Cargando...
Cuento sobre la confianza en uno mismo 9/10 años Lectura 8 min.

El teatro de los pequeños valientes

Alicia y su amiga Marta descubren la magia del teatro y, entre ensayos, risas y tropiezos, aprenden a enfrentarse a sus miedos y a confiar en sí mismas.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Hay 2 personajes: Alicia, 9 años, cabello castaño claro en coletas, bufanda roja de su madre, cuaderno en la mano, expresión tímida que luego sonríe, de pie ligeramente en el centro del escenario mirando al público imaginario; Marta, 9 años, cabello moreno en trenzas, diadema de flores de papel, pequeña bolsa de dulces visible, postura alegre y alentadora a la izquierda de Alicia (vista espectador), tendiendo la mano o haciendo un gesto teatral para apoyarla. Lugar: teatro antiguo de interior cálido, escenario de madera brillante que cruje, grandes cortinas de terciopelo rojo abiertas, filas de butacas burdeos vacías, ventanas altas que dejan entrar rayos dorados que hacen bailar el polvo, carteles de espectáculos desvaídos en las paredes. Situación: las dos amigas ensayan una pequeña obra en el escenario; luz dorada y suave sobre ellas; Alicia pronuncia una frase mirando la audiencia vacía mientras Marta la anima con una amplia sonrisa; ambiente de coraje naciente, gestos exagerados y expresiones tipo chibi claras, colores cálidos y contrastes suaves. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1. Una pregunta en la plaza

Alicia era una niña de nueve años que pensaba mucho. Pensaba en cómo los pájaros aprendían a volar, en por qué el helado se derretía más rápido en verano o en si el viento tenía algún secreto escondido. Sentada en la plaza del pueblo, miraba a su amiga Marta, que daba vueltas sobre sí misma, riendo fuerte como si el aire le hiciera cosquillas en la barriga.

—¿Alicia, por qué no vienes? —gritó Marta, con sus trenzas saltando—. ¡Da vueltas, es divertido!

Alicia dudó. Se preguntó si sería buena girando así, si se caería, si todos la mirarían. Siempre era más fácil mirar que hacer. Pero Marta, sin dejar de sonreír, le tendió la mano.

—Solo tienes que probar —le dijo—. Si te caes, yo me caigo contigo.

Alicia sonrió, sintiendo dentro una pequeña chispa cálida. Agarró la mano de Marta y las dos giraron. Giraron lento al principio, luego un poco más rápido. Alicia tropezó, cayó, y Marta también. Se miraron al suelo, calladas, y luego estallaron en una risa suave que se mezcló con las hojas del parque.

Después, sentadas en el banco, Marta señaló el teatro del pueblo. Era viejo, siempre parecía dormido, con la puerta entreabierta y las cortinas rojas como lenguas gigantes.

—¿Te imaginas estar ahí arriba, en el escenario? —preguntó Marta—. Yo no sé si podría…

Alicia se quedó pensando. La idea le asustaba tanto que, por un momento, olvidó el mundo.

Capítulo 2. El teatro vacío

Una tarde amarilla, Alicia y Marta se encontraron frente al teatro. Marta llevaba una bolsa de caramelos y Alicia una libreta, donde anotaba pensamientos y frases bonitas que encontraba a lo largo del día.

—¿Entramos? —preguntó Marta, con voz de secreto.

Por dentro, Alicia sentía mariposas, pero asintió. Empujaron la puerta y un aire fresco y un poco a humedad las envolvió. Avanzaron despacio, escuchando el eco de sus pasos.

Las butacas estaban vacías, filas largas como brazos que abrazan. El escenario parecía una isla, esperando que alguien llegara. Las cortinas, cerradas como párpados, ocultaban el misterio.

—¿Te atreves a subir? —susurró Marta, como si el teatro pudiera despertar de pronto.

Alicia tragó saliva. Pensó en su miedo, pensó en Marta. Luego pensó en las palabras de su madre: “Todo gran paso empieza por un pequeño movimiento”.

—Vamos juntas —propuso Alicia.

Subieron los escalones de madera. El escenario crujía bajo sus pies. Allí, de pie, desde arriba, todo era diferente: el silencio era más grande, el aire más ligero.

Alicia imaginó que el teatro estaba lleno, que todos la miraban. Le temblaron las rodillas, pero respiró hondo, ese aire de telones y de historias.

Capítulo 3. Voces pequeñas, pasos suaves

—¿Y si hacemos como si actuáramos? —sugirió Marta—. Algo fácil, una escena entre amigas.

Alicia buscó en su libreta. Encontró una frase: “La risa es como la lluvia, siempre moja algo”. Se la mostró a Marta, que se rió con esa risa suya de primavera.

—¡Perfecto! Yo digo la frase y tú respondes —propuso Marta, y juntas dieron unos pasos, imaginando que el público eran filas de peluches y gatos curiosos.

Al principio, sus voces salían pequeñas, casi tímidas. Alicia sentía el corazón saltar, pero tampoco era tan terrible. Marta la animaba con gestos divertidos, haciendo muecas hasta que Alicia no pudo contener la risa.

Luego, Alicia se atrevió a decir su frase. Al terminar, el teatro seguía vacío, pero ella sintió una ovación invisible, como si miles de manitas invisibles aplaudieran en el aire.

—Ha sido fácil contigo al lado —dijo Alicia en voz baja.

—Siempre lo será —respondió Marta.

Capítulo 4. El plan del sábado

Durante la semana, las dos amigas no dejaron de pensar en el teatro. Alicia llevó su libreta al colegio y escribió sobre la magia de estar juntas en el escenario. Marta, por su parte, inventó una pequeña obra: dos amigas que se pierden, pero se encuentran gracias a su amistad.

El sábado, decidieron volver. Esta vez, Alicia llevó una bufanda de su madre, roja como las cortinas. Marta llevó una diadema de flores de papel. Quedaron en el teatro después de la merienda. El sol entraba en líneas doradas por los ventanales, dibujando caminos de luz en el suelo.

Ensayaron la obra, despacito. Cada error era una carcajada. Si Alicia olvidaba qué decir, Marta le soplaba las palabras con voz de hada. Si Marta se tropezaba, Alicia la ayudaba a levantarse.

No había nadie viendo, pero la sensación era distinta. Más fuerte. Algo dentro de Alicia crecía como una semilla regada con risas y palabras bonitas. Cada vez necesitaba menos mirar a Marta para atreverse a hablar.

Al terminar, se sentaron en el borde del escenario. Había silencio, pero el aire estaba lleno de alegría tranquila.

—¿Sabes? —dijo Marta—. Me gusta cuando nos ayudamos.

—A mí también —contestó Alicia—. Siento que puedo hacer más cosas de las que pensaba.

Capítulo 5. El último aplauso silencioso

El domingo por la mañana, Alicia volvió al teatro sola. Marta tenía que visitar a sus abuelos. Al principio, Alicia dudó en entrar. El teatro vacío, sin su amiga, le parecía enorme, demasiado callado.

Pero recordó las risas, los tropiezos, los pequeños pasos. Subió al escenario, despacio. Se sentó en el suelo y sacó su libreta. Escribió: “A veces, lo más difícil es el primer paso. Pero, después, cada paso se vuelve un poco más sencillo.”

Miró el patio de butacas. Imaginó a Marta ahí, y a su madre, y hasta a su gato. Se puso de pie. Dejó que el silencio la abrazara. Pronunció, bajito, la frase de la obra: “La risa es como la lluvia, siempre moja algo.”

Sintió el aplauso silencioso de su propio corazón. No necesitaba público, ni miles de ojos. Bastaba con saber que había sido valiente, que había confiado en sí misma para probar.

Bajó del escenario despacio, digna y tranquila. Afuera, el viento movía las hojas. Caminó hacia casa con la cabeza alta, la libreta llena de nuevos pensamientos y el corazón tranquilo, como si llevara dentro una luz cálida, suave, que nadie podía apagar.

Y esa noche, antes de dormir, Alicia sonrió. Había aprendido que confiar en uno mismo es avanzar poco a poco, con miedo a veces, pero también con esperanza. Y que, a veces, lo mejor del mundo es tener a alguien que te tienda la mano y te diga: “Prueba. Si te caes, yo me caigo contigo.”

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Trenzas
Peinado donde el pelo se entrelaza en tres partes formando tiras largas.
Cortinas
Grandes telas que se usan para cubrir o decorar el frente del escenario.
Escenario
Lugar elevado en un teatro donde actúan los personajes para el público.
Butacas
Sillas acolchadas en el teatro donde se sienta el público para ver la obra.
Ovación
Aplauso fuerte y prolongado que muestra mucho gusto por algo visto.
Diadema
Accesorio que se coloca en la cabeza para adornar el cabello.
Ventanales
Ventanas grandes que dejan entrar mucha luz al interior de un lugar.
Patio de butacas
Parte del teatro con varias filas de asientos delante del escenario.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Temas relacionados con este cuento :

amistad valentía solidaridad superación

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

Para leer a continuación en Cuentos sobre la autoconfianza para 9/10 años

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.