Una sorpresa en el jardín
En un pequeño pueblo lleno de flores de colores vivía un niño llamado Tomás. Tomás tenía tres años y le encantaba jugar en el jardín de su casa. Su mamá siempre le decía, "Tomás, el jardín es un lugar especial. Aquí hay muchas cosas por descubrir."
Un día, mientras jugaba con su pelota roja, Tomás escuchó una voz suave y dulce. "Hola, ¿quieres jugar conmigo?" preguntó la voz. Tomás miró a su alrededor y vio a una niña que nunca había visto antes. Tenía el cabello rizado y unos ojos brillantes como estrellas.
"Hola," dijo Tomás con una sonrisa. "¿Cómo te llamas?"
"Me llamo Sara," respondió la niña. "Acabo de mudarme aquí. Vengo de un país muy lejano."
Tomás estaba curioso. "¿Qué es un país lejano?" preguntó.
Sara sonrió y explicó, "Es un lugar que está muy lejos de aquí. Hay montañas grandes y ríos que cantan."
Tomás abrió los ojos grandes. "Me gustaría ver eso," dijo entusiasmado.
Un paseo por el mundo
Sara y Tomás decidieron hacer un viaje imaginario por el jardín. Sara dijo, "Mira, Tomás, este árbol grande es como una montaña de mi país."
Tomás tocó el árbol y dijo, "¡Es una montaña muy alta!"
Luego caminaron hacia una pequeña fuente de agua. "Este es nuestro río," dijo Sara. "En mi país, los ríos son más grandes, pero este es perfecto para nosotros."
Tomás saltó de alegría y dijo, "¡Nuestro río canta también!"
Mientras seguían explorando, encontraron una mariposa de muchos colores. "En mi país, las mariposas son como esta," dijo Sara. "Son como arcoíris voladores."
Tomás rió y dijo, "¡Me gustan los arcoíris voladores!"
Un nuevo amigo
Al final del día, Tomás y Sara se sentaron bajo el árbol grande. "Me gusta jugar contigo, Sara," dijo Tomás. "Aprendí muchas cosas de tu país."
Sara sonrió y respondió, "A mí también me gusta jugar contigo, Tomás. Tu jardín es maravilloso."
La mamá de Tomás salió al jardín y vio a los dos amigos riendo juntos. "Hola, pequeños exploradores," dijo. "Parece que tuvieron un día divertido."
"Sí, mamá," dijo Tomás. "Sara me mostró su país con montañas y ríos que cantan."
La mamá sonrió y dijo, "Qué hermoso es aprender de los demás. Todos somos diferentes y eso es lo que hace al mundo un lugar especial."
Tomás miró a Sara y dijo, "Sara, ¿jugamos mañana otra vez?"
"¡Claro que sí!" respondió Sara feliz.
Y así, Tomás y Sara se hicieron grandes amigos. Aprendieron que aunque venían de lugares diferentes, juntos podían imaginar y crear un mundo lleno de aventuras y colores. Porque, al final, la verdadera belleza está en la diversidad y en el amor que compartimos.