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Humor fantástico 3/4 años Lectura 4 min. (1)

Las brasas azules y el soplo educado de Pipo

Pipo encuentra unas brasas azules que, al soplarlas, animan los objetos del picnic, y con curiosidad y prueba y error aprende a controlar lo que provoca.

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Pequeño animal híbrido entre conejo y zorro, orejas largas y flexibles, cola con gran borla, pelaje crema y rojizo suave, ojos redondos brillantes y pecas; lleva un pequeño gorro rojo y sopla sonriendo sobre una caja de hierro sobre una roca musgosa que contiene brasas azules que emiten brillo y chispas de confeti. A la izquierda, una gran cuchara metálica con dos patitas mira sorprendida y alegre, lista para remover; detrás, una tetera redonda plateada despide una nubecita de vapor desde el borde de un mantel levantado en forma de tienda. En el centro, una olla de hierro sonriente calienta y ronronea por las brasas, junto a una fila de galletas decoradas con ojos de azúcar, sorprendidas y tranquilas sobre una manta a cuadros. Claro del bosque con suelo de hojas y musgo, rocas redondeadas, faroles de luciérnagas colgantes, crepúsculo violeta-azulado, ambiente acogedor y mágico. Situación: Pipo controla con soplos las brasas azules que animan suavemente los utensilios de cocina; escena humorística y cálida, texturas suaves y expresiones adorables, estilo dibujo manga infantil, trazos redondeados, colores pastel saturados y luz tenue alrededor de las brasas. reportar un problema con esta imagen

Parte 1

En el Bosque de las Cosas Pequeñas vivía Pipo. Tenía orejas largas, cola con borla y un gorro torcido que siempre quería ser importante. Pipo no era importante. Pero era muy curioso.

Una tarde encontró una cajita de hierro en una roca. Dentro había brasas azules. Azules, como caramelos fríos. No quemaban fuerte, solo hacían “tss, tss” bajito, como si estuvieran riéndose.

Pipo leyó una etiqueta que decía: “Soplar con cuidado. No cosquillear.”

“¿Cosquillear? Yo solo sé soplar”, dijo Pipo, muy seguro.

Sopló. “Fuuu.”

Las brasas brillaron y, ¡plop!, la cuchara del picnic salió caminando con patitas.

“¡Estoy lista para la sopa!”, cantó la cuchara.

“Ups”, dijo Pipo. “Yo quería fuego, no cubiertos con prisa.”

Sopló otra vez. “Fuuu, fuuu.”

Ahora el mantel se levantó como una tienda y dijo: “¡Bienvenidos a mi castillo doblado!”

Pipo se rascó la nariz. “Esto se está poniendo… muy doméstico.”

Parte 2

Pipo miró alrededor. Había una tetera dormida, una olla grande y un montón de galletas. Las brasas azules seguían ahí, haciendo “tss, tss”, como si lo aplaudieran.

“Necesito soplar mejor”, dijo Pipo. “Pero sin hacer líos.”

La tetera bostezó. “¿Líos? Eso lo haces tú solito.”

La cuchara saludó. “Yo puedo ayudar. Soy una experta en remover.”

“Yo también”, dijo la olla. “Soy experta en ser redonda.”

Pipo pensó. Pensó despacio, como cuando cuentas estrellas. “Vale. Problema: soplo y salen cosas raras. Solución: probar poquito y mirar qué pasa.”

Hizo un soplido chiquito. “Fu.”

Las brasas hicieron una luz suave. Nada saltó. Bien.

“Ahora otro poquito”, dijo Pipo.

“Fu… fu.”

La luz se volvió más grande, como una luciérnaga azul. La tetera, muy seria, dijo: “Eso sí parece fuego de verdad. Un fuego educado.”

Pero entonces las galletas empezaron a marchar: “¡Izquierda, derecha! ¡A la merienda!”

“¡No, no, no!”, dijo Pipo. “Quietas, galletas.”

Pipo tuvo una idea. Se puso el gorro bien derecho. “Si el soplo manda, yo mando al soplo.”

Se acercó y susurró: “Soplo, soplo, sé amable. Solo aviva las brasas. Nada de patitas, nada de desfiles.”

Parte 3

Y sopló, muy lento. “Fuuuu.”

Las brasas azules brillaron bonito. Se quedaron en su sitio. Calentaron la olla, y la olla ronroneó feliz. La tetera cantó “puf-puf” como un tren pequeño. La cuchara se quedó quieta, orgullosa.

“¡Lo lograste!”, dijeron todos a la vez, porque a los objetos les encanta hablar cuando no deben.

Pipo se rió. “No fue magia difícil. Fue pensar, probar y hablar con educación.”

Las galletas, ya quietas, susurraron: “¿Podemos ser solo galletas?”

“Sí”, dijo Pipo. “Hoy no hay ejército de merienda.”

Hicieron una sopita suave. El fuego azul bailó despacito, como si tuviera pantuflas. El bosque olía a calorcito.

Cuando la luz se apagó sola, Pipo cerró la cajita con cuidado.

“Buenas noches, brasas azules”, dijo.

“Tss, tss”, respondieron, como una risita de sueño.

Y Pipo se acurrucó, tranquilo, con su gorro torcido y una barriga contenta.

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El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Gorro torcido
Un sombrero doblado o chueco que se ve divertido en la cabeza.
Cajita de hierro
Una pequeña caja hecha de metal, dura y fría al tocarla.
Brasas azules
Pedacitos de fuego que brillan azul y dan calor sin quemar mucho.
Caramelos fríos.
Dulces imaginados que están fríos como hielo, comparación en la historia.
No cosquillear.
Aviso que dice no tocar para hacer reír o mover algo con cosquillas.
Etiqueta
Papelito pegado que explica o dice algo sobre un objeto.
Mantel
Tela que se pone sobre la mesa para comer y protegerla.
Tetera
Recipiente que sirve para calentar y echar agua caliente para té.
Ronroneó
Hacer un sonido suave y feliz, como un motor muy pequeño o un gato.
Bostezó
Abrir la boca mucho y respirar por cansancio o sueño.
Aviva las brasas
Hacer que el fuego brille más y tenga más calor.
Acurrucó
Doblarse y abrazarse para estar cómodo y calentito al dormir.
Pantuflas
Zapatos suaves y cómodos que se usan dentro de la casa.

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