Érase una vez, en un reino lleno de flores brillantes, mariposas que bailaban y árboles que cantaban canciones muy alegres, vivía una princesita llamada Lila. La Princesa Lila era pequeña, valiente y siempre tenía una gran sonrisa. Tenía el pelo muy rizado y llevaba siempre unos zapatos de color naranja que hacían "pla, pla, pla" al caminar. A Lila le encantaba ayudar a sus amigos y, sobre todo, ¡le encantaba la aventura!
Capítulo 1: El jardín de las galletas saltarinas
Un soleado día, Lila salió corriendo al jardín mágico del palacio, donde las flores olían a caramelo y los pájaros contaban chistes todo el tiempo.
—¡Buenos días, Sol! —gritó Lila, saltando de alegría.
—¡Buenos días, Princesa Lila! —cantó el Sol, guiñando uno de sus grandes ojos amarillos.
De repente, algo curioso pasó. ¡Las galletas que Lila había dejado en la mesa del jardín comenzaron a saltar! Una galleta de chocolate saltaba alto, alto, alto. Una galleta de fresa daba vueltas como un trompo. Y la galleta de vainilla, la más traviesa, gritaba:
—¡Atrápame si puedes, Lila!
La princesa se reía y corría tras las galletas saltarinas.
—¡Galletas traviesas! ¡Vuelvan aquí! —decía Lila, mientras intentaba atraparlas con una red rosa.
Pero las galletas eran muy rápidas y saltarinas. Lila saltaba, sus zapatos hacían "pla, pla, pla", y las galletas hacían "pop, pop, pop". ¡Era un lío muy divertido!
Capítulo 2: Los amigos mágicos de Lila
Mientras corría, Lila se encontró con su amigo Pancho el Dragón, que en vez de fuego, soltaba pompas de jabón.
—¡Hola, Lila! —saludó Pancho—. ¿Por qué corres tan rápido?
—¡Las galletas están saltando y no quieren dejarse atrapar!
—¡Eso suena muy divertido! —rió Pancho, y de su nariz salieron más pompas—. ¿Te ayudo?
—¡Sí, por favor! —dijo Lila.
En ese momento, apareció Rita la Ratita Brillante, que llevaba un lazo azul y siempre estaba bailando.
—¡Yo también quiero ayudar! —dijo Rita, girando como una bailarina.
Y también llegó Tolo el Duende del Sombrero Grande, tan grande como una flor de girasol, y siempre decía cosas chistosas.
—¡Saltan las galletas, saltan los duendes! ¡Yo atrapo una con mi sombrero! —gritó Tolo, y corrió en círculos.
Juntos, Lila y sus amigos corrían tras las galletas saltarinas por todo el jardín. Pancho lanzaba pompas, Rita bailaba, Tolo saltaba, ¡y las galletas seguían escapando y riéndose!
Capítulo 3: El hechizo del gnomo dormilón
De pronto, entre las flores, apareció Don Gnomón, el gnomo más dormilón del reino. Siempre bostezaba y se quedaba dormido en los lugares más extraños.
—¿Qué pasa aquí? —bostezó Don Gnomón, despertando con un bostezo tan grande que hizo volar su gorro rojo.
—¡Las galletas están saltando y no paran! —explicó Lila.
Don Gnomón sonrió y sacó una varita hecha de bastoncillos de azúcar.
—Creo que alguien usó mi polvo de brinca-brinca por accidente. Si cantamos una canción muy divertida, el hechizo se irá y las galletas dejarán de saltar —dijo el gnomo, tapándose la boca con una mano para no bostezar de nuevo.
—¡Canción, canción! —gritó Tolo, agitando su sombrero.
Así que todos juntos, Lila, Pancho, Rita, Tolo y Don Gnomón, cantaron la canción más divertida y loca:
—¡Galletas saltarinas, vengan a bailar!
¡Que el jardín mágico las quiere abrazar!
¡Boten, boten, salten ya!
¡Y en la canasta pronto están!
Las galletas, al escuchar la canción, comenzaron a bailar en círculos. Una tras otra, fueron saltando directo a la canasta de Lila, riendo y dándole las gracias.
—¡Qué divertido! —dijo la galleta de chocolate—. ¡Nunca me había reído tanto!
—¡Gracias, Lila! —dijo la galleta de fresa, lanzando un beso dulce.
Capítulo 4: Una merienda muy alegre
Con todas las galletas de vuelta, Lila y sus amigos se sentaron en una manta bajo el gran árbol de caramelos. Pancho seguía lanzando pompas, Rita bailaba, Tolo contaba chistes y Don Gnomón… bueno, Don Gnomón se quedó dormido con una galleta en la mano.
—¡Qué día tan divertido! —dijo Lila, repartiendo las galletas.
—¡Las mejores galletas saltarinas del mundo! —dijo Pancho, relamiéndose.
De pronto, la galleta de vainilla saltó una vez más y le hizo cosquillas a la nariz de Lila.
—¡Achís! —estornudó Lila, y todos rieron y rieron sin parar.
—¡Viva la princesa Lila! —gritaron todos.
Y así, en el reino encantado, todos comieron, rieron y bailaron felices hasta que salió la luna, mientras las galletas saltarinas prometían portarse bien… hasta la próxima aventura.
¡Y colorín colorado, todos felices y bien merendados!