Cargando...
Pequeños aventureros 9/10 años Lectura 11 min.

Lola y el sendero que escuchaba el cielo

Lola y su amigo Tomás siguen pistas y señales en el huerto durante una lluvia para explorar, aprender a escuchar el cielo y el terreno y enfrentar pruebas que ponen a prueba su prudencia y valentía.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Niña de 10 años de rostro redondo con pecas, pelo castaño en dos trenzas, expresión decidida y dulce, capa de lunares verdes y botas de goma embarradas, que sostiene una pequeña brújula de metal y una cantimplora mientras avanza con cautela por un sendero lodoso; un niño de unos 9 años, Tomás, pelo negro despeinado y gorra roja al revés, sonrisa valiente y concentrada, la ayuda moviendo una rama desde atrás a la izquierda; un jardinero de unos 50 años de rostro curtido y chaqueta de trabajo marrón manchada sujeta un farol metálico junto a un poste y observa con benevolencia; camino rural en cuesta bordeado de brezos y árboles con flechas pintadas, charcos que reflejan un cielo gris anaranjado y un pequeño estanque abajo; los niños aseguran un tramo resbaladizo tras la lluvia colocando ramas y piedras, el farol ilumina suavemente la escena, ambiente húmedo y colores cálidos con gotas brillantes en las hojas. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La niña que escuchaba el cielo

Lola tenía nueve años y un cuaderno con hojas gastadas. En la portada había un sol dibujado con rotulador amarillo. Lola apuntaba en ese cuaderno todo lo que el tiempo le decía. No solo escuchaba la radio. También ponía la oreja al viento, miraba las nubes y tanteaba la humedad con la punta de los dedos. Decía que el cielo hablaba si uno lo quería oír.

Una mañana de miércoles, el pueblo olía a pan y a tierra mojada. Lola se levantó con ganas de explorar el viejo parque detrás de la escuela. Antes de salir, se acercó a la ventana y escuchó. El aire cantaba en la chimenea de la vecina. Las hojas susurraban un ritmo rápido. Lola dijo en voz baja: “Hoy llegará lluvia, pero no será tormenta”. Escribió en su cuaderno: “Lluvia breve. Llevar capa ligera. Evitar el camino del río.”

Su mamá dejó la mesa y le colocó una bufanda. “Haz caso al cielo y a los adultos”, dijo. Lola sonrió. Coger la capa de colores era un ritual. La capa tenía lunares verdes y un bolsillo secreto donde guardaba una brújula de juguete y una galleta para la aventura.

En el parque encontró a su amigo Tomás. Tenía una gorra al revés y una sonrisa que siempre le daba coraje. “¿Vamos a ver la casita del árbol?” preguntó Tomás. Lola miró el cielo y luego a su cuaderno. “Mejor vamos hacia el huerto”, dijo. “El viento dijo que el huerto estará tranquilo y hay algo que quiero encontrar.” Tomás, curioso, aceptó sin dudar.

Capítulo 2: Señales entre las hileras

El huerto estaba detrás de la escuela. Tenía hileras de calabacines y pequeños coles que parecían sombreros verdes. Un sendero de barro llevaba hasta la casita del jardinero. Lola siguió las huellas de las botas. Escuchó el zumbido de las abejas y el rumor de una tubería que goteaba. “La lluvia llegará pronto”, murmuró. “Hay que ser rápidos y cuidadosos.”

Avanzaron entre plantas. Encontraron una caja con semillas y un mapa dibujado por el jardinero. El mapa mostraba una flecha hacia el viejo estanque. Lola supo que alguien había puesto pistas. “Tal vez el jardinero quiere que volvamos a ayudar”, dijo. Tomás levantó la caja y, al hacerlo, una rama se quebró y pisaron un charco que no esperaban. El barro les salpicó las botas.

La nube oscura que Lola había sentido en la ventana se posó ahora como una tapa en el cielo. Empezó a llover fina, como si alguien vertiera agua con una jarra alta. Tomás dijo: “Volvamos”. Lola sacó su capa, se la puso y abrió el bolsillo secreto. Dentro, la brújula indicaba hacia el este, hacia el bosque. “El mapa sigue la flecha del estanque”, dijo Lola. “Si vamos con cuidado, podemos encontrar algo antes de que la lluvia aumente.”

Caminaron bajo gotas que picoteaban la capa. Llevaban botas, y se ayudaban a cruzar charcos. Cuando llegaron al estanque, el viento había formado pequeñas olas en el agua. En la orilla, una botella con un papel dentro flotaba dormida. Lola la sacó con cuidado. En el papel había un dibujo: un farol y tres piedras alineadas. Debajo, con letras temblorosas, alguien había escrito: “Sigue la luz. No vayas solo si el agua sube.”

Lola miró a Tomás. “Es una pista”, dijo. “El jardinero juega a esconder secretos para que aprendamos a leer el tiempo y el terreno.” Empezaron a buscar las piedras. Las encontraron formando una flecha que apuntaba hacia el valle donde un hondón recogía la lluvia. El viento sopló fuerte y el primer trueno sonó lejos. Lola respiró hondo. “Tenemos que ser prudentes y volver por el camino alto”, dijo. Tomás asintió.

Capítulo 3: El sendero que hablaba

Subieron por el camino alto. Era estrecho y bordeado de brezos. Desde arriba veían el huerto, las casitas y el tejado brillante de la iglesia. La lluvia ya era una voz clara y rápida. Lola escuchaba cada sonido como si fuera una palabra. “Paso firme”, se dijo. “No correr para no resbalar. Tomás tropezó, pero Lola le tendió la mano. Le gustaba ayudar. Le gustaba sentir que juntos eran más valientes.

A la mitad del sendero, un tronco caído bloqueaba el paso. Debían rodearlo por un tramo resbaladizo. Lola usó la brújula de juguete para confirmar la dirección. Luego buscó ramas secas y las colocó como peldaños. Tomás recogió piedras para asentar el terreno. Trabajaron con rapidez y cuidado mientras la lluvia insistía, como un tambor sobre las hojas.

Al salir del obstáculo, vieron una luz tenue entre los árboles. Era un farol clavado en un poste: el farol del jardinero. Al lado, una nota clavada con una chincheta. Lola leyó en voz baja: “Si llegas hasta aquí, has escuchado bien. Sigue el camino marcado y no te desvíes cuando la noche llegue.” Lola guardó la nota en su cuaderno y la dobló con mimo. Recordó el dibujo en la botella: el farol era la luz que señalaría el camino seguro.

La lluvia menguó y la tarde empezó a teñirse de naranja. Quedaba poco para que el cielo se apagara del todo. En la vereda, unas marcas antiguas en los árboles parecían flechas. Lola y Tomás siguieron esas marcas. Cada vez que dudaban, Lola escuchaba el viento y la lluvia residual. Su intuición crecía como una cuerda que la ataba al sendero.

Entonces oyeron un quejido. Un pequeño puente de madera, más abajo, crujía. Un arbusto atrapó a una zorrita joven. Estaba asustada y mojada y no podía salir. Lola se acercó despacio. “No hagas movimientos bruscos”, dijo. La zorrita temblaba de frío. Lola le quitó la rama con guantes de hojas y le secó el lomo con su bufanda. Tomás llamó al jardinero por el móvil para avisar que dejarían la zorrita en la casita. Con manos suaves colocaron a la zorrita en una caja y la llevaron con cuidado.

El sendero empezó a subir de nuevo. La luz del farol del jardinero brilló al final como una promesa. Lola sintió que el tiempo y la naturaleza hablaban el mismo idioma: paciencia.

Capítulo 4: El camino señalizado

La noche llegó en silencio. El cielo se despejó por un momento y dejó ver algunas estrellas. El jardinero, un hombre de manos grandes y sonrisa fácil, apareció con una linterna. Tenía barro en las botas y una chaqueta con bolsillos llenos de semillas. “Veo que habéis encontrado las señales”, dijo. Lola le entregó la zorrita. Él la miró con ternura y dijo: “Bien hecho. Habéis sido prudentes.”

El jardinero les mostró un mapa mayor. Era un plano del pueblo con líneas y marcas en colores. Con un lápiz rojo trazó un camino nuevo. “Esto es un sendero señalizado”, dijo. “Lo hemos marcado para quienes vengan a partir de ahora. Sigan las flechas, respeten los puentes y nunca crucen el río en crecida. La prudencia no quita la aventura; la hace posible.” Lola miró las marcas rojas que brillaban como una promesa sobre el papel.

Aun así, una última prueba aguardaba. Entre las sombras, una rama alta se movió y bloqueó la vereda. El jardinero pidió calma y pidió una cuerda. Juntos ataron la rama a una palanca. Tomás empujó, Lola impulsó y el jardinero tiró con fuerza. La rama cedió. Hubo una risa colectiva, húmeda y feliz. Lola sintió que su corazón latía con un ritmo nuevo: compasión, ingenio y cierto orgullo silencioso.

Antes de despedirse, el jardinero colocó pequeñas señales de madera a lo largo del camino: pinturas en los árboles, tablillas con símbolos, un farol cada cien pasos. “Así, cualquier niño o adulto sabrá por dónde ir”, explicó. Tomás puso una piedra con una marca de corazón junto a una tablilla. Lola dibujó en su cuaderno: “Camino señalizado. Puedes explorar con cuidado.”

Mientras regresaban, el pueblo olía a pan recién hecho otra vez. Las luces de las casas eran puntos cálidos en la noche. Lola miró las marcas y siguió el sendero que ahora brillaba con las tablillas. Cada señal la tranquilizaba. Cada flecha la alentaba. El último trozo del camino tenía una línea de pequeñas piedras pintadas de blanco que formaban una guía visible aún con poca luz.

Al llegar a su casa, su madre la esperaba en la puerta. “¿Ha ido bien?” preguntó con voz dulce. Lola abrazó a su madre y le entregó el cuaderno. Le mostró las notas, la botella, la nota del farol y una pequeña pizca de barro en las uñas. “He escuchado al cielo y al suelo”, dijo. “He seguido las señales y he pedido ayuda cuando la necesitaba.”

Su madre sonrió y colocó una manta sobre sus hombros. “Has sido valiente y prudente”, dijo. “Aprender a escuchar es una gran aventura.” Lola se acomodó, caliente y contenta. Afuera, la luna asomó entre nubes ligeras. Lola escribió en su cuaderno: “Hoy aprendí que la curiosidad abre puertas. La prudencia las mantiene seguras. El camino señalizado nos devuelve a casa.”

Esa noche, mientras la casa dormía y el farol del jardinero parpadeaba en la distancia, Lola soñó con mapas y senderos. Soñó con un mundo donde cada aventura tenía una fila de piedras blancas y un farol para guiar a quien supiera escuchar. Y en su sueño, el cielo sonrió y dijo: “Buen trabajo. Sigue explorando, pero siempre con cuidado.”

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Gastadas
Que están algo viejas o gastadas por el uso, como hojas usadas.
Chimenea
Abertura en la casa por donde sale el humo de la cocina o fuego.
Humedad
Presencia de agua en el aire o en objetos, los deja un poco mojados.
Brújula
Instrumento que muestra la dirección norte, sur, este y oeste.
Estanque
Un pequeño lago o charco grande donde se acumula agua.
Hondón
Parte baja o depresión del terreno donde puede acumularse agua.
Resbalar
Perder el equilibrio y caer porque el suelo está mojado o liso.
Peldaños
Cada uno de los escalones que forman una escalera o subida.
Chincheta
Pequeña pieza con punta para fijar papel en una superficie.
Palanca
Barra que se usa para mover o levantar algo con fuerza.
Prudencia
Actuar con cuidado y pensar antes de hacer algo arriesgado.
Señalizado
Marcar un camino con señales para que la gente lo siga.
Tablillas
Pequeñas tablas de madera usadas para poner señales o textos.
Crecida
Aumento del agua en un río cuando llueve mucho.
Parpadeaba
La luz que se enciende y apaga de forma corta y repetida.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.