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Cuento de Halloween 5/6 años Lectura 9 min. Disponible en audiocuento

La brujita que encendiĂł la plaza

Clara, una niña valiente con un farol de calabaza, se embarca en una aventura mágica en la noche de Halloween para ayudar a un fantasma perdido, un esqueleto sin bufanda y una calabaza triste, mientras sigue el camino de las luces y la música. Juntos, descubrirán la importancia de compartir y la fuerza de la amistad.

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Una niña de 6 años, Clara, lleva una capa violeta y un gran sombrero que le cae sobre la nariz. Tiene ojos brillantes de curiosidad y una sonrisa alegre, sosteniendo un farol en forma de calabaza que ilumina su rostro. A su lado, un fantasma amistoso flota suavemente con una expresión dulce y un aire un poco tímido, mientras una gran hoja de papel blanco danza a su alrededor. Un gato negro llamado Tinta, con ojos verdes brillantes, se frota contra sus piernas, su pequeño cuerpo brillando bajo la luz de la luna. La escena tiene lugar en un parque encantado, donde árboles con hojas doradas se alzan bajo un cielo nocturno estrellado. Guirnaldas de luces brillantes cuelgan entre las ramas y sombras bailan sobre el suelo cubierto de hojas crujientes. Clara y sus amigos descubren un gran farol apagado en el centro de la plaza, rodeados de risas de niños y el aroma de chocolate caliente. Juntos, buscan encender el farol para iluminar la noche de Halloween, creando una atmósfera mágica y cálida. reportar un problema con esta imagen

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DuraciĂłn del audiocuento: 09:19

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La calle de los farolitos

Es la noche de Halloween. La luna es redonda y grande. Parece una moneda de plata. El aire huele a canela y calabaza. Las hojas crujen como galletas bajo los pies.

Clara tiene seis años. Lleva capa violeta y un sombrero que le cae un poco sobre la nariz. En sus manos va su farol de calabaza. Dentro brilla una vela pequeña. En la cesta, guarda galletas con forma de estrella. Las preparó con su mamá para compartir.

—Voy a la plaza de los cuentos —dice Clara—. Allí habrá risas. Y canciones. Y calabazas sonrientes.

Su mamá le sopla un beso desde la puerta. —Sigue el camino de hojas brillantes. Y escucha al viento.

Clara camina. Las casas tienen telarañas de papel y fantasmas de sábana que bailan con la brisa. De pronto, en la esquina, un fantasma de verdad tiembla como gelatina.

—Estoy perdido —dice con voz suave—. Mi sábana se resbala.

Clara saca de su cesta una cinta naranja. —Te la regalo —dice. Le hace un lazo bonito para sujetar la sábana.

—Gracias —susurra el fantasma—. Si el camino se esconde, escucha. El viento canta por dónde ir.

Un gato negro sale de debajo de un banco. Lleva un cascabel. Mueve la cola y se frota en las piernas de Clara.

—Hola, Tinta —dice Clara—. ¿Vienes conmigo?

Tinta maúlla. El fantasma asiente. Los tres avanzan. De pronto, un farol de la calle se apaga. La acera queda más oscura. A Clara le tiembla un poquito el estómago.

—¿Cómo estornuda una bruja? —dice, para animarse—. ¡A-chí-zos!

Tinta suelta un miau que suena a risa. El fantasma también ríe. La calabaza de Clara brilla más. Adelante, el camino se vuelca de hojas doradas. Es un río crujiente.

El camino que se esconde

Llegan al parque. Hay niebla como leche tibia. Los árboles susurran. Una lechuza canta: uuuh, uuuh. El viento sopla despacito. Shhh. Parece que el parque cuenta un secreto.

El sendero se divide en dos. Uno va hacia un arco de ramas. El otro se mete entre arbustos. Clara mira a Tinta. Tinta huele el aire. Mira el arco. Van por allĂ­.

El arco los lleva a una verja cerrada. ¡Uy! No era por ese lado. Vuelven atrás. Esta vez, el viento sopla por el otro camino. Shhh, por aquí.

Dentro del parque, algo hace clac, clac, clac. Clara aprieta su farol. Tinta eriza el lomo. El fantasma se eleva un poco. Del arbusto sale un esqueleto. Tiritan sus huesos. No de miedo. De frĂ­o.

—Buenas noches —dice con voz de xilófono—. ¿Han visto una bufanda?

Clara se quita la suya, de color violeta. —Te la presto —dice—. Es larga y calentita.

El esqueleto se la enrolla con cuidado. Sus dientes castañetean menos. —Eres muy generosa. A cambio, hago música para marcar el paso.

Clac. Clac. Clac. Los huesos marcan un ritmo alegre. El fantasma bate la sábana. Tinta hace un paso de baile. Clara sonríe y sigue la música.

En una esquina, una calabaza grande está triste. Tiene una cara tallada, pero su vela está apagada.

—Ay, me quedé sin chispa —susurra.

Clara acerca su farol. La pequeña llama se inclina. Toc, besa la mecha dormida. La calabaza sonríe al encenderse.

—Gracias, niña valiente —dice—. Yo también ilumino.

La niebla intenta soplar. La llama tiembla. Entonces, llegan luciérnagas. Son como diminutas estrellas con patitas. Se posan alrededor de las velas. Hacen un círculo de luz. El viento se rinde.

El sendero se curva. Las sombras dibujan monstruos en el suelo. Uno tiene una nariz enorme. Clara se asusta un poco. Luego se da cuenta. La nariz es su sombrero. Se rĂ­e. Tinta suena con su cascabel. El fantasma hace un sonido de "buu", pero suave, como un abrazo.

—Tengo galletas —dice Clara—. ¿Quieren?

Reparte una al fantasma, aunque no come, la huele feliz. Le da otra al esqueleto, que hace crac crac con cuidado. Tinta recibe un trocito. La calabaza mastica con ojos. Es broma. No mastica. Todos se sienten mejor.

El camino se acerca a un estanque. El agua es un espejo. Clara ve su capa y su sombrero. Por un segundo cree ver a una bruja gigante. Es su reflejo. Le saca la lengua. El reflejo también. Y todo vuelve a estar bien.

—Por aquí huele a pan —dice el esqueleto—. La plaza debe estar cerca.

El viento canta un poquito más fuerte. Shhh, shhh. Las luciérnagas vuelan formando flechas. El grupo las sigue.

La luz encendida

Salen del parque. Llegan a la plaza. Está casi a oscuras. Las guirnaldas no brillan. El gran farol del centro no prende. Don Paco, el cuidador, está sentado en un banco. Tiene un manojo de llaves. Suspira.

—Buenas noches, Don Paco —dice Clara—. Traje galletas para compartir.

—Gracias, pequeña bruja —responde—. Hay un problema. El interruptor está escondido. No encuentro el botón. Y los niños se están perdiendo en el camino.

Clara mira su cesta. Quedan galletas. Queda también una tiza naranja. La toma. Se agacha y dibuja flechas grandes en el suelo. Flechas que miran a la plaza. Las luciérnagas, contentas, se posan en las flechas y las vuelven brillantes.

—Así otros podrán venir —dice Clara.

De pronto, oyen un chillido. Es un murciélago bebé que no encuentra a su mamá. Tinta le presta su cascabel por un momento. Clara lo amarra en una ramita con su cinta. El sonido viaja. La mamá murciélago llega. Se abrazan con las alas. El fantasma aplaude con su sábana. El esqueleto toca un trrrrrr con las costillas. Clara siente su corazón contento.

—Aunque no haya luz, hacemos luz —dice Clara.

Don Paco se acerca al poste del gran farol. Arriba, una telaraña de papel cubre un rinconcito. Detrás se adivina algo.

—Yo soy pequeña —dice Clara—. Puedo mirar.

El esqueleto se pone tieso como escalera. El fantasma flota y empuja un poquito. Tinta sujeta el sombrero. Clara sube al banco. Luego a los hombros del esqueleto. Estira los deditos. La telaraña de papel es suave. La aparta con cuidado.

Detrás hay un botón redondo. Tiene una calabaza dibujada.

—Listo —susurra.

Clara respira hondo. Sus amigos la miran con ojos brillantes. Cuenta en voz baja: uno, dos, tres. Pulse.

Clic.

Primero, una hebra de luz corre por la guirnalda. Luego otra. Como si fueran serpientes doradas. Las calabazas de papel se vuelven soles pequeñitos. El gran farol empieza a vibrar. Bum. Bum. Bum. Y de pronto, ¡shaa!, la plaza se llena de brillo.

Los niños llegan corriendo. Hay risas. Hay canciones. Hay manos que aplauden. Un aroma rico a pan y chocolate caliente viaja en el aire.

Clara baja despacio. Don Paco le da un abrazo con cuidado. —Gracias por tu ayuda. Y por tu corazón generoso.

Tinta frota su cabeza en su pierna. El fantasma hace un buu contento. El esqueleto baila con su bufanda violeta.

Clara reparte sus últimas galletas. Una para Don Paco. Otra para Tinta. Otra para el fantasma, que la guarda en un bolsillo de aire. Otra para el esqueleto, que la cruje despacio. Ella se come la última. Está tibia y dulce.

La mĂşsica comienza. La plaza brilla. La noche parece menos grande. El viento canta suave, como una nana. Y la luz quedĂł encendida.

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Farolitos
Luz pequeña que se coloca en un lugar para iluminar. A menudo están hechos de papel o plástico.
Sábana
Tela que se usa para cubrir la cama o para hacer disfraces.
Calabaza
Fruto redondeado de color naranja que se usa en Halloween para hacer faroles.
Murciélago
Animal que vuela y tiene alas como las de un pájaro, pero es un mamífero.
Telaraña
Estructura hecha por las arañas con hilos finos que usan para atrapar insectos.
Generosa
Persona que comparte y da lo que tiene a los demás sin esperar nada a cambio.

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