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Cuento del Duende Travieso de Navidad 3/4 años Lectura 4 min.

Las flechas mágicas de Pipo, el duende travieso de Navidad

Cuatro niños descubren una serie de pistas y pequeñas travesuras hechas por el Duende Pipo que los llevan a un juego compartido lleno de risas y sorpresa.

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Hay seis personajes: Luna, niña de unos 3 años, pelo castaño en coletas, pijama azul claro a rayas, sentada en la alfombra frente al árbol sosteniendo una pegatina de muñeco de jengibre; Sara, niña de unos 3 años, pelo rubio corto, pijama rosa con renos, a la izquierda de Luna riendo y mostrando una galleta en forma de estrella; Bruno, niño de unos 3 años, pelo castaño claro, pijama verde, arrodillado a la derecha de Luna sosteniendo una pequeña campanita; Tomás, niño de unos 3 años, pelo negro, pijama rojo, de pie detrás con los brazos en alto gritando «¡Nieve!» mientras mira caer confeti; Mamá, mujer de unos 30 años, pelo recogido, vestido sencillo, de pie junto al sofá sonriendo y levantando a un niño para alcanzar una caja roja en una estantería; Pipo, el duende travieso, pequeño ser de piel clara y orejas algo puntiagudas, gorro rojo y traje verde, subido en una rama del árbol con mirada burlona dejando caer confeti colorido. Lugar: un salón navideño cálido iluminado por guirnaldas y luces intermitentes, alfombra crema, gran árbol con bolas doradas y guirnaldas rojas, mesa con plato de galletas estrella y jarra de leche, flechas de cartón «POR AQUÍ» por el suelo y las paredes. Situación: los cuatro niños siguen las flechas «POR AQUÍ» hasta el árbol donde la mamá muestra una caja roja con cuatro pegatinas; Pipo deja caer confeti como nieve mientras los niños se abrazan y ríen. Estilo visual: colores cálidos, texturas de pastel grasoso visibles, trazos redondeados y suaves, expresiones alegres, contrastes suaves y luz de fiesta tenue. reportar un problema con esta imagen

En la casa olía a galletas y a canela. Las luces del árbol parpadeaban: una, dos, una, dos. Cuatro niños casi de tres años jugaban en la alfombra. Eran Luna y Sara, y también Bruno y Tomás. Tenían pijamas suaves y calcetines con renos.

En una repisa, el Duende Travieso de Navidad los miraba con ojos brillantes. Se llamaba Pipo. Pipo era pequeño, con gorro rojo y una risa silenciosa. Le gustaba hacer travesuras… pero travesuras amables.

“Hoy haré un lío de los buenos, pero sin enfadar a nadie”, pensó Pipo.

Cuando los niños fueron a beber un poquito de leche, Pipo saltó. ¡Pum! Cayó en la mesa con la bandeja de galletas. Con mucho cuidado, cambió las galletas de lugar: las estrellas con las lunas, las lunas con los árboles. Luego puso un lazo verde en la jarra de leche. Todo seguía limpio, solo… un poco raro.

Los niños volvieron.

“¿Quién hizo esto?”, dijo Bruno, abriendo los ojos.

“Las galletas están jugando”, dijo Sara, riendo.

Luna olió una galleta. “Huele igual. Está bien.”

Tomás señaló algo nuevo: un cartel de cartón en el suelo, al lado del árbol. Decía, con letras grandes: “POR AQUÍ”. Y una flecha, muy larga, apuntaba hacia el pasillo.

“¿Por aquí a dónde?”, preguntó Tomás.

Pipo, escondido detrás de una bola dorada, quiso reír en voz alta, pero solo hizo “ji, ji” muy bajito.

Los cuatro siguieron la flecha. Pasaron despacito, como si fueran exploradores. En el pasillo había otro cartel: “POR AQUÍ”. Y otra flecha.

“Es una pista”, dijo Luna.

“Es un juego”, dijo Bruno.

“Yo quiero más flechas”, dijo Sara.

Tomás aplaudió. “¡Por aquí, por aquí!”

Las flechas los llevaron hasta la cocina. Allí, sobre una silla, había otro cartel: “POR AQUÍ”. La flecha apuntaba hacia arriba, hacia un estante.

“Yo no llego”, dijo Sara, con voz suave.

“No pasa nada”, dijo Luna. “Pedimos ayuda.”

Mamá apareció con una sonrisa. “¿Qué buscan, mis duendecitos?”

“Un ‘por aquí'”, dijo Bruno, señalando.

Mamá levantó a Tomás un poquito y él vio una cajita roja. Dentro había cuatro pegatinas: un copo de nieve, una campana, un muñeco de jengibre y un trineo. También había una nota con letra pequeñita: “Compartir es magia”.

Los niños se miraron.

“Una para cada uno”, dijo Luna.

“Sí, sí, una para cada uno”, repitió Sara, feliz.

Bruno puso la campana en su pijama. Tomás pegó el trineo en su calcetín. Sara eligió el copo. Luna eligió el muñeco de jengibre.

Entonces, Pipo hizo su última travesura. Desde la repisa, dejó caer suavemente un poquito de confeti de papel, como nieve de colores. Caía lento, lento, sin ensuciar mucho.

“¡Nieve!”, gritó Tomás.

Mamá rió bajito. “Qué casa tan navideña.”

Los niños volvieron al salón. En el árbol, apareció un nuevo cartel, muy pequeño, colgado como adorno: “POR AQUÍ… hacia un abrazo”. Y una flechita apuntando al sofá.

Los cuatro se acurrucaron juntos. Mamá los tapó con una manta. Pipo, contento, se quedó quieto. Sus travesuras ya habían sembrado risas y cariño.

Las luces parpadearon otra vez: una, dos, una, dos. Y la casa, calentita, siguió oliendo a canela y a Navidad.

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Olía
Tenía un olor, se sentía el aroma en la casa o en la comida.
Canela
Es una especia marrón que huele y sabe dulce en galletas.
Parpadeaban
Las luces se encendían y apagaban de forma lenta y repetida.
Repisa
Tabla o mueble pequeño donde se ponen cosas para mirar.
Travesuras
Pequeñas bromas o juegos que hacen reír, sin querer hacer daño.
Bandeja
Plato grande y plano para llevar galletas o comida.
Jarra
Recipiente para poner leche o bebida y servir.
Cartel
Hoja o cartón con letras que dice algo para ver y seguir.
Flecha
Dibujo en forma de punta que muestra una dirección.
Pasillo
Espacio largo entre habitaciones por donde se camina.
Pegatinas
Figuras con pegamento que se pegan en ropa o papel.
Copo de nieve
Pequeña figura de hielo blanca que cae del cielo en invierno.
Muñeco de jengibre
Galleta con forma de persona, decorada y dulce.
Trineo
Carro que se desliza sobre la nieve para llevar a alguien.
Compartir es magia
Frase que dice que dar algo a otros hace sentir alegría.

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