Capítulo 1: La Licorna Lila y el Bosque de los Colores Locos
Había una vez una licorna llamada Lila. Lila era una licorna muy especial. Tenía un cuerno dorado, una melena de muchos colores y unas patitas siempre juguetonas. Vivía en el Bosque de los Colores Locos, un lugar donde los árboles bailaban, las flores cantaban y las nubes eran de algodón de azúcar.
Todo era muy divertido en el Bosque de los Colores Locos. Las mariposas volaban haciendo círculos. Los sapos jugaban a saltar la cuerda. Y las piedras, sí, ¡las piedras! Las piedras reían y hacían cosquillas a quien se sentaba en ellas.
Pero lo más divertido de Lila era su poder especial. Lila podía hacer estornudar arcoíris. Sí, sí, ¡estornudar arcoíris! Cada vez que Lila estornudaba, salía un arcoíris por su nariz. Era un arcoíris suave, dulce y lleno de colores brillantes. A todos les encantaba ver los estornudos de Lila.
Un día, Lila estaba saltando sobre una nube blandita cuando escuchó un llanto. Era un llanto suave, como de alguien que necesitaba ayuda. Lila abrió sus grandes ojos y se detuvo.
—¿Quién llora? —preguntó Lila.
—¡Soy yo! —respondió una voz temblorosa.
Lila miró a su alrededor y vio a un pequeño dragón azul. El dragón azul tenía una cola larga, alas pequeñitas y un gran moño rosa en la cabeza. Se llamaba Bubu y estaba sentado sobre una seta gigante.
—¿Por qué lloras, Bubu? —preguntó Lila, acercándose con pasos suaves.
—¡He perdido mi risa! —dijo Bubu, con los ojos llenos de lágrimas—. No puedo reír, y cuando no río, mis alas no pueden volar.
Lila pensó y pensó. ¿Cómo podía ayudar a Bubu? Tenía que usar su poder especial.
Capítulo 2: El Estornudo Arcoíris y la Carrera de Quesitos
Lila se acercó a Bubu y le dijo:
—No te preocupes, Bubu. ¡Yo te ayudaré! ¡Vamos a buscar tu risa juntos!
Bubu sonrió un poquito. Juntos caminaron por el bosque. Los árboles bailaban y las flores cantaban una canción muy alegre:
—¡Ríe, Bubu, ríe! ¡Que la alegría viene y va! ¡Con Lila la licorna, la risa volverá!
De repente, encontraron a un grupo de ratoncitos. Los ratoncitos llevaban sombreros gigantes y empujaban quesitos de colores.
—¡Hola, Lila! —saludaron los ratoncitos—. ¿Quieres jugar a la carrera de quesitos?
Lila miró a Bubu.
—¿Jugamos? —preguntó Lila.
Bubu asintió. Los ratoncitos pusieron los quesitos en fila y todos se prepararon.
—¡Uno, dos, tres… ya! —gritaron todos.
Los quesitos rodaron, rodaron y rodaron. Pero ¡bum! Un quesito saltó y cayó sobre la cabeza de un ratoncito. El ratoncito quedó cubierto de queso y todos empezaron a reír. Todos menos Bubu.
Lila pensó rápido. Si estornudaba un arcoíris, tal vez Bubu reiría. Así que Lila aspiró fuerte, muy fuerte y… ¡aaachís! Un gran arcoíris salió volando y cubrió a todos los ratoncitos. Ahora los ratoncitos parecían ratoncitos-arcoíris, con bigotes verdes, colas azules y orejitas rosas.
—¡Qué divertido! —gritó uno.
—¡Soy un ratón arcoíris! —dijo otro.
Todos se rieron y saltaron. Pero Bubu solo sonrió un poquito. Su risa no volvía.
Capítulo 3: La Gran Fiesta de los Zapatos Saltarines
Lila y Bubu siguieron andando. Pasaron por un lago de gelatina azul, donde los patitos nadaban haciendo burbujas. Más adelante, encontraron a las ranas con zapatos saltarines.
—¡Hola, Lila! —croaron las ranas—. ¿Queréis saltar con nosotras?
Lila y Bubu se pusieron zapatos saltarines. ¡Boing, boing! Saltaron muy alto. Una rana saltó tan alto que se quedó pegada en una nube.
—¡Ayuda! —gritó la rana.
Lila corrió y con su cuerno de oro hizo cosquillas a la nube. La nube se rió y la rana cayó despacito al suelo, riendo y riendo.
Bubu intentó saltar, pero sus alas seguían tristes. No podía volar y no podía reír.
—No puedo reír, Lila —dijo Bubu suspirando—. Sin mi risa, mis alas no se mueven.
Lila pensó y pensó. De repente, tuvo una idea: ¡una fiesta de cosquillas!
—¡Bubu, vamos a la fiesta de cosquillas! —exclamó Lila.
Invitaron a todos: ratoncitos, ranas, patitos y hasta las piedras. Todos se pusieron en fila. Lila usó su cuerno de oro y tocó suavemente a todos. ¡Cosquillas por aquí, cosquillas por allá!
Todos reían, se retorcían y daban vueltas. Las flores bailaban, los árboles aplaudían y las nubes lanzaban chispas de colores.
Bubu sintió una cosquillita en su barriga. Al principio solo sonrió. Luego, de repente… ¡empezó a reír! Una risa pequeñita, luego más grande y más grande. Sus alas se movieron y ¡zas! Empezó a volar en círculos.
—¡Mi risa ha vuelto! ¡Puedo volar! —gritó Bubu, girando en el aire.
Capítulo 4: El Regreso de la Risa y los Estornudos de Felicidad
Bubu voló alto, dio vueltas y lanzó besitos al aire. Todos aplaudieron. Lila estaba muy contenta. Había ayudado a su amigo. Pero aún faltaba algo.
—Bubu, ¿quieres ver mi estornudo más grande? —preguntó Lila.
—¡Sí! —gritaron todos.
Lila aspiró, aspiró y… ¡aaaaachís! Salió el arcoíris más grande de todos. Cubrió todo el bosque, a los animalitos, a las flores y hasta a las piedras. Todos se pintaron de colores y saltaron de alegría.
El Bosque de los Colores Locos brillaba. Todos reían y bailaban. Bubu volaba con sus alas y su risa cantarina.
—¡Gracias, Lila! —dijo Bubu abrazando a la licorna.
—¡De nada! —sonrió Lila—. ¡Siempre estoy aquí para ayudar!
Desde ese día, cada vez que alguien perdía su risa, Lila y su estornudo arcoíris estaban listos para ayudar. Y así, en el Bosque de los Colores Locos, la risa nunca faltó.
Y colorín colorado, este cuento de colores y risas se ha terminado. ¡Pero la risa y la amistad nunca se acaban!