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Cuento de circo 9/10 años Lectura 6 min.

El camino de luces del circo

Cuatro niñas y un hombre llamado Timo guían a los espectadores perdidos de un circo creando un camino luminoso con frascos y dibujos, transformando la confusión en alegría gracias a la repetición paciente y la colaboración.

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Hay cinco personajes: Luna, niña de 9 años, trenzas plateadas largas, falda con lunares plateados, dibuja estrellas con tiza luminosa a la izquierda; Sol, niña de 9 años, pelo corto rubio, vestido de rayas amarillas, sostiene banderines reflectantes y una linterna a la derecha; Maia, niña de 9 años, pelo castaño en moño, capa verde de hojas, vierte pequeños frascos luminosos detrás de Luna; Clara, niña de 9 años, pelo pelirrojo en coleta, chaleco con botones de colores, sopla en un frasco con perlas luminosas junto a Sol; Timo, hombre de unos 60 años, bajo, sombrero de copa negro y bigote gris, sonríe, da indicaciones y señala el camino en el centro frente a los niños. Lugar: gran carpa de circo interior roja y blanca, suelo de madera con marcas de tiza, banderines y guirnaldas luminosas, sillas alineadas y confeti. Situación: los niños crean un sendero luminoso hacia la pista con frascos de vidrio brillantes y estrellas de tiza que guían a la gente; espectadores sonrientes siguen el camino, un perro juega junto a un frasco y una pareja mayor se toma de la mano. Ambiente: suave y cálido, colores saturados, fuerte contraste alrededor de los frascos, estilo de cómic infantil, expresiones alegres y movimientos claros. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Las cuatro guías

Luna, Sol, Maia y Clara se presentaron ante la carpa como si fueran un mapa con cuatro esquinas. Llevaban vestidos de colores que parecían reciclados de arcoíris: Luna con una falda de lunares plateados, Sol con tiras amarillas que brillaban, Maia con una capa verde de hojas y Clara con un chaleco lleno de botones. Tenían nueve años y la curiosidad de quien encuentra una puerta secreta en cada esquina.

Esa noche el circo zumbaba de voces. Algunos espectadores se habían perdido entre las cortinas, confundidos por pasillos de telas rojas y olores a palomitas. Las niñas se miraron y dijeron al mismo tiempo: “¡Les guiaremos!”. No eran guías oficiales, pero sí expertas en atajos imaginarios y risas contagiosas.

Capítulo 2: El repetidor paciente

Entra en escena Timo, el repetidor paciente: un señor pequeño con sombrero de copa que repetía las cosas para que nadie se olvidara. “Por aquí, por favor”, decía Timo, y si alguien no entendía, lo repetía con voz suave: “Por aquí, por favor”, hasta que todos sonreían y entendían.

Las niñas se unieron a Timo. Cada vez que decía una dirección, ellas hacían un gesto divertido y la gente lo recordaba mejor: una vuelta con la mano, un salto de payaso, un guiño exagerado. Los espectadores empezaron a confiar. Uno dijo: “¿Cómo llegamos a la pista central?”, y Timo, con paciencia de reloj viejo, repitió: “Sigue las luces, sigue las luces”, mientras las niñas apuntaban con linternas de colores.

Capítulo 3: El camino luminoso

Maia tuvo la idea brillante: “Hagamos un camino de luz”. No sería un simple sendero: sería una pintura luminosa en el suelo. Reunieron frascos de cristal, luces de feria, lentejuelas y cola de pegamento (que en el circo se usa para arreglar todo). Clara sopló y puso dentro de los frascos pequeñas perlas que brillaban como ojos de luciérnaga. Sol ató banderines que reflejaban la luz. Luna dibujó con tizas de colores formas de estrellas y huellas de pies camino a la pista.

Al principio, el camino parecía un dibujo torpe: una huella azul, una estrella naranja, una línea que hacía cosquillas. Pero cuando Timo repitió una vez: “Sigue el brillo, sigue el brillo” y las niñas encendieron los frascos, el suelo se transformó. La luz corría como si fueran peces luminosos que nadaban hacia el centro del circo. Los espectadores, antes perdidos, empezaron a seguir las huellas brillantes con pasos torpes que se convirtieron en pasos alegres.

En el camino sucedieron pequeñas maravillas: un perro perdido se enroscó contento alrededor de una luz, un payaso olvidó su nariz roja y la encontró justo encima de una estrella dibujada, y dos abuelos se tomaron de la mano porque no querían perderse la función. Las niñas gritaban instrucciones en coro y Timo las repetía con su voz calmada. Cada repetición era como un eco que calmaba a la gente.

Capítulo 4: El gran final y el regalo compartido

Cuando el camino luminoso llegó a la pista central, las cortinas se abrieron y la función comenzó. No fue un número elegante ni perfecto: fue una mezcla chispeante de tropiezos ensayados y acrobacias improvisadas. Los trapecistas hicieron piruetas con sombreros voladores, los malabaristas jugaron a lanzar frutos de colores y un elefante pequeño (de mentira, de cartón pintado) desfiló con una trompa que soltaba confeti.

En primera fila, los rostros de los espectadores brillaban tanto como las linternas. Las niñas, orgullosas, se sentaron juntas y se pasaron un frasco de luz como si compartieran una galleta. Timo, que había repetido las instrucciones todo el día, se puso a aplaudir con una paciencia jubilosa. Al final, el director del circo pidió que todos compartieran una frase sobre lo que más les había gustado de la noche. Uno a uno, la gente habló: “Las luces”, “el perro”, “el payaso”, “el camino que nos encontró”.

Las niñas tomaron la última palabra y dijeron juntas: “Compartir fue lo mejor”. Entonces repartieron los frascos de luz entre los niños del público. No era para que se los llevaran a casa, sino para que cada uno encendiera su pequeña luz en el corazón del otro: una mano que sostenía el frasco, otra mano que sostenía la sonrisa.

Cuando apagaron las luces de la carpa para el gran cierre, las pequeñas luces en las manos de los espectadores brillaron durante un segundo más, como luciérnagas que no querían irse. Timo repitió una vez más, con la calma de siempre: “Sonrían”. Y todos sonrieron, pero no con la boca solamente: con los ojos. Una niña antigua en la audiencia dijo en voz baja: “Tengo una sonrisa en los ojos”. Y esa frase se contagió como una canción.

Al salir, los pasillos estaban limpios de confusión. La gente se despedía con abrazos improvisados, compartiendo historias y pedazos de algodón de azúcar. Las cuatro niñas caminaron juntas, con las manos pegadas de azúcar, mirando al cielo donde la luna parecía aplaudir.

Antes de desaparecer entre las carpas, Luna dijo: “Hemos hecho un camino”. Sol añadió: “Y muchas manos lo han mantenido”. Maia sonrió y Clara, recogiendo un botón caído, dijo: “Ahora todos llevamos una luz”. Timo, con su mirada serena, repitió por última vez: “Sonríen con los ojos”. Y así, entre risas y pequeños pasos luminosos, la noche terminó con una sonrisa en los ojos de todos.

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Carpa
Lugar grande y cubierto donde se hacen funciones de circo y espectáculos.
Cortinas
Telones de tela que se abren o cierran para mostrar escenas en el escenario.
Palomitas
Granos de maíz reventados y crujientes que se comen en el cine o circo.
El repetidor paciente
Persona que repite instrucciones con calma para que todos comprendan.
Sombrero de copa
Sombrero alto y firme, usado a veces por artistas o señores formales.
Lentejuelas
Pequeñas piezas brillantes que se cosen en ropa para decorar y llamar la atención.
Cola de pegamento
Sustancia que se usa para unir objetos y que se pega al secar.
Linternas
Pequeñas luces portátiles que sirven para iluminar lugares oscuros.
Banderines
Pequeñas telas en punta que se usan para decorar fiestas o caminos.
Huellas de pies
Marcas en el suelo que muestran por dónde han caminado las personas.
Trapecistas
Artistas que hacen acrobacias en barras o cuerdas altas dentro del circo.
Malabaristas
Personas que lanzan y atrapan objetos con habilidad para sorprender al público.
Confeti
Trozos pequeños de papel de colores que se lanzan en celebraciones.
Acrobacias
Movimientos difíciles y arriesgados que requieren fuerza y equilibrio.
Espectadores
Personas que miran un espectáculo o función desde el público.
Cartón
Material duro y grueso hecho de papel apilado, usado para cajas o decorados.
Luciérnaga
Insecto que brilla por la noche con una luz propia y pequeña.
Trompa
Parte larga y flexible delantera de algunos animales, como un elefante.

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