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Cuento del Ramadán 5/6 años Lectura 8 min.

Pasos de pluma en Ramadán

Luna, una niña de cinco años, decide cuidar su energía durante el Ramadán mientras ayuda a su familia y vecinos, creando un ambiente de alegría y respeto. A lo largo del día, inventa juegos y actividades que fomentan la conexión y la colaboración entre todos.

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Una niña de 6 años, con grandes ojos brillantes y cabello rizado, sonríe alegremente mientras sostiene una tarjeta decorada con dibujos coloridos. Lleva un vestido ligero con motivos de flores brillantes y sandalias doradas. A su lado, su papá, un hombre de unos treinta años con barba bien cuidada y una sonrisa cálida, la anima dándole una palmadita en el hombro. Él viste una camisa clara y pantalones beige. La escena tiene lugar en una cocina soleada, con paredes pintadas de amarillo pastel y una gran mesa de madera llena de platos apetitosos, como sopas y ensaladas. Los rayos de luz atraviesan las ventanas, iluminando los rostros de los personajes. La niña presenta orgullosamente su tarjeta de agradecimiento a su papá, mientras vecinos sonrientes, incluida una anciana con un pañuelo colorido, se reúnen a su alrededor, creando un ambiente cálido y amigable. reportar un problema con esta imagen

La madrugada brillante

Luna tiene cinco años y unos ojos que parecen dos botones curiosos. Esa madrugada, la casa olía a pan tostado y a canela. Mamá se levantó temprano para preparar el desayuno de los mayores. Era Ramadán. Los adultos guardaban ayuno. Luna no ayunaba, porque aún era pequeña, pero quería ayudar.

—Hoy voy a cuidar mi energía —susurró, tocándose el pecho—. Como si fuera una pila de colores.

Pepino, el gato, bostezó tan fuerte que sonó como un trombón. Luna rió y casi se cayó de la silla.

En la repisa, la linterna de Ramadán, un fanús chiquitito, pestañeó. Hip, hip. Cada hip era un destello. Luna lo miró con sorpresa.

—¿Tú hablas? —preguntó en voz bajita.

La linterna respondió con otra luz, suave como un bostezo.

—Creo que dice “despacito” —dijo Mamá, sonriendo—. Los días de Ramadán a veces son largos. Podemos andar con pasos de pluma.

Luna se comió un yogur con banana. Bebió agua y dijo “glup” como un pez. El fanús hizo hip otra vez y pintó un puntito brillante en la mesa. Parecía un mapa de ideas.

—Reglas de energía de Luna —inventó—. Uno: pasos de pluma. Dos: palabras de susurro. Tres: juego de sombra. Cuatro: siesta nube si hace falta.

—Y cinco —añadió Mamá—: respeto para todos.

Luna asintió con mucha seriedad. En la ventana, el cielo todavía estaba oscuro, con una luna finita como una sonrisa.

El día lento y divertido

Cuando el sol salió, Luna quiso correr detrás de Pepino por el pasillo.

—Pasos de pluma —se recordó—. Tump. Tump. Tump. Como un conejito despacio.

El fanús, que ahora dormía en la mesa, dio un destellito, como un guiño. Luna decidió jugar al reto del susurro. Caminó hasta la habitación de Papá y dijo:

—Buenos días, papá, en voz bajita.

—Buenos días, estrellita —respondió él, igual de suave—. Hoy necesito tus manos de ayudante.

Tenían una sopa para compartir con la vecina, Doña Fátima, que vivía sola. Luna llevó la olla con Papá. La calle estaba luminosa y olía a pan. Algunos vecinos saludaban con la mano, en silencio. Era un saludo que decía: “Te veo, te respeto”.

—Gracias, Lunita —dijo Doña Fátima—. Eres una nube amable.

—Y usted es una flor de té —contestó Luna. Se miraron y rieron.

Más tarde vino Nico, su amigo. No podían correr tanto. Hacía calor y Luna quería guardar su pileta de colores. Así que armaron una tienda de sombras con una sábana. Detrás de la tela, las manos eran animales.

—Mira, un camello con dos jorobas —dijo Nico, moviendo los dedos.

—Y una hormiga bailarina —dijo Luna, haciendo cosquillas de luz.

Por la ventana entró un soplo de viento y se llevó un dibujo que Luna estaba haciendo. “¡Mi luna rosa!”, gritó. Corrió sin pensar. Pepino corrió también, creyendo que era un juego. Los dos cruzaron el salón como cohetes.

Al llegar al dibujo, Luna se sentó en el suelo. Puf. Se le había vaciado un poco la pileta.

—Me olvidé de los pasos de pluma —dijo, con la mano en la barriga.

Nico le ofreció un abanico de cartón.

—Respira como globo —propuso—. Uno, dos, tres.

Luna infló la panza como si fuera redonda, soltó el aire despacito, y sintió que volvía un color a su energía. Bebió agua en la cocina y se limpió el bigote de yogur imaginario. Se rieron los dos, en voz bajita, para no hacer ruido.

El fanús en la repisa estaba callado. Tal vez dormía de día, como los gatos curiosos de los cuentos.

La tarde dorada

La tarde pintó de naranja las paredes. Mamá cortó tomates y pepinos. Papá calentó la sopa. Luna alineó los platos como si fueran barcos que no chocan. Puso servilletas dobladas en forma de pajarito. Luego tuvo una idea que le hizo cosquillas en el corazón.

—Voy a hacer una tarjeta para todos los vecinos —dijo—. Una tarjeta que diga gracias.

Sacó papeles, pegatinas y lápices. Dibujó una luna que sonreía y muchas estrellas que bailaban alrededor. Escribió con letras redondas: “Gracias por compartir, por sonreír, por cuidar. Con cariño, Luna”.

El sueño la rondó, suave, como un gato de algodón. El fanús, despierto otra vez, dejó caer pequeños puntitos de luz en el sofá, formando un camino. Luna lo siguió con los ojos y se acurrucó un ratito. Siesta nube.

Despertó con un sonido divertido: el estómago de Papá hacía “gru gru”, como un camión regando flores.

—Mi barriga canta —dijo él, ruborizado.

—Es una banda sonora —dijo Luna, riendo.

—Falta poquito para que el sol se esconda —avisó Mamá—. Gracias por ayudar, Lunita.

La noche de luces

El cielo se puso morado y luego azul oscuro. Cuando el sol mandó su último beso, la casa se llenó de un silencio alegre. Los mayores bebieron agua y comieron un dátil. Luna tocó una campanita pequeña que había hecho con una taza y una cuchara. Ting.

—A la mesa —anunció, con voz de presentadora.

Comieron sopa calientita, pan crujiente, ensalada con limón. En cada plato había una palabra que Luna había escrito: “Respeto”, “Paciencia”, “Alegría”, “Compartir”. La noche olía a comida rica y a promesas buenas.

Alguien llamó a la puerta. Era Doña Fátima con una bandeja de galletas de sésamo. Detrás, apareció Tomás, el vecino nuevo, con su hija pequeña, Salma, que abrazaba una muñeca. Se veían tímidos.

—Pasen, pasen —dijo Papá.

El fanús, sobre la repisa, comenzó a brillar más. Sus hip-hip eran ahora luciérnagas diminutas. Salieron flotando y dibujaron un sendero de luz hacia la mesa.

—Es un camino para que nadie se pierda —susurró Luna.

Salma sonrió y soltó la muñeca, que giró como bailarina. Pepino la olió y se hizo amigo de inmediato, con un miau cortito.

—Tenemos algo —dijo Luna, sacando su tarjeta—. Es para el edificio. Para decir gracias por estar juntos.

Todos se acercaron. La luz del fanús hacía sombras suaves en las paredes. Nico escribió su nombre con trazos grandes. Mamá puso un corazón pequeñito. Papá dibujó un pan con alas. Doña Fátima escribió “Shukran” y una flor. Tomás tembló un poco, pero escribió “Gracias” y sonrió. Salma estampó una estrella con una pegatina dorada.

Luna miró el papel y sintió su pileta de colores llena hasta el borde. Estaba cansada, sí, pero contenta. Había cuidado su energía con pasos de pluma, palabras de susurro, juego de sombra y siesta nube. También había cuidado a otros.

—Mañana seguimos —le dijo al fanús.

La linterna dio un último hip y dejó una luz redonda sobre la tarjeta. Allí, con lapicero azul, Luna escribió su firma despacito. Y la tarjeta, brillante como una pequeña luna en las manos de todos, quedó firmada.

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Ramadán
Un mes sagrado para los musulmanes en el que ayunan desde el amanecer hasta el anochecer.
Fanús
Una linterna o lámpara decorativa que se utiliza en celebraciones, especialmente durante el Ramadán.
Respetar
Tratar a los demás con consideración y cuidado, reconociendo sus derechos y sentimientos.
Sopa
Un líquido caliente que se prepara con carne, verduras u otros ingredientes y se come generalmente con cuchara.
Tarjeta
Una hoja de papel, a menudo decorada, en la que se escriben mensajes, saludos o agradecimientos.
Pegatina
Un trozo de papel o plástico con una imagen o diseño que se adhiere a una superficie.

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