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Cuento sobre la confianza en uno mismo 9/10 años Lectura 8 min.

La función de las sombras valientes

Hugo, un niño tímido, se une a sus amigos para presentar un teatro de sombras en su colegio, enfrentándose a sus miedos y aprendiendo la importancia de la amistad y el apoyo mutuo. A medida que ensayan, descubren que la verdadera magia está en intentarlo juntos, sin importar el resultado.

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Hay 3 personajes: - Hugo: un niño de 10 años, con cabello castaño desordenado y gafas redondas. Lleva una camiseta azul y un pantalón corto rojo, y se encuentra en el centro, con los brazos abiertos y una gran sonrisa, mostrando su confianza. - Simón: un niño de 10 años, con cabello rubio y pecas. Lleva una camisa de cuadros y un pantalón verde. Está a la izquierda de Hugo, haciendo una pose cómica, con una gran sonrisa y el pulgar hacia arriba. - Mateo: un niño de 10 años, con cabello negro y gafas de sol en la cabeza. Lleva una sudadera amarilla y jeans. Está a la derecha de Hugo, sosteniendo una linterna y mirando con orgullo al público imaginario. El lugar donde se desarrolla la situación principal es un salón polivalente luminoso, con paredes pintadas de colores vivos como azul y amarillo. Cadenas de papel de colores cuelgan del techo, y hay filas de sillas dispuestas frente a un escenario de madera, donde sombras de figuras recortadas en cartón bailan en la pared. La situación principal de la historia muestra a los tres amigos en el escenario, presentando su espectáculo de teatro de sombras. Hugo, en el centro, está en plena acción, con sombras de dragones y lunas proyectadas detrás de él, mientras Simón y Mateo lo animan con entusiasmo, creando una atmósfera alegre y llena de camaradería. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Una idea brillante (y un poco loca)

En la pequeña ciudad de Sanlúcar, el colegio siempre olía a lápices nuevos y pan recién hecho de la panadería de la esquina. Era jueves, el día favorito de Hugo, porque después de clase podían jugar más tiempo en el patio. Pero ese jueves, algo distinto flotaba en el aire: la profesora anunció que, al día siguiente, habría un espectáculo en la sala polivalente del cole.

—¡Queremos voluntarios para la función! —dijo la profe, sonriendo desde su mesa.

Los tres amigos —Hugo, Simón y Mateo— se miraron con una mezcla de curiosidad y nervios. Hugo sentía cosquillas en el estómago solo de pensarlo. Simón, el más bromista, murmuró:

—¿Y si hacemos un número de magia? O mejor, ¡uno de chistes malos!

Mateo, que siempre llevaba una libreta llena de inventos, levantó la mano tímidamente.

—¿Y si probamos algo diferente? Podríamos hacer un teatro de sombras... nunca lo hemos hecho.

A Hugo le encantaban las cosas nuevas, pero nunca había subido a un escenario. Sentía que las piernas le temblaban solo de imaginarlo. Pero la idea le parecía emocionante, y ver a sus amigos tan ilusionados le dio un pequeño empujón.

—Vale —dijo finalmente—. Lo intentamos. Pero si me sale mal, ¡tendréis que aplaudirme igual!

Los tres rieron, y entre risas, se prometieron ayudarse pase lo que pase.

Capítulo 2: Ensayo entre cajas y linternas

Esa tarde, los chicos se reunieron en la sala polivalente, aún vacía y silenciosa. La luz de la tarde se colaba por las ventanas, dibujando manchas doradas sobre el suelo de madera.

Mateo sacó sus linternas y cartulinas. Simón se encargó de recortar formas: un dragón, una luna, una bicicleta y una rana. Hugo, entre curioso y nervioso, intentaba mover las figuras para ver cómo bailaban las sombras en la pared.

—Mira, Hugo —dijo Mateo—, si acercas la figura a la luz, la sombra se hace grande. Si la alejas, se hace pequeñita.

—¡Como cuando tienes miedo y luego te das cuenta de que solo era tu abrigo colgado! —dijo Simón, haciendo reír a todos.

Al principio, las manos de Hugo temblaban tanto que la rana parecía más bien una ameba saltarina. Pero los amigos le animaron con pequeñas frases.

—Vas genial —dijo Mateo.

—¡Esa rana baila mejor que yo! —añadió Simón, con voz de payaso.

Poco a poco, Hugo se fue sintiendo más seguro. Descubrió que, si respiraba hondo, podía mover las figuras con más suavidad. Practicaron una y otra vez, inventando historias graciosas: un dragón que quería montar en bici y una rana que quería volar a la luna.

Cuando llegó la hora de irse, Hugo ya no sentía cosquillas de miedo, sino de ilusión.

Capítulo 3: El pequeño comité de ánimo

Al día siguiente, la sala polivalente estaba llena de sillas alineadas y profesores colocando decoraciones. Los tres amigos llegaron temprano, con la caja de figuras recortadas y las linternas bajo el brazo.

Mientras esperaban su turno, Hugo notó que el corazón le latía muy rápido.

—¿Y si me sale mal delante de todos? —susurró.

En ese momento, apareció la madre de Simón con una bandeja de magdalenas y dos compañeras de clase, Clara y Lucía.

—¡Hugo, eres valiente por intentarlo! —dijo Clara, dándole un pulgar arriba.

—Y si te sale mal, ¡te aplaudiremos igual! —añadió Lucía, guiñándole un ojo.

Hasta la madre de Simón le ofreció una magdalena de chocolate.

—Dicen que el chocolate da suerte. Pero yo creo que la suerte la llevas dentro, Hugo —le dijo con una sonrisa cálida.

Ese pequeño comité de ánimo le hizo sentir acompañado. Se rió y, por primera vez, creyó que quizá sí podía hacerlo.

Capítulo 4: Un momento de duda (y una gran ayuda)

Llegó el momento de salir al escenario. La sala estaba llena y las luces parecían más fuertes que nunca. Hugo miró a sus amigos, pero de repente, la boca se le secó y le entraron ganas de salir corriendo.

—No sé si puedo —murmuró, apretando las figuras entre sus manos.

Mateo le puso la mano en el hombro y Simón le susurró:

—¿Quieres que empecemos nosotros? Tú puedes entrar después, cuando te sientas listo.

Hugo dudó un instante. No quería defraudarles, pero tampoco quería obligarse. Había un silencio suave, solo roto por el murmullo de la gente.

Entonces, decidió hacer algo difícil: pedir ayuda.

—¿Me ayudáis a empezar? Me da miedo hacerlo solo...

Sus amigos sonrieron. Mateo cogió la linterna y Simón sujetó la rana. Los tres juntos, respirando hondo, salieron al escenario.

—¡Buenas tardes! —gritó Simón, haciendo una reverencia exagerada—. Os presentamos... ¡El dragón que quería montar en bici!

Las risas y los aplausos del público llenaron la sala. Hugo se sintió un poco menos pequeño y, poco a poco, se atrevió a hablar y a mover las figuras. Cada vez que su voz temblaba, sus amigos le lanzaban una sonrisa.

Capítulo 5: Un aplauso por cada intento

La función duró apenas siete minutos, pero a Hugo le parecieron los siete minutos más largos y emocionantes de su vida. Cuando terminaron, el público aplaudió fuerte, y el eco de los aplausos llenó el corazón de los tres amigos.

Después, en el vestuario detrás del escenario, Hugo se dejó caer sobre una silla, riendo.

—¡Creía que no podía! Pero lo he hecho... bueno, lo hemos hecho juntos.

Mateo sacó una hoja de papel y escribió en grande: “Cada intento cuenta”. Simón añadió debajo: “Y cada error es un paso más”.

—¿Sabes qué? —dijo Hugo, mirando a sus amigos—. Me he dado cuenta de que no hay que hacerlo todo solo. Y que, si no sale perfecto, da igual. Lo importante es intentarlo y animar a los demás a hacerlo también.

Salieron de la sala polivalente con la caja de figuras, las linternas y las corazones ligeros. Al pasar por el pasillo, se cruzaron con Clara y Lucía, que les chocaron las manos.

Aquella noche, Hugo sonrió antes de dormir. Recordó las palabras de su pequeño comité de ánimo, el temblor en las manos, las risas de sus amigos y los aplausos sinceros. Aprendió que la confianza crece poco a poco, como una semilla que necesita sol, agua... y muchas sonrisas.

Y si alguna vez volvía a dudar, pensó, solo tenía que recordar que siempre podía pedir ayuda y que animar a los demás era igual de importante que creer en uno mismo.

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Polivalente
Que tiene varios usos o funciones.
Ilusión
Un sentimiento de alegría y entusiasmo por algo que va a suceder.
Temblaban
Movíanse rápidamente de un lado a otro por el miedo o el frío.
Animar
Dar ánimo o apoyo a una persona para que actúe o se sienta mejor.
Reverencia
Un movimiento del cuerpo que se hace inclinando la cabeza o el torso en señal de respeto o cortesía.
Aplausos
Sonido que se produce al chocar las manos para mostrar aprobación o entusiasmo.

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