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Cuento encantador y divertido 5/6 años Lectura 8 min.

La tortuguita del jardín encantado

Luna, aprendiz de bruja en el jardín de su abuela, convierte por accidente una piedra en una tortuguita mágica que comienza a ayudar a sembrar y cuidar las plantas, y juntas aprenden a escuchar y tratar la magia con ternura y orden.

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Luna, una aprendiz de bruja de 6 años, sonriente y maravillada, pelo castaño corto, con un pequeño delantal con bolsillos, sostiene con delicadeza una diminuta tortuga de jardín en la palma izquierda; la abuela Nela, de unos 65 años, rostro arrugado y ojos risueños, con un pañuelo floreado, está sentada en un banco de madera a la derecha, mirándola con ternura y sosteniendo una taza de tisana humeante; el viejo sapo sabio, gordo y verde con verrugas doradas, está sobre una piedra junto a una fuente observando la escena; el jardín de la abuela tiene un sendero de tierra, parterres de albahaca, lavanda y flores, un pequeño círculo de piedras mágicas en el centro y guirnaldas de luciérnagas; la tortuga es minúscula, con caparazón cubierto de microplantas y semillas, pequeñas hojas y flores nacientes, brilla levemente y deja caer una semilla al tocar la tierra; escena principal: momento tierno al crepúsculo en que Luna presenta la tortuga al jardín, luz dorada del sol bajo, atmósfera alegre y mágica con movimientos suaves (vapor de la tisana, aleteo de mariposas, microburbujas en la fuente). reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1

Luna tenía seis años y un delantal lleno de bolsillos. En uno guardaba semillas, en otro una lupa pequeñita, y en el más pequeño, una piedra gris que había encontrado la semana pasada. Luna era aprendiz de bruixa en el jardín de la abuela Nela, un lugar donde las plantas hablaban bajito y las mariposas a veces traían notas musicales en las antenas.

—Hoy vamos a practicar orden —dijo la abuela Nela sonriendo—. El orden ayuda a que la magia sea amable.

Luna colocó cada tarrito en fila, limpiando las hojas con una ramita. Sus manos eran pequeñas pero muy cuidadosas. Frente a ella, en el centro del jardín, estaba el pequeño círculo de piedras donde aprendía los hechizos suaves.

—¿Puedo intentar algo nuevo? —preguntó Luna, mirando la piedra gris en su bolsillo.

—Con cuidado —contestó la abuela—. La magia del jardín escucha a los que respetan las plantas.

Luna sacó la piedra, la puso en la palma abierta y sopló como si fuera una vela. Dijo una palabra que le sonó como un cosquilleo: «levi-levi». La piedra empezó a temblar. Un suspiro de hojas recorrió el jardín. La piedra se elevó unos centímetros y giró en el aire, como si bailara.

—¡Lo lograste! —exclamó la abuela—. Pero recuerda: la magia ordenada cuida lo que toca.

Luna rió. La piedra flotó y dio vueltas. Era divertido. Pero entonces, una abeja curiosa rozó la esquina del delantal de Luna y, por accidente, dejó caer un polvillo de polen mágico. El polvo brilló y, en un parpadeo, la piedra se hizo cosquillas y... ¡se convirtió en una diminuta tortuga!

—¡Oh! —dijo Luna sorprendida—. ¿Tortuga? No es un guijarro.

La tortuguita miró alrededor y bostezó. Luna la recogió con cuidado.

—Parece que quiere un hogar —dijo la abuela—. La magia es traviesa a veces. Hay que reír con ella y aprender.

Capítulo 2

Luna colocó la tortuguita en una hoja de albahaca. Era tan pequeña que podía esconderse en una flor. Pensó en convertirla otra vez en piedra, pero la tortuga hizo un sonido como campanitas y movió la cabeza.

—¿Te gustaría quedarte aquí? —susurró Luna.

La tortuguita respondió con un parpadeo amistoso. Luna decidió que primero debía aprender cómo hablar con la magia del jardín. Caminó hacia la fuente de menta donde vivía un viejo sapo que sabía mucho sobre transformaciones.

—Señor Sapo —dijo Luna—, mi piedra se volvió tortuga. ¿Cómo la devuelvo?

El sapo pegó un brinco y proclamó con voz grave:

—La magia cambia con cariño. Dale una tarea. Si la tarea hace feliz al jardín, la magia escuchará.

Luna miró alrededor. Había hojas caídas, macetas torcidas y una enredadera que quería abrazar el poste. Pensó en todas las plantas y en la necesidad de cuidarlas. Tomó la tortuguita y le dijo dulcemente:

—Tu tarea será ser mensajera de semillas. ¿Te animas?

La tortuguita rezongó contenta y empezó a rodar sobre la albahaca. Cada vez que rozaba una flor, de las semillitas saltaban y caían en la tierra. El jardín parecía sonreír. Las hiedras se acomodaron, las flores bailaron y hasta una lombriz salió a aplaudir.

—¡Funciona! —dijo Luna, asombrada—. La magia quiere ayudar al jardín.

Pero la cosa no acabó ahí. Cuando la tortuguita rodó cerca del caldero de la abuela, un puf de humo verde salió y transformó a la escoba en un espagueti gigante que se enroscó en la cerca.

—¡Ay! —dijo la abuela, riendo—. Ese espagueti solo quiere jugar.

Luna y la tortuguita rieron también. Ordenaron la cerca, y con cada gesto amable, la magia se calmaba. La tortuguita seguía llevando semillas, y la abuela enseñó a Luna a susurrar palabras que no obligaban la magia, sino que la invitaban.

—Invita —dijo Nela—. No mandes. La naturaleza entiende la ternura mejor que las órdenes fuertes.

Capítulo 3

Al caer la tarde, un pequeño viento travieso trajo una nube de mariposas que revoloteó sobre el jardín. Una mariposa tocó el sombrero de Luna y con su polvillo, la tortuguita volvió a brillar. Luna notó algo distinto: la tortuga ya no estaba solo recuperando su forma anterior, sino que tenía pequeñas hojas en el caparazón. Eran como mini jardines.

—¡Caparazón jardín! —exclamó la abuela—. Eso es magia ecológica. Una criatura que ayuda a sembrar y a cuidar.

Luna acarició el caparazón y dijo:

—Gracias por ayudar, tortuguita. Eres parte del jardín ahora.

La tortuguita sonrió. Luego, con un gesto cómico, decidió que quería ayudar con la limpieza de la fuente. Se lanzó al agua y, al salpicar, transformó una gota en una burbuja que dijo «hola» con voz de pato. Luna soltó una carcajada. La abuela remedó la voz de la burbuja y juntas se rieron hasta que el sol se asomó más bajo.

De pronto, la tortuguita se volvió a quedar quieta. Luna pensó que quizá ya no podría volver a la piedra. Pero el sapo, con un guiño, dijo:

—La piedra no quería irse. Solo quería dormir en la forma que ayuda.

Luna comprendió. La magia del jardín les había mostrado algo: cuidar la tierra era una forma de hechizo también. No siempre se trataba de volver las cosas a su estado original, sino de prestar atención a lo que necesitaba el lugar.

—Entonces —dijo Luna—, si la piedra quiere ser tortuga jardín, la cuidaremos juntas.

La abuela asintió y sacó una bolsita de té de la estantería. Era una mezcla de flores del jardín, menta y una hojita de risas (una hierba especial que en el jardín hacía cosquillas en la felicidad).

Capítulo 4

La noche llegó con luciérnagas que parecían farolillos. Luna y la abuela colocaron la tortuguita sobre una almohada de musgo y la taparon con una hoja de lavanda. Luego prepararon una tetera pequeña. Luna agitó la bolsita sobre el agua caliente y el jardín exhaló un aroma suave, como un abrazo.

—Hoy aprendimos a escuchar —murmuró Luna—. A la magia y a las plantas.

La abuela sirvió dos tazas pequeñas. Una para Luna y otra para la tortuguita, que ahora tenía un pequeño platito hecho de cáscara de naranja. Luna sopló la taza y dijo gracias al jardín. El vapor subió en volutas que olían a menta y albahaca. Las estrellas asomaron y el jardín se volvió aún más amable.

Luna dio un sorbo. Era tibio y sabía a aventura y a casa. La tortuguita, con su caparazón lleno de sembritas, bostezó feliz. Afuera, una brisa dejó caer una pizca de polen de mariposa que hizo que las flores canturrearan una nana.

—Buenas noches, jardín —susurró Luna.

El aroma de la tisana quedó en el aire como un lazo: recordatorio de la tarde en la que una piedra quiso ser tortuga y terminó siendo semilla para muchos futuros árboles. Luna cerró los ojos y pensó que la magia más bonita era la que hacía crecer las cosas, con orden, cariño y una pizca de risa.

Y así, bajo la luz de las luciérnagas, el jardín respiró tranquilo, y la brisa llevó el perfume de la taza como un secreto contento: ecología mágica para siempre.

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Pequeños huecos en la ropa donde se guardan cosas pequeñas.
Lupa
Cristal que hace que los objetos se vean más grandes al mirarlos.
Guijarro
Piedra pequeña y lisa que se encuentra en el suelo o en el río.
Bruixa
Palabra para bruja usada en la historia; persona que hace magia en cuentos.
Hechizos
Palabras o movimientos que usan los personajes para hacer magia.
Enredadera
Planta que crece y se agarra a paredes o árboles con tallos largos.
Caparazón
Parte dura que cubre y protege el cuerpo de animales como las tortugas.
Lombriz
Animal pequeño y blando que vive en la tierra y ayuda al suelo.
Caldero
Olla grande que se usa en cuentos para preparar pócimas o sopas.
Luciérnagas
Insectos que brillan por la noche como pequeñas luces voladoras.
Musgo
Planta suave y verde que crece en lugares húmedos y cubre piedras.

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