En un valle de colinas verdes vivía una joven caballera llamada Luna. Luna era soñadora. Soñaba con estrellas y con grandes aventuras. Llevaba una armadura brillante y una capa azul. Llevaba una linterna de cristal en su cintura.
Un día el rey pidió ayuda. "El túnel de la montaña está oscuro", dijo el rey. "Los viajeros tienen miedo". Luna se ofreció. "Yo iré", dijo ella. Todos aplaudieron. Su caballo, Sol, relinchó. Luna abrazó a Sol. "Vamos juntos", dijo.
Luna entró en el túnel. Hacía falta luz. Sacó su linterna. La linterna no encendió. Luna miró a su alrededor. Respiró hondo. Ella no tuvo miedo. Ella imaginó la luz como una pequeña llama dentro de su corazón. Respiró y dijo: "Puedo encenderla". Tocó la linterna con cuidado. La linterna brilló. Un brillo suave llenó el túnel. El brillo era cálido. El brillo era dorado. Sol caminó cerca. El brillo mostró piedras y flores pequeñas. Luna sonrió.
Más adentro, una puerta de madera bloqueaba el paso. Estaba cerrada con una cadena vieja. Luna llamó. "¿Hay alguien?" Una voz pequeña contestó: "Soy una oveja. Me perdí." Luna vio a la oveja detrás de la puerta. "Tranquila", dijo Luna. "Te ayudaré." Luna buscó. Encontró una rama fuerte. Con paciencia empujó la puerta. La cadena crujió y se abrió. La oveja salió y saltó feliz. "Gracias", dijo la oveja.
Luna siguió con Sol y la linterna. En el centro del túnel había un gran mural. Mostraba la historia del valle. Luna tocó el mural. "Nuestra luz cuida a todos", dijo. Ella pensó en el rey, en los viajeros y en la oveja. Pensó en ser leal y valiente.
Cuando salió, el sol brillaba en la cima. El rey sonrió. "Gracias, Luna", dijo. Luna sonrió también. "Volví con la luz", dijo. Todos cantaron. Luna miró las estrellas. Estaba feliz. Su corazón era una linterna que nunca se apaga. Todos la abrazaron.