Parte 1: El paseo comienza
Martín se despertó esa mañana con la luz suave del sol entrando por la ventana. Olía a tierra mojada y a flores nuevas. Se levantó rápido, se puso su camiseta favorita con un dibujo de rana y bajó a desayunar. Su mamá sonrió y le dijo:
—Hoy es el gran día, Martín. ¿Listo para la excursión con la escuela?
Martín asintió con una gran sonrisa. Le gustaba la primavera. Le gustaba cómo los árboles se llenaban de hojas verdes y cómo los pájaros cantaban más fuerte.
Al llegar al colegio, vio a su amigo Hugo. Hugo también tenía seis años y llevaba una gorra azul.
—¿Tienes ganas de ir al parque? —preguntó Martín.
—¡Sí! Quiero ver si los patos han vuelto al lago —respondió Hugo, con los ojos brillantes.
La maestra, la señora Laura, los llamó. Todos formaron una fila.
—Hoy vamos a dar un paseo especial. Vamos a mirar, a escuchar y a sentir cómo la naturaleza despierta en primavera —explicó ella.
Martín y Hugo se miraron, emocionados.
El grupo caminó hasta la estación de tranvía. El tranvía era largo y verde, como una oruga gigante. Alrededor de la estación, los árboles estaban cubiertos de brotes pequeños y flores blancas.
Parte 2: Esperando el tranvía
Mientras esperaban el tranvía, Martín y Hugo se acercaron a un árbol grande.
—Mira, Hugo, ¡hay hormigas subiendo por el tronco! —dijo Martín, señalando con un dedo.
—¡Y hay un nido allá arriba! —exclamó Hugo, mirando hacia las ramas.
Se quedaron quietos, escuchando el suave zumbido de una abeja. El aire olía a hierba fresca y a flores.
—¿Te gustaría ser una hormiga por un día? —preguntó Martín.
—Sí, pero sólo si tú eres mi amigo hormiga —respondió Hugo, y los dos rieron.
La señora Laura se acercó y les dijo:
—¿Sabéis que los árboles también despiertan en primavera? Sus ramas se llenan de hojas y ayudan a los pájaros y a los insectos a tener un hogar.
Martín tocó la corteza del árbol con cuidado.
—Me gusta este árbol. ¿Puedo abrazarlo?
—Claro —dijo la maestra.
Martín abrazó el árbol. Sintió la corteza áspera y fría.
—Gracias, árbol, por darnos sombra y aire limpio —susurró Martín.
Hugo lo imitó y los dos se miraron, felices.
De repente, el tranvía llegó haciendo un ruido suave. Subieron todos juntos, mirando por las ventanas cómo pasaban los arbustos y las flores nuevas.
Parte 3: El parque florece
Al bajar del tranvía, el grupo caminó por un sendero lleno de margaritas y mariposas. Los niños iban despacio, mirando todo a su alrededor.
—Huele a primavera —dijo Hugo, cerrando los ojos y respirando hondo.
—Sí, huele a tierra y a flores —respondió Martín.
Se acercaron al lago. Allí, una familia de patos nadaba tranquila.
—¡Han vuelto! —gritó Hugo, señalando a los patitos amarillos.
Martín se agachó y vio cómo los patitos seguían a su mamá.
—Son tan pequeños —susurró Martín—. Hay que tener cuidado de no asustarlos.
—Sí, los animales se merecen respeto —dijo Hugo, recordando lo que la maestra siempre decía.
Después, la señora Laura les pidió que buscaran algo bonito para mostrar a los demás. Martín encontró una pluma blanca y Hugo recogió una piedra redonda y suave.
—Mira, parece un huevo de dinosaurio —bromeó Hugo.
Martín se rió y juntos buscaron más tesoros: una ramita con hojas verdes, una flor azul, una piña pequeña.
Se sentaron bajo un árbol y compartieron sus hallazgos.
—Cada cosa es especial —dijo la señora Laura—. Pero lo más importante es cuidar de la naturaleza y no llevarnos todo a casa. Así, otros niños también podrán disfrutarlo.
Martín y Hugo estuvieron de acuerdo. Dejaron la flor y la piña junto al árbol, como un regalo para la naturaleza.
Parte 4: La foto en familia
Antes de regresar, la maestra sacó su cámara.
—Vamos a hacer una foto de grupo, aquí, entre los árboles —dijo ella.
Todos se colocaron juntos. Martín y Hugo se pusieron en el centro, abrazados y con la pluma y la piedra en las manos.
El sol brillaba entre las ramas y una mariposa se posó en el hombro de Martín justo cuando sonó el clic de la cámara.
—¡Qué suerte! —dijo Hugo, sonriendo.
—Es la primavera que quiere salir en la foto con nosotros —dijo Martín, feliz.
La maestra les mostró la foto. Todos se veían contentos, rodeados de verde, con los ojos llenos de luz.
—Hoy hemos aprendido que la primavera es un regalo para todos: para las plantas, los animales y las personas —dijo la señora Laura.
Martín miró a su amigo y luego al árbol más cercano.
—Prometo cuidar de la naturaleza todos los días —dijo en voz baja.
Hugo asintió.
—Yo también.
Cuando llegaron a casa, Martín enseñó la foto a su familia.
—Hoy he visto cómo la primavera despierta el mundo —dijo, abrazando a su mamá—. Y he aprendido que, si cuidamos la naturaleza, la naturaleza nos cuida a nosotros.
Esa noche, Martín soñó con árboles, mariposas y patitos. Y en su sueño, la primavera nunca terminaba.