Capítulo 1: El papel de corazones
El sol brilla en el cielo y las nubes parecen algodones de azúcar. En la clase de los Ositos, todo huele a témperas y pegamento. Ana, Lucía y Sofía están sentadas juntas en una mesa, muy concentradas. Hoy es un día muy especial: es el Día de San Valentín, el día de la amistad y los abrazos apretados.
Ana mueve sus rizos castaños y susurra:
—¿Os habéis acordado de traer algo rojo?
Lucía levanta su camiseta y muestra un lazo rojo en el pelo.
—¡Sí! Y también he traído pegatinas de corazones.
Sofía, que siempre sonríe, enseña una caja llena de purpurina rosa.
—¡Yo traigo magia! —dice, y todas se ríen.
La seño Carmen reparte hojas grandes y blancas.
—Hoy vamos a hacer una cartelera especial —explica—. Será la cartelera de la amistad. Podéis dibujar, pegar y escribir lo que queráis sobre vuestros amigos y amigas.
Ana mira a sus amigas.
—¿Hacemos nuestra cartelera juntas?
Lucía aplaude.
—¡Sí! Así será la mejor del mundo.
Sofía asiente.
—Y será para todos, no solo para nosotras.
Las tres niñas se reparten colores, tijeras y pegamento. Piensan en qué van a dibujar. Ana sugiere corazones grandes, Lucía quiere dibujar abrazos y Sofía, flores. Todo huele a papel nuevo y risas.
Capítulo 2: La gran idea de Lucía
Lucía, siempre llena de ideas locas, levanta la mano.
—¿Y si ponemos nombres de todos los niños y niñas? Así nadie se queda fuera.
Ana sonríe.
—¡Eso es justo! Todos son nuestros amigos.
Sofía empieza a escribir los nombres con un rotulador azul. Ana recorta corazones rojos y Lucía pega flores de papel.
—¿Y si pegamos los corazones alrededor de los nombres? —propone Sofía.
—¡Y flores en las esquinas! —añade Lucía.
Mientras trabajan, se oye el murmullo de la clase y el ruido de las tijeras cortando. Las niñas se turnan para dibujar, recortar y pegar. Nadie manda, todas deciden juntas.
De repente, una gota de pegamento cae en el dibujo de Sofía.
—¡Oh, no! —exclama Lucía.
Sofía se ríe.
—No pasa nada, parece una gota de lluvia. Ahora nuestro dibujo tiene suerte.
Ana sonríe y añade algunas gotas de pegamento con purpurina.
—Así parece que los corazones brillan.
Las tres se miran y se ríen. La cartelera empieza a llenarse de colores, corazones y nombres. Es como un jardín de amistad.
Capítulo 3: Un pequeño problema
Cuando ya casi terminan, Ana se da cuenta de algo.
—¡Falta el nombre de Hugo!
Lucía y Sofía miran la cartelera.
—¡Es verdad! —dice Sofía—. ¿Y si lo ponemos en el centro para que no se olvide nadie más?
Buscan un papel diferente para que el nombre de Hugo destaque.
—¡Este dorado! —dice Lucía, sacando un trozo brillante—. Así todos lo verán.
Ana escribe el nombre de Hugo con su letra más bonita. Lucía pega el papel en el centro y Sofía dibuja un sol alrededor.
—Ahora seguro que Hugo sonríe —dice Ana.
De repente, escuchan una vocecita cerca. Es Hugo, que se ha acercado curioso.
—¿Qué hacéis?
—¡Una cartelera para todos! —responde Lucía contenta—. Y tu nombre está en el centro, porque eres nuestro amigo.
Hugo mira la cartelera y sonríe.
—¿Puedo ayudar?
Las niñas se miran y asienten.
—¡Claro! Ven, puedes poner un corazón aquí.
Hugo pega un corazón amarillo y todos aplauden.
—¡Ahora está perfecta! —dice Sofía.
Capítulo 4: La promesa de la amistad
La seño Carmen camina entre las mesas y se acerca a ver la cartelera.
—¡Qué bonita! —exclama—. ¿Quién la ha hecho?
Ana, Lucía, Sofía y Hugo levantan la mano.
—La hemos hecho juntos para todos los amigos.
La seño lee los nombres y sonríe.
—Me gusta mucho. Aquí todos tienen su sitio, todos son importantes.
Lucía se pone seria un momento.
—Eso es lo que queríamos, seño. Que nadie se quede solo.
La seño Carmen cuelga la cartelera en el corcho grande de la clase. Ahora todos pueden verla. Cuando suena la campana del recreo, los niños y niñas corren a mirar la cartelera.
—¡Ese es mi nombre! —dice Marta.
—Y el mío está junto a un corazón —ríe Pablo.
Ana se siente feliz.
—¿Os acordáis de la promesa que hicimos? —pregunta a sus amigas.
—Sí —dice Sofía—. La promesa de hacer algo bonito para todos, para que nadie se sienta fuera.
Lucía abraza a sus amigas.
—Prometimos hacer que todos sonrían hoy.
Hugo, sonrojado, se acerca.
—Gracias por poner mi nombre en grande.
Sofía le da una pegatina de estrella.
—Hoy eres nuestro amigo estrella.
El recreo termina, pero la cartelera sigue brillando. Todos los días, alguien la mira y sonríe. Y, cuando alguien está triste, Ana, Lucía y Sofía le recuerdan:
—Mira, tu nombre está aquí, eres parte de nuestro grupo.
Así, la cartelera de San Valentín se convierte en un tesoro de la clase. Cada vez que alguien la mira, recuerda que la amistad es para compartir, que todos cuentan y que, con pequeños gestos, se pueden hacer grandes sonrisas.
Al final del día, las tres amigas se despiden sabiendo que han cumplido su promesa. Han hecho algo bonito para todos y, sobre todo, han aprendido que la amistad es el mejor regalo de San Valentín.
Y mientras cae la tarde y la luz dibuja corazones en el suelo, Ana, Lucía y Sofía caminan a casa, riendo y contándose secretos. Saben que mañana, y todos los días, su amistad seguirá creciendo, porque en su cartelera, siempre hay sitio para alguien más.