Cargando...
Cuento sobre el regreso a clases 7/8 años Lectura 11 min.

Sara y Martina: la aventura del primer día de clase

Sara y su amiga Martina se preparan para su primer día de clase en un nuevo colegio, enfrentando nervios y aventuras mientras hacen nuevos amigos y descubren la alegría de aprender juntos.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Hay 2 personajes principales: - Sara: una niña de 8 años con cabello castaño y rizado, lleva una camiseta rosa con estrellas y una falda de mezclilla. Sostiene una gran mochila roja decorada con dibujos de planetas y sonríe con entusiasmo. - Martina: una niña de 8 años con cabello rubio en dos coletas, vestida con una camiseta amarilla y un short de flores. Está haciendo un gesto divertido, imitando a un perro, con una gran sonrisa en el rostro. Las dos niñas están en un patio escolar soleado, rodeadas de grandes árboles de hojas verdes brillantes y juegos coloridos. El suelo está cubierto de losas de concreto, y se pueden ver otros niños jugando a lo lejos, riendo y corriendo. La situación principal muestra a Sara y Martina, de la mano, listas para entrar en su nueva clase, con rostros radiantes de emoción y curiosidad. Globos y decoraciones festivas flotan a su alrededor, simbolizando el comienzo de una nueva aventura escolar. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El primer día se acerca

Sara estaba sentada en el sofá de su casa con la mochila nueva a sus pies. Era roja, con dibujos de planetas y estrellas, y olía a plástico recién sacado de la tienda. A su lado, Martina, su mejor amiga, jugaba con la cremallera de su estuche, abriéndolo y cerrándolo para escuchar el “zip, zaaap”.

—¿Tienes nervios? —preguntó Martina, mirando a Sara con una sonrisa traviesa.

Sara suspiró, inflando los mofletes como un pez globo.

—Un poco... Bueno, ¡mucho! —admitió—. No sé cómo será la nueva profesora. Y si no me acuerdo de dónde están los baños, ¡me hago un lío!

Martina se rió y meneó la cabeza, haciendo que sus coletas saltaran de un lado a otro.

—Mi hermano dice que los profesores nuevos siempre ponen cara de “soy muy serio”, pero luego son simpáticos. Además, ¡ya sabes multiplicar! Eso seguro que les gusta.

En ese momento, la mamá de Sara entró en el salón con una bandeja de galletas recién hechas. El olor a chocolate llenó la habitación.

—Chicas, ¿listas para la merienda? —dijo mamá, dejando la bandeja sobre la mesa.

Las dos amigas corrieron a la mesa y se sentaron. Sara cogió una galleta y la partió en dos.

—Mamá, ¿y si me olvido de algo el primer día? —preguntó, con la boca llena de migas dulces.

La mamá de Sara sonrió y le acarició el pelo.

—Por eso vamos a preparar todo juntos esta tarde —dijo—. Así no habrá sorpresas. Además, los primeros días todos están un poco perdidos. ¡Hasta los profesores!

Martina asintió, masticando con energía.

—Mi mamá me hizo una lista para no olvidar nada. Dice que puedo ponerme una nota en la mochila que diga “¡Recuerda sonreír!” —dijo, sacando una pequeña hoja de papel de su estuche.

Sara leyó la nota y se rió. Era una buena idea. Quizá podía escribir una para ella también, pero que dijera “¡Tú puedes, Sara!”.

Después de la merienda, las dos amigas subieron a la habitación de Sara y empezaron a preparar la mochila. Metieron los cuadernos, los lápices afilados, la caja de colores y los pañuelos de papel (por si acaso). Cuando terminaron, Sara se sintió un poco más tranquila.

—¿Sabes qué? —dijo, mirando a Martina—. Estoy nerviosa, pero también tengo ganas de ver a los compañeros y de aprender cosas nuevas.

Martina le dio un abrazo apretado.

—¡Claro! Y si algo sale mal, ¡lo arreglamos juntas!

Las dos se rieron. Afuera, el sol bajaba despacito, y la mochila roja estaba lista para la aventura.

Capítulo 2: La mañana de los nervios

El despertador sonó más temprano de lo habitual. Sara abrió los ojos y miró el techo, donde pegó hace poco una pegatina de una luna sonriente. Por un momento, no recordaba por qué tenía tantas mariposas en la barriga. Pero después lo recordó: ¡era el primer día de clase!

Se levantó despacio y fue al baño, donde papá ya estaba preparando el desayuno.

—¡Buenos días, campeona! —dijo papá, levantando una tostada como si fuera un trofeo.

Sara sonrió, aunque el estómago le hacía cosquillas de nervios. Se sentó a la mesa y, mientras untaba mermelada en su tostada, escuchó a papá tararear una canción alegre.

—Hoy es un día especial, ¿verdad? —dijo papá—. ¿Te acuerdas de lo que hacemos siempre antes de ir al cole el primer día?

Sara pensó un momento y luego sonrió.

—¡La foto de la mochila! —gritó.

Papá sacó el móvil y, cuando Sara terminó de desayunar, se puso la mochila roja y posó en la puerta de la casa. Papá hizo una foto y le enseñó la pantalla.

—¡Listo! Ahora tienes una foto para recordar que hoy empiezas una nueva aventura.

Sara se miró en el espejo del recibidor. Tenía el pelo bien peinado, la camiseta favorita y el estuche más bonito del mundo. Se sentía un poco más valiente.

Martina llegó con su mamá unos minutos después. Llevaba el pelo lleno de horquillas de colores y una gran sonrisa.

—¿Preparada, astronauta? —bromeó Martina, señalando los planetas de la mochila de Sara.

Sara asintió. Las dos se dieron la mano y caminaron al cole juntas, mientras las mamás hablaban detrás de ellas.

Por el camino, vieron a otros niños con mochilas nuevas, caras de sueño y padres que les decían “¡Va a salir genial!”. Un perro ladró desde una ventana y Martina se puso a imitarlo, haciendo que Sara se riera tan fuerte que se le olvidaron los nervios por un momento.

Cuando llegaron al colegio, el patio estaba lleno de niños. Algunos saltaban, otros buscaban a sus amigos y otros miraban a su alrededor, como exploradores en territorio desconocido. Sara sintió que el corazón le latía muy deprisa, pero apretó la mano de Martina.

—Vamos juntas —susurró Martina—. Si te pierdes, yo te encuentro.

Sara asintió. Un profesor muy alto les indicó dónde debían ponerse en fila. Al poco, apareció la nueva profesora, la señorita Lucía. Tenía gafas redondas y un vestido con dibujos de gatos. Sonreía mucho.

—¡Buenos días, clase! —dijo la profesora con voz alegre—. ¡Qué bien ver tantas caras nuevas y conocidas! Hoy vamos a descubrir cosas divertidas juntos.

Sara miró a Martina y las dos se sonrieron. Quizá la señorita Lucía sí era simpática, pensó Sara.

Capítulo 3: Nuevas rutinas y sorpresas

La clase olía a lápices nuevos y a libros recién abiertos. Las paredes estaban llenas de dibujos y carteles de colores. Sara se sentó junto a Martina, cerca de la ventana, y miró a su alrededor. En la pizarra, la señorita Lucía había escrito en letras grandes: “¡Bienvenidos a un nuevo curso!”.

La profesora comenzó la mañana contando un chiste de gatos que hizo reír a toda la clase. Sara se relajó un poco. Luego, la señorita Lucía les explicó cómo sería la rutina: primero, cada mañana, un saludo especial; después, revisar la agenda; luego, una ronda para compartir algo divertido del día anterior.

—¿Quién quiere contar algo divertido? —preguntó la profesora.

Martina levantó la mano enseguida.

—Ayer mi perro se metió en la bañera y luego salió corriendo por toda la casa, ¡mojando a todos! —dijo Martina, y todos se rieron.

Sara pensó en qué podía compartir. Al final, dijo:

—Yo preparé mi mochila con mi mejor amiga y comimos muchas galletas de chocolate.

La profesora sonrió.

—¡Eso suena delicioso! —dijo—. Seguro que ahora tu mochila está llena de energía.

Durante la mañana, hicieron juegos para recordar los nombres de los compañeros y decoraron sus carpetas con pegatinas. Sara vio que algunos niños también estaban nerviosos. Uno de ellos, Pablo, no encontraba su estuche y se le veía preocupado.

Sara se acercó y le prestó un lápiz. Pablo le sonrió y le dio las gracias. Martina le guiñó un ojo a Sara, como diciendo “¡ves que eres valiente!”.

Al mediodía, salieron al patio. El sol brillaba y los columpios estaban llenos de risas. Sara y Martina jugaron a inventar historias sobre los profesores: que la señorita Lucía era una espía, que el director tenía un dragón escondido en la oficina y que la cocinera del comedor era una maga que convertía las verduras en caramelos (¡ojalá fuera verdad!).

De vuelta en clase, hicieron una lista de cosas que les gustaría aprender ese año. Sara escribió: “montar en bicicleta sin manos” (aunque no sabía si eso se podía aprender en el cole), “hacer amigos nuevos” y “leer libros de aventuras”.

Antes de irse a casa, la señorita Lucía les dio un pequeño reto: cada uno debía escribir una nota positiva para sí mismo y guardarla en la mochila.

Sara escribió: “Eres valiente y divertida. ¡Este año será genial!”. Guardó la nota junto a la de Martina: “Recuerda sonreír”.

Capítulo 4: Un final alegre y una nueva costumbre

Al salir del colegio, Sara y Martina caminaron juntas hacia casa.

—¿Ves? No fue tan difícil —dijo Martina, saltando de una baldosa a otra como si jugara a la rayuela.

Sara sonrió, pensando en todos los momentos divertidos del día. Aún sentía un poco de nervios, pero también mucha ilusión por todo lo que vendría.

Al llegar a casa, mamá la esperaba con los brazos abiertos.

—¿Cómo fue el primer día? —preguntó, mientras Sara se quitaba los zapatos.

Sara contó todo: la profesora simpática, los juegos, la nota en la mochila, el lápiz que prestó a Pablo y las historias locas que inventaron en el recreo.

—¡Estoy muy orgullosa de ti! —dijo mamá, dándole un abrazo de oso—. ¿Ves? Cuando nos preparamos y lo compartimos con los amigos, todo es más fácil.

Esa noche, en la cena, Sara y su familia inventaron una nueva costumbre: cada uno debía contar algo bueno que le había pasado en el día y algo que quería intentar mañana. Sara dijo:

—Hoy he sido valiente y he hecho amigos nuevos. Mañana quiero aprender el nombre de todos los compañeros.

Papá aplaudió y mamá le guiñó un ojo. Al irse a dormir, Sara puso la nota positiva en su mesita de noche. Cerró los ojos y pensó en todas las aventuras que le esperaban.

Sabía que habría días buenos y otros más difíciles, pero ahora tenía un secreto: con un poco de preparación, una pizca de humor y la ayuda de los amigos y la familia, ¡la vuelta al cole podía ser una gran aventura!

Y así, Sara y Martina empezaron el curso llenas de ilusión, sabiendo que, juntas, podrían con todo.

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Mochila
Es una bolsa que se lleva en la espalda para transportar libros y útiles escolares.
Aventura
Es una experiencia emocionante o arriesgada que ocurre en un lugar nuevo.
Preparar
Significa estar listo para algo, como hacer las cosas necesarias antes de un evento.
Profesora
Es una persona que enseña a los estudiantes en la escuela.
Cremallera
Es un mecanismo que se usa para cerrar bolsas o chaquetas, que se abre y se cierra deslizando un cursor.
Compañeros
Son las personas que están en el mismo grupo o clase que tú, como amigos o compañeros de escuela.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

Para leer a continuación en Cuentos sobre el regreso a clases para 7/8 años

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.