Cargando...
Cuento disparatado y absurdo 7/8 años Lectura 11 min.

La puerta pepinosa y la clase verde

Una clase de animales descubre una puerta inesperada que los conduce a un aula mágica donde, con curiosidad, calma y humor, deben resolver un reto para encontrar la salida.

Descargar este cuento en PDF

¡Ideal para compartir o imprimir este cuento!

Descargar el e-book (.epub)

Lea este cuento en su lector de libros electrónicos.

Tomás, un tejón esbelto de pelaje rayado negro y blanco, curioso y serio, sostiene un pomo de latón junto a una puerta en el suelo; Zuri, una ardilla rojiza de mejillas redondas y cola esponjosa, alegre, hace una voltereta en un tronco con una hoja tras la oreja; Nono, un erizo pequeño y tímido, espera a la derecha, atento y dispuesto a proteger; la maestra Rana Lila, una rana verde con gafas, sonríe calmada desde una piedra junto a una gran hoja-pizarra sosteniendo una ramita; todo en un claro luminoso del bosque con hierba y flores, troncos como bancos y una puerta enmarcada por raíces y musgo que deja salir una luz suave; estilo: tinta coloreada, trazos nítidos, colores vivos, texturas foliares, sombras suaves y atmósfera lúdica y algo absurda. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La clase verde que olía a pepino

Tomás el tejón era el alumno más lógico del Bosque de los Abedules. Si alguien decía: “Hoy lloverán galletas”, Tomás preguntaba: “¿De mantequilla o de chocolate? Porque eso cambia el paraguas”.

Aquella mañana, la maestra Rana Lila anunció con voz saltarina:

“¡Excursión a la clase verde!”

La “clase verde” era un claro con bancos de tronco, una pizarra de piedra y muchas hojas haciendo de techo. Todo era tan verde que hasta las sombras parecían ensalada.

Tomás se sentó y olfateó.

“¿A alguien más le huele esto a pepino?”

“¡A mí me huele a aventura!”, canturreó Zuri la ardilla, que siempre hablaba como si tuviera una canción en la boca.

“Pss, pss…”, hizo Nono el erizo. “Yo huelo a mí mismo. Eso ya es bastante.”

Rana Lila golpeó la pizarra con una ramita.

“Hoy aprenderemos sobre… ¡las puertas de la naturaleza!”

Tomás frunció el hocico.

“Pero aquí no hay puertas. Solo árboles. Y un caracol que parece una silla.”

El caracol, ofendido, respondió despacito:

“Soy un caracol. No soy una silla. Aunque… a veces me siento muy sentado.”

Todos rieron. Incluso Tomás, un poquito.

Entonces pasó lo cocase: un viento travieso levantó una hoja gigante del suelo, como si fuera una alfombra. Debajo, apareció un marco de madera con un pomo brillante.

“Eso sí que es raro,” dijo Tomás. “Una puerta… en el suelo. Las puertas suelen ser verticales. Es lo lógico.”

Zuri dio una voltereta.

“¡Quizá es una puerta tímida! Le da vergüenza estar de pie.”

Rana Lila se ajustó sus gafas redondas.

“Regla de la excursión: si aparece algo imposible, respiramos, sonreímos y lo observamos.”

Nono levantó una patita.

“¿Y si estornudamos?”

“También vale,” dijo Rana Lila. “Pero no sobre la puerta.”

Tomás se acercó al pomo. Brillaba como una gota de sol.

“Si es una puerta, debe llevar a algún sitio. Esa es la definición práctica de puerta.”

“¿La abrimos?”, susurró Zuri.

Tomás miró a sus compañeros, luego al cielo tranquilo y a la hierba blandita.

“Sí. Pero con orden. Uno, dos… ¡y tres!”

Y giró el pomo.

Capítulo 2: La puerta inesperada

La puerta se abrió con un “¡plop!” muy educado, como una burbuja que pide permiso. No apareció un túnel oscuro ni nada de miedo. Solo un pasillo iluminado… hecho de ramitas, con paredes de musgo y un suelo de hojas crujientes.

“¡Guau!”, dijo Zuri. “Esto es como entrar en una ensalada con pasillo.”

Tomás se asomó.

“Está limpio. No hay charcos sospechosos. Y la luz es amable. Podemos pasar.”

Nono se quedó detrás, pinchudo pero valiente.

“Si sale un monstruo, le pincho el dedo… con mis pinchos.”

Rana Lila sonrió.

“Muy bien, Nono. Pero recuerda: aquí en el bosque, lo raro suele ser simpático.”

Entraron. Al dar el primer paso, el pasillo hizo un sonido de aplauso: “clac-clac-clac”.

“¡Nos aplaude!”, dijo Zuri.

“Quizá aplaude a tus volteretas,” dijo Tomás. “O a mi buena decisión.”

Al final del pasillo había otra puerta, esta vez normal, de pie. Encima tenía un cartel hecho con corteza:

“PUERTA DE COSAS QUE NO DEBERÍAN ESTAR AQUÍ (PERO ESTÁN)”

Tomás leyó en voz alta.

“Eso es… muy específico.”

“Eso es… muy divertido,” dijo Zuri, y se pegó al cartel como si fuera un abrazo.

Rana Lila aclaró la garganta.

“En una clase, siempre es bueno preguntar antes de abrir.”

Tomás alzó la voz hacia la puerta:

“¿Hola? ¿Podemos pasar? Somos estudiantes y tenemos curiosidad, pero también sentido común.”

La puerta respondió. Sí, respondió, con una voz crujiente de madera:

“¡Claro! Pero entren con los bolsillos vacíos de prisa. Aquí todo va a su ritmo.”

Tomás se miró los bolsillos.

“Yo no tengo prisa guardada. Solo una castaña y un pañuelo.”

“Yo tengo prisa en la cola,” dijo Zuri, moviéndola rapidísimo.

“Pues suéltala un momento,” dijo la puerta.

Zuri respiró hondo y su cola se movió más despacio.

“Uy. Me siento… normal.”

“Perfecto,” dijo la puerta. “Ahora, empujen suave.”

Empujaron. Y entraron a un aula… parecida a la suya, pero con detalles imposibles: los lápices eran zanahorias, los borradores eran nubecitas y la pizarra era una hoja enorme que se escribía sola.

En el centro, un perchero tenía abrigos colgados… ¡que se abrochaban solos!

“Esto no es un aula,” dijo Nono. “Es un circo educado.”

“Es un aula muy bien organizada,” corrigió Tomás. “Solo que con verduras.”

Una campanita sonó: “tin-tin”. De una caja salió un pajarito mensajero con corbata.

“¡Entrega especial! ¡Una tarea sorpresa para el grupo!”

Zuri aplaudió.

“¡Me encantan las sorpresas!”

Tomás tragó saliva.

“A mí me gustan… cuando las entiendo.”

El pajarito leyó:

“‘Tarea: encontrar la puerta correcta para volver, sin perder la calma ni la risa. Pista: la puerta correcta no está escondida. Está… haciendo el tonto'.”

Todos se miraron.

“¿Una puerta haciendo el tonto?”, repitió Tomás. “Eso es ilógico… pero posible aquí.”

Capítulo 3: La puerta que contaba chistes

En la pared había tres puertas. Una tenía un dibujo de nube, otra de montaña y otra… tenía una nariz roja pegada y un bigote torcido.

Zuri señaló la del bigote.

“Esa está haciendo el tonto. Mira ese bigote. Parece que se lo pegó al revés.”

Tomás se acercó a la puerta con nariz roja.

“Confirmo: nariz de payaso. Bigote torcido. Y…”

La puerta estornudó: “¡A-choo!”

Nono saltó.

“¡Me ha asustado un poquito!”

La puerta habló, muy alegre:

“Perdón, perdón. Es que el polvo de risa me da cosquillas. ¿Quiénes son?”

“Somos estudiantes,” dijo Rana Lila. “Buscamos volver a nuestra clase verde.”

“¡Ah! La clase verde,” dijo la puerta. “Muy bonita. Muy verde. Muy… pepino.”

Tomás abrió mucho los ojos.

“¡Entonces el olor a pepino venía de aquí!”

La puerta se rió: “jo-jo-jo”.

“Sí. Soy la Puerta Pepinosa. A veces se me escapa el aroma cuando me emociono.”

Zuri se tapó la nariz con una hoja.

“¡Qué cosquillas!”

Tomás cruzó los brazos.

“Necesitamos la salida correcta. ¿Eres tú?”

“Depende,” dijo la puerta. “Primero, deben demostrar que pueden reír sin empujar ni correr.”

Nono preguntó:

“¿Cómo se demuestra eso?”

La puerta dijo:

“Con un concurso de chistes… muuuuy suaves.”

Rana Lila asintió.

“Un ejercicio de calma y alegría. Me gusta.”

Zuri se adelantó:

“¿Qué hace una bellota en el gimnasio?”

Tomás suspiró, preparado.

Zuri sonrió:

“¡Se pone fuerte… para ser una roble-cita!”

Hubo risas pequeñas, como burbujas.

Nono lo intentó:

“¿Qué le dice un erizo a otro erizo?”

Pausa dramática.

“¡Cuidado, que pincho!”

Todos rieron, incluso el perchero que se abrochaba solo (o eso pareció).

Tomás se aclaró la garganta.

“Yo tengo uno lógico.”

“¡Uy!”, dijo Zuri. “Chiste lógico, eso suena raro.”

Tomás dijo:

“¿Por qué el búho trajo una regla a la cama?”

Nadie lo sabía.

“Porque quería medir… cuánto dormía.”

La puerta se carcajeó con cuidado, sin hacer temblar nada.

“¡Aprobados! Risa tranquila. Sin prisas. Sin sustos largos.”

“Entonces… ¿abrimos?”, preguntó Tomás.

“Sí,” dijo la Puerta Pepinosa. “Pero una cosa: cuando salgan, recuerden que lo imposible puede ser amable… y que abrir una puerta es más fácil si se hace con amigos.”

Tomás tocó el pomo.

“Eso es… sorprendentemente sensato.”

“Soy una puerta,” dijo orgullosa. “Tengo momentos.”

Capítulo 4: El regreso con el ritmo bajito

Al abrir, no apareció nada extraño. Solo el claro verde de siempre, con su pizarra de piedra, sus bancos de tronco y el caracol que seguía sin ser silla.

El aire olía normal. O casi.

Zuri olfateó.

“Un poquito a pepino… pero ya no tanto.”

Rana Lila respiró hondo.

“Muy bien, clase. Hemos aprendido que la curiosidad necesita calma.”

Nono miró sus patitas.

“Y que mis pinchos no tuvieron que pinchar a nadie. Eso me gusta.”

Tomás se sentó y sacó su castaña.

“Conclusión: las puertas pueden estar en el suelo, pueden estornudar y pueden contar chistes. Y aun así, todo puede salir bien si pensamos y hablamos.”

Zuri le dio un codazo suave.

“Y si hacemos volteretas… pero despacio.”

Tomás sonrió.

“Volteretas despacio. Eso suena imposible.”

“Pues hoy,” dijo Rana Lila, escribiendo en la pizarra, “lo imposible nos sonrió.”

El caracol levantó la vista.

“¿Puedo ser silla un ratito?”

“Solo un ratito,” dijo Tomás, muy serio.

Y luego añadió, para que todos rieran bajito:

“Pero con orden. Uno, dos… ¡y tres!”

La clase se rió suave, como hojas moviéndose. El viento pasó sin prisa. El verde del claro parecía más tranquilo, como si también hubiera aprendido el chiste.

Y, por si acaso, Tomás puso una hoja encima del lugar donde estaba la puerta.

“No para esconderla,” explicó. “Solo para que no se resfríe.”

Zuri susurró:

“Buenas noches, puerta pepinosa, aunque sea de día.”

Y el bosque, contento, siguió siendo bosque. Con un poquito de pepino en el recuerdo y mucha risa tranquila en el corazón.

Sin publicidad 3€ por mes

¿Desea una lectura sin interrupciones? Apoye a Oh My Tales, elimine todos los anuncios y disfrute de otras ventajas incluidas desde 3€ al mes.

Ver los planes y tarifas
Compartir

reportar un problema con este cuento

¿Qué pensaste de este cuento?

Dén su opinión asignando una nota a este cuento según lo que usted y/o su hijo piensan al respecto. ¡Gracias de antemano!

¡Gracias! ¡Su calificación ha sido tomada en cuenta!

El cuestionario: ¿has entendido bien el cuento?

Lógico
Que sigue la razón o tiene sentido según las reglas o la experiencia.
Excursión
Salida corta fuera de la escuela para aprender o ver algo nuevo.
Claro
Un espacio abierto en el bosque sin muchos árboles, con luz.
Pizarra de piedra
Una losa o tabla de piedra donde se puede escribir o dibujar.
Musgo
Planta pequeña y suave que crece en lugares húmedos y verdes.
Perchero
Objeto con ganchos para colgar abrigos o ropa.
Corteza
La piel dura que cubre el tronco de los árboles.
Mensajero
Persona o animal que lleva un mensaje o una carta a otro.
Pista
Ayuda o señal que indica cómo resolver un problema o encontrar algo.
Conclusión:
Idea final que se dice después de pensar o aprender sobre algo.

¡Crea un cuento mágico y único para su hijo!

Cree una aventura personalizada en solo unos minutos donde su hijo se convierte en el héroe. ¡Con nuestra herramienta exclusiva, es fácil, gratuito y divertido!

Crear un cuento

Descargue este cuento:

Descargar este cuento en PDF Descargar el e-book (.epub)

¡Recibe nuevos cuentos cada domingo por la noche!

Reciba 7 cuentos emocionantes y cautivadores, adaptados a la edad y gustos de su hijo, cada domingo a las 17h*. ¡Es gratis y garantizado sin spam!
*Correo enviado a las 17h, hora de Europa Central (CET).
No nos gusta tampoco el spam. Así que solo le enviaremos cuentos. Podrá darse de baja cuando lo desee.