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Fantasía urbana 11/12 años Lectura 12 min.

Los guardianes de los portales secretos

Elías y Andrés, dos amigos aventureros, descubren un teatro abandonado que los lleva a un mundo mágico lleno de portales y criaturas fantásticas, donde deben luchar contra un oscuro espectro para proteger el equilibrio entre su ciudad y este nuevo reino.

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Hay 2 personajes principales: Elías, un chico de 12 años con cabello castaño desordenado y gafas redondas, sentado en una silla de ruedas decorada con calcomanías coloridas, sosteniendo una piedra luminosa; y Andrés, un chico de 12 años con cabello negro y rizado, vestido con una camiseta a rayas y un short, de pie junto a Elías, con los ojos abiertos de asombro, señalando un portal mágico que se abre ante ellos. La escena transcurre en una vieja estación de tren abandonada, con paredes cubiertas de hiedra y grafitis brillantes. Linternas flotantes iluminan el espacio, mientras un gran portal de hierro forjado, decorado con símbolos brillantes, emite una luz suave y colorida. Sombras misteriosas bailan a su alrededor, creando una atmósfera mágica e intrigante. La historia muestra a Elías y Andrés, fascinados y valientes, frente al portal central que conduce a un mundo fantástico, listos para enfrentar criaturas mágicas y proteger el equilibrio entre su ciudad y este universo oculto. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Sombras bajo la ciudad

El reloj de la plaza marcaba las siete y media cuando Elías, con su mochila a la espalda, llegó rodando junto a la verja oxidada del viejo teatro abandonado. El aire olía a verano y asfalto caliente, mezclado con el misterioso aroma de la magia que, según decían, habitaba entre las grietas de la ciudad.

—¡Te has vuelto a adelantar, Elías! —gritó su amigo Andrés, mientras saltaba hábilmente una pila de ladrillos caídos. Andrés tenía el cabello rizado y una sonrisa que parecía esconder travesuras interminables.

—No podía esperar más —respondió Elías, girando sobre sí mismo con su silla de ruedas—. Tengo el presentimiento de que hoy pasará algo grande.

Ambos sabían que la ciudad, bajo su apariencia normal de edificios altos y coches voladores, escondía secretos profundos. En los rincones donde la luz apenas llegaba, criaturas mágicas cruzaban de un mundo a otro. Aquella tarde, el teatro abandonado parecía más sombrío que nunca.

Se acercaron a la puerta principal, cubierta de grafitis y telarañas. Andrés empujó la hoja de madera, que crujió como si se quejara por ser molestada.

—¿Estás seguro de que está aquí? —preguntó Andrés en voz baja.

—Claro que sí —respondió Elías, sacando de su bolsillo una extraña llave de plata, brillante y fría al tacto—. La encontré ayer en la biblioteca, pegada bajo una mesa. Tiene el símbolo de la Sociedad de los Umbrales.

Andrés silbó, impresionado. La Sociedad de los Umbrales era una antigua orden mágica que protegía las entradas a otros mundos. Nadie sabía si aún existían, pero todos los niños de la ciudad soñaban con encontrar alguna pista de ellos.

Elías insertó la llave en una ranura oculta entre los ladrillos del vestíbulo. Con un chasquido, una parte del suelo se deslizó, dejando al descubierto una escalera que descendía hacia la oscuridad.

Los chicos intercambiaron una mirada nerviosa y llena de emoción.

—¿Listo? —preguntó Andrés.

—Siempre —respondió Elías, y juntos iniciaron el descenso.

Capítulo 2: El portal de los susurros

La escalera era estrecha y polvorienta, iluminada apenas por la linterna de Andrés. Al fondo, una puerta de hierro forjado estaba cubierta de símbolos arcanos que brillaban tenuemente en azul y violeta. Elías notó cómo su pulsera de cuentas se encendía también, un regalo de su abuela, que siempre decía que la magia estaba en todas partes.

Andrés tocó la puerta y, por un momento, los símbolos parpadearon. Luego, la puerta se abrió sola, dejando escapar un susurro de aire frío y una nube de polvo de estrellas.

Al otro lado, el mundo cambiaba. Ya no era el sótano de un teatro viejo. Era un pasillo interminable, cuyas paredes estaban hechas de espejos y relojes sin agujas. Criaturas etéreas flotaban a lo lejos: pequeños dragones de papel, gatos que caminaban sobre dos patas y hadas con alas de neón.

—Bienvenidos al Corredor de los Portales —anunció una voz grave.

Un hombre alto, vestido con una capa de cuero y un sombrero puntiagudo, apareció frente a ellos. Sus ojos parecían contener galaxias enteras.

—Me llamo Zarek. Soy el guardián de este umbral.

Elías y Andrés se miraron, asombrados.

—¿Podemos pasar? —preguntó Elías.

Zarek los observó en silencio antes de asentir.

—Solo si prometéis proteger la ciudad. Los portales se están debilitando y criaturas del Otro Lado han comenzado a cruzar. Necesito héroes valientes que ayuden a mantener el equilibrio.

Los dos chicos asintieron con seriedad. Zarek les entregó una piedra luminosa a cada uno.

—Esto os permitirá regresar a casa. Pero recordad: el tiempo aquí y allá no es el mismo. Y no confiéis en todos los seres que encontréis.

Con esas palabras, Zarek desapareció.

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —preguntó Andrés.

—Que esto va a ser la mejor aventura de nuestras vidas —respondió Elías, y juntos avanzaron por el pasillo de espejos.

Capítulo 3: El corazón de la ciudad oculta

Tras cruzar varios portales, los chicos llegaron a una plaza donde la ciudad parecía un reflejo distorsionado de la suya. Los coches flotaban, pero sus ruedas eran de fuego azul. Los edificios antiguos estaban cubiertos de lianas doradas y criaturas mágicas paseaban junto a humanos que no les prestaban atención.

Se detuvieron al ver un grupo de duendes discutiendo con un ogro vestido de chaqueta y corbata.

—¡No pueden usar el portal del metro sin pagar! —gritaba el ogro.

—¡Pero el metro es de todos! —replicó un duende, cruzando los brazos.

Elías y Andrés se acercaron con cautela.

—Perdón, ¿podemos ayudar? —preguntó Andrés, siempre curioso.

El ogro los miró de arriba abajo.

—¿Sois de la superficie? ¿Por qué estáis aquí?

—Nos envió Zarek —dijo Elías, mostrando la piedra luminosa.

Los duendes y el ogro se calmaron al instante.

—Entonces, quizás podáis ayudar —dijo el ogro—. Hay criaturas oscuras que están bloqueando los portales del barrio antiguo. Si no se restablece el flujo, toda la ciudad colapsará.

Andrés y Elías aceptaron sin dudarlo. Los duendes les dieron un mapa de la ciudad oculta, donde se marcaban los portales principales.

—Debéis tener cuidado con los Spectros de Humo —advirtió el ogro—. Se alimentan de miedo y confusión.

—No tenemos miedo —contestó Elías con una sonrisa desafiante.

Siguieron el mapa entre callejones llenos de luces flotantes y tiendas que vendían objetos imposibles. Andrés compró un caramelo que flotaba en el aire, y Elías se probó unas gafas que permitían ver el aura de las criaturas.

De pronto, un chillido desgarrador llenó el aire. Una sombra negra, con ojos rojos como brasas, emergió de un portal derrumbado.

—¡Un Spectro de Humo! —gritó Andrés.

Elías recordó las palabras de Zarek. Sacó la piedra luminosa y la apretó con fuerza. Una luz cálida brotó de sus manos, ahuyentando a la criatura.

—¡Creo que podemos luchar contra ellos! —exclamó Andrés, animado.

—Sí, pero no será fácil —respondió Elías, mientras miraba el siguiente portal en el mapa.

La aventura apenas comenzaba.

Capítulo 4: El secreto de los portales

A medida que avanzaban, los portales se volvían más difíciles de encontrar. Algunos estaban ocultos tras muros ilusorios, otros bajo fuentes que nunca dejaban de fluir. Los Spectros de Humo acechaban en las esquinas, pero los chicos aprendieron a usar la piedra luminosa para protegerse.

En un momento de calma, se sentaron junto a una fuente de agua cristalina.

—¿No te parece extraño que todo esto exista y nadie lo sepa? —preguntó Andrés, lanzando una piedra al agua.

—Quizá no lo ven porque no quieren verlo —dijo Elías—. O porque olvidaron cómo mirar.

—¿Crees que nuestra ciudad está en peligro?

Elías asintió.

—Si los portales se rompen, las criaturas mágicas y los humanos podrían mezclarse de formas peligrosas. Pero también podríamos aprender unos de otros, si lo hacemos bien.

—Eso suena complicado.

—Lo es —respondió Elías—. Pero creo que, si ayudamos a mantener el equilibrio, ambos mundos pueden sobrevivir.

Un murmullo los interrumpió. De la fuente emergió una figura de agua, una ninfa con cabellos de algas.

—Sois héroes, pero también guardianes de secretos —dijo la ninfa—. Los portales existen porque la ciudad los necesita. Son puentes, no muros.

La ninfa les entregó una llave dorada.

—Esta abre el portal central, el que mantiene el equilibrio entre los mundos. Pero sólo funcionará si ambos la giran juntos.

Los chicos agradecieron y guardaron la llave con cuidado.

—¿Listos para el gran final? —preguntó Andrés.

—Vamos allá —dijo Elías, y juntos se dirigieron al corazón de la ciudad mágica.

Capítulo 5: El portal central

El portal central estaba oculto bajo la vieja estación de tren, cubierta de musgo y grabados arcanos. Dos estatuas de leones custodiaban la entrada, y sus ojos seguían cada movimiento de los chicos.

—¿Preparado? —susurró Andrés.

—Siempre —respondió Elías, sacando la llave dorada.

Colocaron la llave en una ranura entre los leones. Al girarla juntos, el suelo tembló y el portal se abrió, revelando un remolino de luces y sombras.

De su interior surgió la figura de un Spectro gigantesco, más grande y oscuro que cualquiera que hubieran visto.

—¡Guardad el equilibrio o el caos reinará! —rugió la criatura.

Elías y Andrés no dudaron. Sujetaron sus piedras luminosas y, recordando las palabras de la ninfa, se concentraron en sus recuerdos más felices: risas en el parque, aventuras en la escuela, momentos compartidos.

La luz de las piedras creció, envolviendo al Spectro en una esfera brillante. El monstruo gritó, pero la luz lo disolvió poco a poco, hasta que no quedó más que una brisa suave.

El portal se estabilizó, brillando con una luz suave y acogedora.

—Lo conseguimos —dijo Andrés, jadeando.

—Sí, pero esto es solo el principio —respondió Elías—. Ahora sabemos que ambos mundos dependen el uno del otro.

Una figura familiar apareció entre las luces. Era Zarek.

—Habéis superado la prueba. Demostrasteis valor, inteligencia y, lo más importante, amistad. A partir de ahora, sois guardianes honorarios de los portales.

Los chicos sonrieron, orgullosos.

—¿Volveremos a este mundo? —preguntó Andrés.

—Cuando la ciudad os necesite, los portales os llamarán —respondió Zarek, desapareciendo con un destello.

Capítulo 6: Regreso a casa

Elías y Andrés salieron de la estación, y el mundo volvió a la normalidad. La ciudad seguía bulliciosa, los coches volando entre los rascacielos, la gente apurada sin saber lo que ocurría bajo sus pies.

—¿Crees que alguien nos creería si contáramos lo que pasó? —preguntó Andrés.

—Probablemente no —respondió Elías, riendo—. Pero no importa. Nosotros conocemos la verdad.

—Y siempre estaremos listos para proteger la ciudad —añadió Andrés, chocando su puño con el de Elías.

Mientras se alejaban bajo la luz dorada del atardecer, supieron que, aunque su aventura mágica había terminado por ahora, la ciudad seguiría llena de secretos, esperando a quienes se atrevieran a mirar más allá de lo ordinario.

Porque, en el fondo, todos los edificios antiguos, todas las calles y plazas, guardan historias que solo los curiosos y valientes pueden descubrir. Y ellos, Elías y Andrés, ya estaban preparados para la próxima llamada de los portales.

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Arcanos
Relativo a algo secreto o misterioso, especialmente en contextos mágicos o esotéricos.
Espectro
Una aparición o manifestación de un ser sobrenatural, a menudo asociado con fantasmas o criaturas de miedo.
Ninfa
Una criatura mitológica que generalmente se representa como una mujer joven y hermosa, asociada con la naturaleza y los elementos como el agua o los árboles.
Equilibrio
La condición de estar en un estado estable, donde las fuerzas o elementos se contrarrestan de manera armoniosa.
Guardianes
Personas o seres que cuidan o protegen algo, asegurándose de que se mantenga a salvo.

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