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Cuento de Cantante y Músico 7/8 años Lectura 8 min.

La voz de las luciérnagas

Lucía, una joven cantante, enfrenta sus miedos antes de una actuación en la plaza del pueblo, aprendiendo a transformar su nerviosismo en energía positiva con la ayuda de sus amigos y su maestra. A través de la música y el respeto, descubre el verdadero significado de ser artista.

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Lucía, una niña de 10 años, está en el centro del escenario, con cabello rizado y una sonrisa radiante. Lleva una blusa azul brillante y sostiene una pequeña guitarra de madera, sus ojos brillan de emoción y nerviosismo. A su lado, Andrés, un niño de 11 años, baterista, tiene el cabello corto y lleva una camiseta roja. Sonríe y aplaude al ritmo de la música. Sara, una niña de 9 años, toca el violín, con cabello largo y liso, vestida con un vestido amarillo. Mira a Lucía con ánimo. La escena se desarrolla en una bonita plaza animada, iluminada por guirnaldas de luces brillantes, rodeada de plantas florecidas y mesas de madera donde hay familias sentadas. Niños ríen y bailan alrededor, creando una atmósfera alegre y festiva. Lucía canta con pasión ante un público cautivado, su voz se eleva en el aire suave de la tarde, mientras sus amigos la acompañan con sus instrumentos, creando una melodía armoniosa que hace vibrar el corazón de todos los espectadores. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1 - La voz que tiembla

Lucía se despertó con el sol en la ventana. Hoy cantaría en la plaza del pueblo. Su corazón latía rápido. Tenía el trazo de mariposa en el estómago. Ella era joven, tenía una voz clara y mucha ternura.

"¿Tienes miedo?" preguntó su gato, que siempre la miraba como si entendiera todo.

"Un poco", respondió Lucía. "Pero también tengo ganas."

Se vistió con una blusa azul como el cielo. Cogió su guitarra pequeña. La guitarra olía a madera y a casa. Lucía practicó una nota. Sonó suave como una campana.

"Respira", dijo la maestra María cuando llegó a su casa. La maestra cantaba con ella desde siempre. "Inhala por la nariz. Suelta por la boca. La voz es agua. No la empujes. Déjala fluir."

Lucía cerró los ojos. Inhaló. Exhaló. La nota salió tranquila. Sus manos temblaban un poco, pero la nota no se rompió. Un pájaro en el balcón trinó como si aplaudiera.

Capítulo 2 - Ensayo con amigos

En la plaza, el lugar brillaba con luces pequeñas. Había mesas, plantas y gente sentada. Sus amigos vinieron a ayudar. Andrés con el tambor, Sara con el violín, y Tomás con la pandereta. Eran un equipo. Cantantes y músicos se ayudan.

"¿Lista?" preguntó Andrés.

"Lista y nerviosa", dijo Lucía con una risa pequeña.

"El miedo puede ser música", dijo Sara. "Se transforma."

"¿Cómo?" preguntó Lucía.

"Lo sentimos", explicó Tomás. "Luego lo movemos. Lo tocamos como si fuera un ritmo. Lo hacemos suave."

El grupo practicó las entradas. Contaron con dedos. Uno, dos, tres. "Cuando empiezo, miro a mis amigos", dijo Lucía. "Ellos me miran. Eso me recuerda que no estoy sola."

Señor Martín, el director, abrió un cuaderno musical. Era un hombre cariñoso con gafas redondas. "La profesión de cantante no es solo cantar", dijo. "Es cuidar la voz. Es calentar. Es escuchar. Es respetar el tiempo de los demás. Es también cuidar a la gente que escucha."

"¿Cómo cuido mi voz?" preguntó una niña que miraba desde atrás.

"Agua", dijo la maestra María. "Mucho agua. Dormir bien. No gritar mucho. Hacer ejercicios de labios y lengua. Y hablar con cariño a tu garganta."

Lucía practicó los ejercicios. Hizo vibrar los labios: "brrr, brrr". Cantó escalas como pequeñas escaleras. Subió y bajó. Su voz se volvió más segura. Los amigos aplaudieron. Se sentía como si tuviera una manta tibia en el pecho.

Capítulo 3 - El truco del corazón

La noche llegó. Las luces parpadeaban. Lucía vio a muchas caras. Algunas sonrieron. Otras tenían ojos curiosos. El lugar olía a pan recién hecho y a flores. Ella sintió el trazo de mariposa otra vez.

"Piensa en algo bonito", susurró la maestra María. "Ese pensamiento es tu energía."

Lucía pensó en su abuela que le cantaba al atardecer. Pensó en el río que contaba historias. Su miedo se convirtió en calor. Era energía suave.

"Hay un truco", dijo Señor Martín. "Cuando el miedo llega, imagina que son luciérnagas. No malas, sino amigas. Las luciérnagas te iluminan. Caminan contigo. La voz las sigue."

Lucía cerró los ojos. Vio luciérnagas en su estómago. Respiró. Las luciérnagas se alinearon detrás de su garganta. Ella sonrió.

"Recuerda escuchar", dijo Andrés desde el tambor. "No solo pienses en tu nota. Escucha al violín. Escucha al público. Cada sonido es una palabra."

Lucía abrió la guitarra. "¿Qué hago si fallo?" preguntó, con voz pequeña.

"Respira", contestó Tomás. "Sigue. La música perdona. La gente aplaude los intentos. Y respetar significa seguir con honestidad, aunque algo no salga perfecto."

Se encendió una luz cálida. La plaza se puso en silencio como una pradera al amanecer. Lucía puso los dedos en las cuerdas. La primera nota fue un susurro. Luego vino la segunda. La voz creció como un río que encuentra su camino.

"Esta profesión", pensó Lucía, "es contar historias con la voz. Es cuidar cada palabra. Es escuchar y ser escuchada. Es dar respeto a quien toca contigo. Es recibir respeto de la gente."

Capítulo 4 - Canto bajo las estrellas

Lucía empezó la canción. Su voz era una luz. No gritó. No se escondió. Cantó con cariño.

"Tra-la-la", dijo el público en algunos lugares con los niños que imitaban.

Ella miró a la gente. Vio a la niña que preguntó por la voz. Vio al señor que aplaudía con la sonrisa abierta. La música viajaba. Las notas eran como pañuelos de colores que pasaban entre la gente.

En medio de la canción, Lucía sintió un temblor. Una cuerda de la guitarra hizo un sonido raro. Por un segundo, su corazón dudó. Pero ella recordó al Señor Martín y a las luciérnagas. Respiró. Sonrió. Continuó. Sus amigos cubrieron el ritmo con suavidad. Nadie se quejó. Nadie gritó. Todos hicieron su parte con respeto.

Al terminar, un aplauso cálido cayó como lluvia suave. La gente se puso de pie. Algunos aplaudieron despacito, como si no quisieran despertar a la noche. Otros silbaron con afecto. Lucía sintió que su miedo se había convertido en abrazo.

"Has aprendido a transformarlo", dijo la maestra María al abrazarla después. "Lo usaste como luz."

"Gracias", dijo Lucía. "También aprendí que ser cantante es trabajar con otros. Es escuchar. Es cuidar. Y es compartir."

Un niño preguntó: "¿Es difícil ser cantante?"

"No siempre", respondió Lucía. "A veces es cansado. A veces da miedo. Pero es hermoso. Y hay que practicar. Como cuando aprendes a montar en bici. Caes. Te levantas. Y sigues."

La música continuó como un susurro. Lucía cantó una canción de cuna al final. Su voz bajó como una manta. Los niños bostezaron. Los adultos sonrieron con calma. La plaza se volvió un lugar de sueños.

"Esta profesión nos enseña respeto", dijo Señor Martín. "Respetar a quien toca, a quien escucha y a quien aprende."

Lucía cantó la última nota. Era una despedida suave. Los árboles parecían inclinarse. Las estrellas parpadearon. La plaza se llenó de pequeñas luces y pasos tranquilos.

"Buenas noches", murmuró Lucía al público. "Que la música les abrace."

Mientras caminaba a casa, la guitarra apoyada en su espalda, pensó en todo lo aprendido. El miedo ya no era enemigo. Era una luz que la ayudaba a brillar con más cuidado. Escuchar y respetar habían hecho la canción más bonita.

En su ventana, Lucía dejó la guitarra. Miró al cielo. Una luciérnaga pasó cerca. Sonrió y cerró los ojos. Sus últimas palabras antes de dormir fueron un pequeño canto: "Tra-la-la". Su voz quedó como un susurro de luz en la noche.

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Transformar
Cambiar algo de una forma a otra. Puede referirse a sentimientos o cosas.
Profesión
Trabajo o actividad que una persona realiza para ganarse la vida.
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Sonido muy suave, como un murmullo. Se hace hablando bajo, para no ser escuchado claramente.
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