Capítulo 1: Una entrada heroica… y algo torpe
La ciudad de VillaRápida estaba llena de coches, bocinas y gente con prisa. Pero hoy, algo distinto iba a pasar, y no precisamente porque el semáforo estuviera en verde para los dos lados a la vez.
En medio de todo el jaleo, en el Centro Deportivo Súper Activo, una figura saltó del techo con una capa verde fosforita y unas zapatillas que chillaban más que un loro comiendo limón.
—¡Atención, ciudadanos! —gritó la heroína, aterrizando en la pista de baloncesto y tropezando con una pelota—. ¡Ha llegado la invencible… Super-Poses!
Los niños del equipo de fútbol sala la miraron boquiabiertos. Una niña de trenza larguísima preguntó:
—¿Tú eres una superheroína de verdad? ¿Por qué te pones así?
Super-Poses, que en realidad se llamaba Lara, se puso de perfil, alzó el puño hacia el cielo y sacó pecho como si fuera a despegar.
—¡Porque las súper poses me dan súper poder! —contestó, guiñando un ojo—. Si no hago la pose correcta, mis poderes se vuelven… un poco alocados.
Un entrenador que pasaba por allí se acercó, rascándose la cabeza, mientras veía que la capa de Lara se había enredado en la portería.
—Disculpe… —dijo, intentando desatarla—. ¿Busca algo aquí dentro?
—¡Sí! —respondió Lara, dándose una vuelta heroica—. He escuchado que el centro deportivo se ha convertido hoy en una arena de retos. ¿Quién será el primero en desafiar a Super-Poses?
Todos se miraron y, de pronto, los niños empezaron a aplaudir.
—¡Yo quiero! —gritó un pequeño con camiseta roja—. ¡Te reto a una carrera de sacos!
Lara se enderezó, se puso en posición de “súper salida” (una pierna adelante, la otra atrás, cara de velocidad de dibujo animado) y exclamó:
—¡Acepto el reto! Pero primero, ¡la pose de la velocidad!
Y se quedó congelada, como si el viento le estuviera despeinando el flequillo. Todos se rieron. Hasta el entrenador, que nunca sonreía, soltó una pequeña carcajada.
Capítulo 2: Retos locos y poderes más locos aún
La carrera de sacos fue un espectáculo memorable. Cada vez que Lara saltaba, hacía una pose nueva: “el canguro elegante”, “la rana pensativa”, “el salto de la escoba voladora”. Pero, por mucho que lo intentara, siempre caía de una forma diferente y graciosa.
—¡Cuidado, superhéroa! —le gritó la niña de la trenza—. ¡Te sales de la pista!
Lara, con el saco hasta los hombros, rodó como un croissant hasta la meta. Al llegar, se levantó de un brinco, estiró los brazos al cielo y declaró:
—¡Super-Poses nunca se rinde! Aunque mi saco tenga vida propia…
Los niños aplaudieron, riéndose a carcajadas. Uno de los monitores, que era muy serio, se acercó con una cuerda.
—¿Te atreves con el salto a la comba de velocidad?
Lara asintió con seriedad, pero antes de empezar, se colocó en la “pose del helicóptero”: una mano en la cabeza y la otra girando como aspas. La cuerda saltó, pero, de repente, sus pies se enredaron y acabó girando como una peonza.
—¡Wow! —exclamó el niño de la camiseta roja—. ¡Eso sí que es un súper giro!
—Me llamarán Super-Poses… la reina del mareo. —dijo Lara, fingiendo tambalearse.
Todos se echaron a reír. Era imposible no divertirse con Lara, incluso aunque sus poderes fueran más divertidos que útiles. De hecho, cada vez que hacía una súper pose, algo impredecible sucedía: cuando intentó la “pose de la agilidad”, se le disparó una zapatilla como un cohete y aterrizó en la cabeza del árbitro de baloncesto, que solo dijo:
—¡Faltan zapatillas voladoras en los partidos!
Capítulo 3: El desafío de la piscina de pelotas
Después de los retos en la pista, todos corrieron hacia la piscina de pelotas. El centro deportivo se había transformado en una enorme arena, con obstáculos inflables, aros y hasta una cuerda floja.
—¿Alguien quiere desafiar a Super-Poses a cruzar la cuerda floja? —preguntó Lara, poniendo cara de “esto es pan comido”.
La niña de la trenza saltó enseguida:
—¡Yo! Pero la cruzamos haciendo la pose que tú digas.
—¡Trato hecho! —dijo Lara—. Primera pose: “el flamenco equilibrista”.
Ambas levantaron una pierna y estiraron los brazos. La cuerda se movía, las pelotas de colores rodaban debajo y todos los niños animaban desde los lados.
—¡Vamos, Super-Poses! ¡No te caigas!
En el medio, Lara perdió el equilibrio, pero en vez de caer, giró en el aire y aterrizó sentada sobre una pelota gigante. La pelota rodó y rodó, llevándola hasta el otro extremo.
—¡La pose del bólido rodante! —gritó Lara, saludando como si estuviera en un desfile.
Todos se partieron de risa. La niña de la trenza llegó corriendo y le dio la mano:
—¡Eres la superheroína más divertida que he visto!
Lara se puso de pie y, con una reverencia muy teatral, contestó:
—Y tú eres mi compañera de aventuras favorita.
Capítulo 4: El lío del micro y la gran carcajada
De repente, el director del centro deportivo anunció desde el micrófono:
—¡Atención! ¡Hora de la gran prueba final! ¡El concurso de karaoke saltarín!
Todos los niños chillaron de emoción. Lara, más valiente que nunca, se subió al escenario improvisado y se puso en la “pose de cantante fabulosa”: un pie en el aire, micrófono (imaginario) en mano y sonrisa de oreja a oreja.
—¡Esta va para todos los pequeños superhéroes! —dijo—. Pero necesito un grupo de coristas.
Los niños subieron y empezaron una ronda de canciones, saltando y bailando como locos. Lara, con cada estrofa, inventaba una pose nueva: “la guitarra invisible”, “el salto de estrella fugaz”, “la ola de la capa”.
De repente, el micrófono se apagó y Lara, sin perder el ritmo, gritó:
—¡No importa, Super-Poses no necesita micrófono, solo amigos que canten fuerte!
Todos corearon la canción, haciendo las poses más locas que se les ocurrían. El centro se llenó de risas, saltos y pasos de baile inventados. El entrenador, contagiado, acabó bailando el “baile de la raqueta saltarina”, y hasta el árbitro de baloncesto, con la zapatilla aún en la cabeza, dio vueltas como un trompo.
Capítulo 5: Un final con guiño secreto
La tarde terminó entre carcajadas y abrazos. Lara, aún con la capa (ya casi convertida en bufanda) y una zapatilla menos, se despidió de todos:
—Recordad, nadie tiene que ser perfecto para ser héroe. Solo hay que intentarlo con alegría y una buena pose de vez en cuando.
Los niños la rodearon, imitándola con poses cada vez más disparatadas. La niña de la trenza le susurró:
—Lara, ¿volverás mañana?
Lara le guiñó un ojo, se ajustó la capa y, antes de marcharse, hizo la “pose del secreto”: dedo en los labios y sonrisa pícara.
Y así, mientras la ciudad seguía su ritmo, en el Centro Deportivo Súper Activo todos supieron que, cuando menos lo esperaran, Super-Poses volvería… con una nueva pose y una gran carcajada lista para estallar.