata.

Martina rió de buena gana.

—¡Eso nos pasa a todos! Yo también tenía miedo de no encajar, de que pensaran que no podía hacer lo mismo que los demás. Pero ahora sé que, si necesitas ayuda, solo hay que preguntar.

Paula asintió, aliviada.

—¿Te gustaría ser mi compañera para el proyecto de ciencias? El profe dijo que hay que hacer una maqueta del sistema solar. Podemos usar tu silla como nave espacial y viajar por el universo.

Martina aplaudió encantada.

—¡Qué gran idea! Juntas podemos llegar a todos los planetas.

Capítulo 4: El gran proyecto espacial

Durante la semana, Paula y Martina se reunieron cada tarde en casa de Martina, donde su madre les preparaba meriendas deliciosas y su hermano pequeño intentaba espiar sus planes secretos.

En el salón, sobre la mesa, extendieron cartulinas, bolas de poliestireno, pegamento y pinturas de muchos colores.

—La Tierra será azul y verde, como siempre —dijo Paula, mientras Martina pintaba con pinceles finos—. El Sol lo hacemos súper grande, así brilla más.

Martina cortó anillos dorados de papel para Saturno y pegó pequeños lunares en Marte.

—¡No olvidemos a Plutón! Aunque sea pequeño, sigue siendo importante.

Mientras trabajaban, hablaban de todo: de sus miedos, sus sueños y sus momentos favoritos en la escuela. Martina explicó cómo era moverse por la ciudad en silla de ruedas, las rampas que a veces faltaban y lo difícil que era cuando la gente la miraba raro.

—A veces, solo quiero que me pregunten cómo ayudar, en vez de decidir por mí —confesó.

Paula la escuchó con atención.

—Prometo siempre preguntarte antes. Y si necesitas ayuda, me avisas.

—Hecho —dijo Martina.

Cuando terminaron la maqueta, la miraron orgullosas. Habían hecho planetas grandes y pequeños, y hasta pusieron estrellas de papel por todo el sistema solar.

—¡Listo! —anunció Paula—. ¿Hacemos una presentación especial?

—¡Sí! Pero solo si tú te disfrazas de astronauta.

Ambas se rieron y buscaron un casco de bici y una sábana plateada.

El día de la exposición, toda la clase escuchó atenta. Martina explicó cómo funcionaban los planetas, y Paula hizo de astronauta con un discurso lleno de humor y datos curiosos.

Javier, el profesor, las felicitó.

—Habéis demostrado que el trabajo en equipo y la creatividad pueden llegar hasta el espacio. Me siento muy orgulloso.

Las niñas se abrazaron y compartieron una sonrisa cómplice.

Capítulo 5: El valor de la diferencia

Fue un curso lleno de aventuras. A veces, había días difíciles: Martina se sentía frustrada cuando no podía subir una acera, o cuando alguien hablaba demasiado alto al dirigirse a ella, como si no pudiera entender.

Pero también hubo muchos días alegres: excursiones al parque, tardes de cine y partidas de cartas en la biblioteca. Paula y las demás aprendieron a preguntar antes de ayudar, a escuchar y a no tener miedo de las diferencias.

Un viernes, en la asamblea de la escuela, la directora reunió a todos los alumnos y profesores.

—Hoy celebramos el Día de la Inclusión —anunció—, porque todos tenemos talentos únicos y todos merecemos participar.

Sara levantó la mano y dijo:

—¡Martina es la mejor resolviendo acertijos!

Lucía añadió:

—Y siempre tiene ideas geniales para los juegos.

Martina, un poco sonrojada, agradeció las palabras.

Paula, con voz clara, compartió lo que había aprendido:

—A veces creemos que ayudar es hacer las cosas por los demás, pero en realidad es estar ahí, preguntar, escuchar y apoyarnos cuando alguien lo necesita. Todos tenemos retos y talentos, y juntos, siempre llegamos más lejos.

Los aplausos llenaron el salón. La directora sonrió y les entregó un diploma a las cuatro amigas, reconociendo su esfuerzo y su espíritu de equipo.

Antes de salir, Martina susurró:

—Gracias por ser mi amiga. No por la silla, ni por los obstáculos, sino por reír, soñar y aprender conmigo.

Paula le apretó la mano.

—Gracias a ti, por enseñarme a ver lo bueno en cada día.

Y así, entre risas y abrazos, las niñas siguieron compartiendo aventuras, sabiendo que la verdadera amistad se construye aceptando y valorando las diferencias de cada uno.

El curso terminó, pero su historia juntas apenas acababa de comenzar.

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Modelo a escala que representa un objeto o construcción, utilizado para mostrar cómo será el producto final.
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Acción de incluir a todas las personas en actividades, sin importar sus diferencias.
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