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Cuento sobre un miedo de niño 7/8 años Lectura 8 min.

Lucía y el Juego de la Valentía

Lucía, una niña valiente pero nerviosa, se enfrenta a su miedo al baloncesto cuando su escuela introduce el deporte, descubriendo que lo más importante es intentarlo y disfrutar con sus amigos. A lo largo de sus primeras clases y un partido, aprende sobre la valentía y la diversión en el esfuerzo.

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Una niña de 8 años, Lucía, con largos cabellos castaños y ojos brillantes, se encuentra en el centro de un gimnasio luminoso. Lleva un chándal azul con rayas verdes, y su rostro expresa una mezcla de nerviosismo y emoción, con una ligera sonrisa. A su derecha, Ana, una niña de 8 años con cabello rubio y rizado, la anima con una gran sonrisa, sosteniendo un balón de baloncesto naranja. A la izquierda, Leo, un niño de 8 años con gafas y cabello castaño, ríe alegremente mientras salta, listo para atrapar el balón. El gimnasio está lleno de colores vivos, con líneas blancas en el suelo y aros de baloncesto colgados del techo. La escena principal muestra a Lucía preparándose para lanzar el balón hacia el aro, rodeada de sus amigos, todos listos para animarla, ilustrando así el tema de superar los miedos juntos. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El Gran Desafío de Lucía

Lucía tenía ocho años y una sonrisa que brillaba más que el sol. Era una niña llena de energía, que siempre bailaba en el salón y reía con sus amigas en el recreo. Pero había algo que la hacía sentir cosquillas en la barriga: los deportes de equipo.

Un día, su profesora, la seño Marina, entró en clase con una sorpresa. “¡Niñas y niños! Este trimestre vamos a aprender baloncesto. El viernes tendremos nuestra primera clase en el gimnasio del cole”, anunció con entusiasmo.

Lucía tragó saliva y su corazón empezó a latir más rápido. Se imaginó a sí misma intentando encestar el balón, resbalando y cayendo delante de todos. “¿Y si no soy buena? ¿Y si todos me miran?” pensó, mientras jugueteaba con su lápiz.

En casa, durante la merienda, Lucía le contó a su madre, que preparaba sándwiches de queso. “Mamá, ¿tengo que ir a la clase de baloncesto? Creo que… no me va a salir bien”, dijo, mirando sus zapatos.

Su madre se agachó para mirarla a los ojos. “Todos sentimos miedo cuando probamos algo nuevo, Lucía. Pero, ¿y si resulta divertido? Además, no tienes que hacerlo perfecto, solo tienes que intentarlo”.

Lucía suspiró y mordió su sándwich. “Supongo que puedo intentarlo…” pensó con una pequeña chispa de esperanza.

Cuando llegó el viernes, Lucía sacó su chándal favorito, el azul con rayas verdes, e intentó no pensar demasiado. En el vestuario, sus amigas Ana y Leo hablaban emocionadas. “¿Has visto lo grande que es el balón?” dijo Leo, riendo.

“¡Sí! Creo que si me lanzo muy fuerte, vuelo con él”, bromeó Ana, agitando los brazos como si fuera un pájaro.

Lucía se rió, pero por dentro seguía sintiéndose nerviosa.

“Ven, Lucía, vamos juntas”, le dijo Ana. Así, las dos salieron al gimnasio, donde la seño Marina las esperaba con una gran sonrisa y una torre de balones naranjas.

Capítulo 2: Primeros Balonazos y Grandes Risas

La seño Marina explicó las reglas con calma y paciencia. Nadie tenía que ser perfecto, solo aprender y divertirse. Lucía intentó relajarse, pero cuando le llegó su turno de lanzar el balón, sus manos temblaban un poco.

“¡Ánimo, Lucía!” le animó la seño Marina.

Lucía botó el balón una vez, dos veces… ¡y de repente, el balón se escapó y rodó hasta el otro lado del gimnasio! Todos se quedaron en silencio por un momento, y luego Leo soltó una carcajada. “¡Ese balón tiene más prisa que el autobús del cole!”

Lucía sintió que sus mejillas se ponían rojas, pero luego vio que la seño también reía suavemente. “Eso pasa mucho al principio, Lucía. ¡Vuelve a intentarlo!”

Con una sonrisa tímida, Lucía fue a por el balón y lo intentó de nuevo. Esta vez, golpeó el balón contra la canasta, aunque no entró. Pero no se cayó, ni pasó nada malo. Sus amigos le aplaudieron y Lucía sintió un calorcito en el pecho.

Pasaron los minutos, entre risas, tropiezos y pequeñas victorias. Ana consiguió encestar y Leo saltó tan alto que casi perdió una zapatilla. “¡Por poco vuelo de verdad!”, gritó entre carcajadas.

Cuando terminó la clase, Lucía estaba empapada de sudor, pero sonreía de oreja a oreja. “No ha sido tan malo… hasta me he divertido”, pensó sorprendida.

En casa, contó la aventura a su padre mientras cenaban sopa caliente. “Hoy el balón no quería quedarse quieto conmigo”, dijo riendo. Su padre aplaudió y le dio un abrazo. “Eso significa que te atreviste a intentarlo. ¡Eso es lo más importante!”

Aquella noche, Lucía se fue a dormir pensando que, aunque algo le asustara, a veces solo hacía falta dar un pequeño paso.

Capítulo 3: El Día del Equipo

Las semanas pasaron y Lucía fue mejorando poco a poco. Algunas veces el balón se le escapaba, otras veces, casi encestaba. Pero cada vez que sentía miedo, recordaba lo que había dicho su madre: no era necesario hacerlo perfecto, solo intentarlo.

Pronto, la seño Marina anunció que tendrían un pequeño partido amistoso. Lucía sintió las cosquillas en la barriga otra vez. Esta vez, sin embargo, el miedo no era tan grande como antes.

El día del partido, el gimnasio estaba lleno de gritos y aplausos. Lucía jugaba en el equipo azul, con Ana y Leo. Los del equipo rojo parecían muy rápidos y sabían pasar la pelota muy bien.

Empezó el partido y Lucía se esforzaba por seguir el ritmo. A veces tropezaba, otras veces el balón le pasaba entre las manos. Pero Ana le guiñaba un ojo cada vez que la miraba, y Leo le daba ánimos desde el otro lado de la pista.

De pronto, el balón llegó a Lucía. Tenía delante una oportunidad de lanzar a canasta. Por un segundo, su mente se llenó de dudas. Pero recordó todas las veces que había practicado, y también las veces que había reído al caer o al fallar.

¡Lanzó! El balón rozó el aro y… ¡no entró! Pero esta vez, Lucía no sintió tristeza. Al contrario, sus amigos la felicitaron por atreverse. “¡Buen intento, Lucía!” gritó Ana.

Cuando terminó el partido, el equipo azul no ganó, pero todos se abrazaron y celebraron juntos. La seño Marina les dijo: “Lo más importante no es ganar, sino aprender y compartir. Estoy muy orgullosa de todos vosotros”.

Lucía se sintió tan feliz que casi daba saltos. “¡Lo he hecho! Me atreví, aunque tenía miedo”, pensó emocionada.

Capítulo 4: La Nueva Experta en Valentía

Al día siguiente, Lucía y sus amigas bajaron al parque con una pelota. “¿Jugamos al baloncesto?” preguntó Leo.

Lucía asintió con una gran sonrisa. Tuvieron un partido divertido, con reglas inventadas y muchas risas. Esta vez, Lucía fue quien explicó a otros niños cómo botar el balón y no desanimarse si se caían.

Mientras descansaba en el césped, Lucía pensó en cómo había cambiado desde la primera clase. Antes, sentía miedo y pensaba que no podía. Ahora, aunque a veces fallaba, sabía que podía intentarlo y mejorar.

Al volver a casa, la madre de Lucía la abrazó. “¿Te divertiste hoy?”, le preguntó.

Lucía asintió. “Sí, y ¿sabes qué? Aunque todavía me da un poco de miedo probar cosas nuevas, ahora sé que puedo ser valiente. El miedo no es tan malo, solo me avisa de que algo es importante para mí”.

“Exactamente, Lucía”, respondió su madre con una sonrisa. “Cuando enfrentamos nuestros miedos, aprendemos cosas nuevas sobre nosotros mismos. Eres muy valiente”.

Esa noche, Lucía escribió en su diario: “Hoy me sentí como una heroína. No necesito hacerlo perfecto, solo intentarlo y pasarlo bien. ¡Eso es ser valiente!”

Y así, poco a poco, Lucía se convirtió en una experta en valentía, sabiendo que, con amigos, risas y un poco de ánimo, cualquier miedo se puede transformar en una nueva aventura.

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Desafío
Situación en la que hay que enfrentar un reto o dificultad.
Cosquillas
Sensación ligera en la piel que provoca risa o incomodidad.
Suspiró
Acción de expulsar aire de los pulmones de manera profunda, a menudo como señal de alivio o cansancio.
Entrenar
Practicar repetidamente una habilidad para mejorar en ella.
Carcajada
Risa fuerte y sonora.
Empapada
Muy mojada, cubierta de líquido.

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