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Fantasía urbana 11/12 años Lectura 8 min.

Elena y la noche de los portales secretos

Elena, una valiente niña con el don de sentir lo mágico, se enfrenta a una criatura oscura que intenta cruzar un portal en la Biblioteca Central de su ciudad, poniendo en riesgo a todos sus habitantes. Con la ayuda de un antiguo libro y su determinación, deberá luchar para proteger su mundo de lo desconocido.

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Una niña de 12 años, llamada Elena, se encuentra en el centro de la escena, con cabello rizado castaño y ojos brillantes de determinación. Lleva un abrigo rojo brillante que contrasta con la oscuridad de la noche, y su rostro expresa valentía mezclada con una ligera preocupación. A su lado, el Señor García, un hombre de unos 60 años, con cabello gris y barba bien cuidada, observa atentamente el antiguo libro que sostiene en sus manos, con una mirada seria y sabia. La escena tiene lugar en la Biblioteca Central, un edificio majestuoso con paredes de mármol y grandes ventanas adornadas con vitrales coloridos que dejan pasar una luz misteriosa. Estanterías llenas de libros antiguos se extienden a la vista, y una atmósfera de magia y misterio flota en el aire, acentuada por sombras danzantes. Elena, decidida, se prepara para enfrentar un portal resplandeciente que se abre ante ella, emitiendo un brillo azulado y vibrante. La tensión es palpable mientras pronuncia un hechizo para cerrar el portal, mientras sombras amenazantes se dibujan a su alrededor, creando una atmósfera inquietante y fascinante. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Las Sombras de la Ciudad

En una noche oscura y brumosa, el sonido del viento susurrando entre los callejones de ladrillos resonaba como un lamento antiguo. La niebla abrazaba las farolas, difuminando sus luces amarillas en una danza etérea. La ciudad, con su arquitectura de los años 1920, parecía un cuadro en movimiento, donde cada esquina escondía secretos que pocos se atrevían a desvelar. En esta urbe de contrastes, donde lo moderno y lo arcano convergían, vivía nuestra protagonista: Elena.

Elena no era una niña cualquiera. Desde pequeña había sentido una conexión especial con lo que otros consideraban extraño. Su abuela le había contado historias sobre criaturas mágicas y portales escondidos, leyendas que, para Elena, eran tan reales como el suelo que pisaba. Aquella noche, mientras se deslizaba entre las sombras de la ciudad, su corazón latía con una mezcla de temor y emoción. Sabía que algo estaba a punto de suceder.

Caminando con determinación, llegó a la Plaza del Reloj, un lugar donde el tiempo parecía detenerse. Allí, el reloj antiguo marcaba las horas en silencio, y su aguja larga señalaba justo hacia una pequeña tienda de antigüedades. La puerta crujió al abrirse, y Elena fue recibida por el olor a libros viejos y cera de vela.

Detrás del mostrador, el propietario, un hombre de aspecto cansado llamado Señor García, levantó la vista de un manuscrito polvoriento. Sus ojos, ocultos tras unas gafas redondas, brillaban con un conocimiento que Elena había aprendido a respetar.

—Elena, sabía que vendrías —dijo el Señor García, con una voz que parecía arrastrar el eco de viejas historias.

—He sentido una perturbación —respondió Elena, acercándose al mostrador con cautela—. Hay algo en el aire esta noche.

El Señor García asintió, cerrando el manuscrito con un gesto solemne.

—Los portales están inestables. Algo del otro lado intenta cruzar. Necesitamos tu ayuda.

Elena apretó los labios, sintiendo el peso de la responsabilidad. Había heredado la tarea de proteger la ciudad de las criaturas que acechaban desde las sombras, una misión que aceptó con valentía a pesar de su corta edad.

—¿Dónde debo ir? —preguntó, su voz firme a pesar de la incertidumbre.

El Señor García señaló un mapa antiguo que colgaba de la pared. En él, ciertos edificios estaban marcados con símbolos que solo aquellos con conocimiento arcano podían entender.

—Ve a la Biblioteca Central. Algo se está moviendo allí, algo que no pertenece a nuestro mundo.

Elena asintió, sintiendo una mezcla de miedo y determinación. Sabía que la noche apenas comenzaba y que debía estar preparada para lo que encontraría.

Capítulo 2: El Portal de la Biblioteca

La Biblioteca Central se alzaba majestuosa al final de la avenida principal, su fachada de mármol reflejaba la luz de la luna como un espejo. Era un lugar de conocimiento y misterio, donde los pasillos silenciosos guardaban secretos de mundos más allá del nuestro. Elena llegó con rapidez, sus pasos apenas resonaban en las escaleras de piedra.

Al entrar, el olor a papel y tinta antigua la envolvió, haciéndola sentir tanto en casa como en un territorio desconocido. La biblioteca estaba vacía, pero Elena sabía que no estaba sola. Algo se movía entre las sombras de los estantes.

Avanzó con cautela, sus ojos escudriñando cada rincón. Guiada por un instinto casi primitivo, se dirigió hacia la sección de libros prohibidos. Allí, un libro en particular parecía emitir un brillo tenue, sus páginas revolviéndose con una brisa invisible.

Elena extendió la mano, sintiendo un escalofrío recorrer su columna vertebral. Cuando tocó el libro, una onda de energía pareció atravesar la habitación. De repente, el aire se onduló y un portal comenzó a formarse frente a ella, sus bordes chisporroteaban con luz azulada.

De la oscuridad del portal emergió una figura delgada, con ojos que brillaban con malicia. Era un ser que pertenecía a las historias que su abuela le contaba, un ser que no debía estar en el mundo humano.

—¿Quién osa perturbar mi descanso? —gruñó la criatura, su voz resonando con un eco siniestro.

A pesar del miedo que hacía latir su corazón con fuerza, Elena no retrocedió. Sabía que debía proteger la ciudad, era su deber.

—Soy Elena, guardiana de este mundo —declaró, con una valentía que sorprendió incluso a la criatura—. No permitiré que dañes a mi gente.

La criatura rió, un sonido que se asemejaba al raspar de metal sobre piedra.

—Eres valiente para ser tan joven. Pero no podrás detenerme.

Elena sabía que debía actuar rápido. Recordó las enseñanzas de su abuela y del Señor García. Con un gesto decidido, abrió el libro, buscando la página exacta donde se encontraba el hechizo de cierre.

Las palabras danzaban en su mente mientras las pronunciaba en voz alta. El portal comenzó a temblar, la luz que emanaba de él se intensificó, y la criatura gritó de furia al ser arrastrada de vuelta a su dimensión.

Cuando el portal se cerró con un destello final, todo quedó en silencio. Elena respiró hondo, sintiendo la adrenalina disminuir. Había logrado mantener la paz en su ciudad, al menos por esta noche.

Capítulo 3: El Regreso del Amanecer

Con el primer rayo de sol, la niebla se disolvió como un velo, y la ciudad despertó a un nuevo día. Elena, aún con el corazón latiendo frenéticamente por la aventura nocturna, caminó de regreso por las calles que ahora parecían menos amenazantes a la luz del día.

Se dirigió nuevamente a la tienda de antigüedades del Señor García. Al entrar, el hombre la saludó con una sonrisa cansada pero satisfecha.

—Sabía que podrías hacerlo —dijo, alcanzando una taza de té para Elena.

Elena la aceptó con gratitud, disfrutando del calor que se filtraba a través de la cerámica.

—Fue más difícil de lo que pensé, pero lo logré —respondió, con un brillo de orgullo en sus ojos.

El Señor García asintió, comprendiendo perfectamente el peso de lo que la joven había logrado.

—Cada noche trae sus propios desafíos. Pero cada amanecer nos recuerda por qué luchamos.

Elena asintió, comprendiendo el significado profundo de sus palabras. La ciudad podría estar llena de secretos y peligros, pero también estaba llena de personas y momentos que valían la pena proteger.

—¿Crees que habrá más portales? —preguntó Elena, aunque ya conocía la respuesta.

—Siempre los habrá —contestó el Señor García—. Pero ahora sabemos que hay alguien valiente para enfrentarlos.

Con una última sonrisa, Elena se despidió y salió de la tienda, sintiéndose más fuerte y segura. La ciudad continuaba su ritmo frenético, ajena a los eventos de la noche anterior, pero Elena sabía que estaba lista para lo que viniera. Con el sol iluminando su camino, se dirigió a casa, sabiendo que el próximo desafío, aunque incierto, la encontraría preparada.

La noche y el día, lo oscuro y lo claro, siempre coexistirían en su mundo, y mientras hubiera guardianes como ella, la balanza se mantendría en equilibrio.

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Un espacio o plano que tiene sus propias características y reglas.
Valentía
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