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Cuento de criatura fantástica 5/6 años Lectura 8 min.

La melodía escondida de Piedraverde

Gala, una niña curiosa, emprende una aventura junto a una lumbre y un ogro para recuperar una canción mágica perdida que hace feliz a su pueblo, descubriendo en el camino que la melodía se forma con actos de bondad y colaboración.

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Ogro: un ogro grande y redondeado de piel verde clara con manchas más oscuras, orejas grandes en forma de paraguas, ojos redondos y brillantes llenos de tierna tristeza y labios anchos, sentado, sonándose con un dedo mientras sostiene una pequeña nota musical arrugada; Niña: Gala, de unos 8 años, cabello castaño claro rizado, chaqueta azul, mirada curiosa y compasiva, agachada junto al ogro y extendiendo la mano para consolar; Llama mágica: una pequeña flama flotante ámbar y turquesa con chispas que danza sobre las piedras y alumbra los rostros; Escenario: claro escondido tras una cascada plateada con rocas cubiertas de musgo, flores fosforescentes rosas y azules y luciérnagas; Situación: momento nocturno y tierno en primer plano donde la niña consuela al ogro mientras la lumbre guía la melodía perdida, con luces cálidas en los rostros y atmósfera suave y emotiva. reportar un problema con esta imagen

La luz misteriosa

En lo alto de un acantilado, donde las nubes tocan el tejado de las casas, se encontraba el pequeño pueblo de Piedraverde. Las casas colgaban de la roca como nidos de pájaro y, cada mañana, el sol pintaba de oro las paredes de piedra y las ventanas de colores mágicos. Allí vivía una niña llamada Gala, con cabellos rizados como las olas y una sonrisa tan grande como la luna llena.

Gala era curiosa y siempre deseaba descubrir lo que nadie veía. Le gustaba saltar de una piedra a otra, escuchar los susurros del viento y soñar despierta con mundos invisibles. Pero lo que más le gustaba era el canto mágico que cada mañana recorría el pueblo, una melodía suave que hacía bailar a las hojas y sonreír a los niños. Nadie sabía quién cantaba, pero todos esperaban esa canción como se espera el primer rayo de sol.

Hasta que, una mañana, la canción no llegó. El viento estaba callado. Las hojas no bailaron. Las risas se apagaron un poco. "¿Dónde está la melodía?", preguntaron todos. Gala sintió un cosquilleo en el corazón. Decidió que encontraría la canción perdida.

El viaje de Gala

Esa noche, mientras la luna acariciaba el pueblo con su luz plateada, Gala vio una lumbre diminuta que danzaba cerca del borde del acantilado. Era como una estrella curiosa que se había escapado del cielo. Sin pensarlo, Gala se puso su chaquetita azul, cogió una linterna y salió de casa en puntillas. La lumbre brillaba y saltaba, guiando a Gala por los senderos de piedra, entre las casas dormidas, hasta llegar al borde más alto de la gran roca.

La lumbre titiló y bajó por un camino secreto, escondido entre musgo y flores que solo se abrían de noche. Gala la siguió, sintiendo cómo el misterio la abrazaba con ternura. El sendero serpenteaba hacia abajo, entre raíces y luces de luciérnagas, hasta llegar a un claro oculto detrás de una cascada.

En el claro, Gala vio a un ser enorme sentado en el suelo: era un ogro. Pero no era un ogro como los de los cuentos de miedo. Este ogro tenía la piel verde como la hierba fresca, ojos grandes y redondos, y un par de orejotas que parecían dos paraguas. Vestía un chaleco hecho de parches de colores y tenía la cara llena de pecas doradas. Alrededor de él, pequeños pájaros dormían, y una cabra roncaba suavemente, apoyada en su rodilla.

El ogro sollozaba bajito y el eco de su voz llenaba el claro de suspiros. Gala sintió un poquito de miedo, pero mucho más de curiosidad y compasión. Se acercó despacito y, con voz suave, preguntó:

—Señor Ogro, ¿por qué llora usted?

El ogro se secó una lágrima con su gran dedo y suspiró:

—He perdido mi canción. Sin ella, nadie en el pueblo puede escuchar la melodía mágica al amanecer. Yo la cuidaba, pero anoche, una luz se la llevó volando…

Gala miró a la lumbre, que flotaba cerca del ogro, como si escuchara la conversación. Entonces, pensó que quizá la lumbre sabía algo.

—¿Podemos buscarla juntos? —preguntó Gala. El ogro asintió, sorprendido y agradecido.

La búsqueda en el bosque de nubes

Juntos, Gala, el ogro y la lumbre viajaron por el bosque de nubes, un sitio donde los árboles tenían hojas de cristal y los caracoles dormían en las ramas. El bosque estaba lleno de sonidos: carcajadas de hadas, murmullos de viento, y campanitas que tintineaban en la niebla. Pero no había rastro de la canción.

De pronto, la lumbre se escondió detrás de un arbusto brillante. Gala se acercó y vio a una pareja de ratones peleando por una miga de pan. Los ratones chirriaban y chirriaban, sin escucharse el uno al otro. Gala se arrodilló y, usando su voz más dulce, dijo:

—Si comparten la miga, los dos podrán disfrutarla, y su canto será hermoso.

Los ratones miraron a Gala, al ogro y luego a la lumbre. Se sonrieron, rompieron la miga y, al hacerlo, una nota musical flotó en el aire. La nota era parte de la canción perdida.

—¡Mira, Gala! —exclamó el ogro, con una sonrisa llena de dientes—. La canción no está en un solo lugar. ¡Está en la bondad!

La lumbre bailó de alegría y los guió hacia un estanque pequeño, donde una familia de ranas competía a ver quién saltaba más lejos. Cada vez que una rana ganaba, las demás protestaban.

—¿Por qué no saltan todas juntas? —propuso Gala—. Así, la charca se llenará de chapoteos y risas a la vez.

Las ranas lo intentaron y, al saltar juntas, brotó otra nota de la canción, chispeante y alegre. El ogro aplaudió tanto que los árboles tintinearon.

El regreso de la canción

Gala, el ogro y la lumbre siguieron ayudando a quien lo necesitaba: compartieron risas con las luciérnagas, ayudaron a los topos a encontrar su camino y contaron historias a los grillos para que todos se sintieran importantes. En cada gesto de igualdad, una nota musical volaba y se unía al aire, hasta formar una melodía suave y brillante que hacía cosquillas en los corazones.

Cuando el cielo empezó a clarear, la lumbre los llevó de regreso al pueblo, guiando la canción reconstruida. El ogro, Gala y la lumbre subieron por el camino secreto y, al llegar, la melodía flotó sobre las casas, despertando a todos con su magia.

Los vecinos salieron a las ventanas, asombrados y felices. Gala e invitó al ogro a cantar con ella en la plaza. El ogro cantó con su voz grande, Gala con su voz dulce y, juntos, todos los habitantes del pueblo se unieron. Niños, adultos, animales y la propia lumbre bailaron y cantaron, compartiendo la alegría por igual.

Desde entonces, el canto mágico no volvió a perderse nunca más, porque Gala y el ogro recordaron a todos que la melodía más hermosa nace cuando todos son escuchados, respetados y aceptados por igual, como una orquesta de amigos en el mágico pueblo de Piedraverde.

Y así, cada día, la luz y la canción llenaban el aire y nadie, ni siquiera el ogro más tímido o el ratón más pequeño, se sentía diferente o solo, porque la verdadera magia estaba en la igualdad y la amistad.

Y colorín colorado, este cuento encantado ha terminado.

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Acantilado
Roca alta junto al mar con lados muy empinados.
Tejado
Parte superior de una casa que protege de la lluvia y el sol.
Colgaban
Estaban puestas hacia abajo como si se sujetaran sin tocar el suelo.
Melodía
Conjunto de sonidos musicales que suenan bonitos y ordenados.
Titiló
Brilló poco a poco con luz pequeña y parpadeante.
Musgo
Planta verde y suave que crece en las piedras y lugares húmedos.
Cascada
Agua que cae desde arriba formando una cortina brillante.
Sollozaba
Lloraba en voz baja y con respiraciones fuertes.
Compasión
Sentir tristeza por otro y querer ayudarlo con cariño.
Luciérnagas
Insectos que tienen una luz pequeña en su cuerpo por la noche.

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