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Cuento de Policía 5/6 años Lectura 6 min.

La guardiana Ana y el juego de decir stop

Ana, una guardiana de la paz, recorre el barrio ayudando a vecinos y enseñando a los niños a expresarse y resolver conflictos con un juego llamado "Stop".

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Una mujer policía sonriente y amable, de unos cuarenta años, pelo castaño recogido en cola, uniforme azul claro con gorra, agachada mostrando la palma de la mano en señal de "Stop", expresión cálida; un niño, Hugo, de unos 8 años, pelo castaño corto, sostiene una gran pelota roja bajo el brazo y mira a la policía con vacilación a su derecha; una niña, Carla, de unos 7 años, con una larga trenza castaña y vestido amarillo algo sucio de juego, mira la pelota con gesto sombrío y luego una sonrisa tímida a la izquierda de Hugo y cerca de la policía; un niño pequeño perdido de unos 3 años, rubio y con pijama o camiseta de rayas, sujeta la mano de la policía y mira al padre en el fondo; la plaza del pueblo está empedrada con piedras claras, fuente redonda en el centro, bancos de madera, árboles de hojas verdes claras y edificios pastel al fondo, luz suave de final de la tarde y sombras largas; la escena muestra el juego "Stop": la policía enseña a los niños a levantar la mano para decir "Stop", miradas atentas, gestos claros, sonrisas y ambiente de ayuda y respeto mutuo. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La sonrisa de la guardiana Ana

Ana se pone su uniforme azul cada mañana. Antes de salir, se mira en el espejo, se acomoda la gorra y sonríe. Es guardiana de la paz, la policía del barrio. Su trabajo es ayudar a todos, escuchar y cuidar que todo esté tranquilo.

Hoy, como cada día, Ana camina despacio por las calles. Saluda a la panadera, ayuda a un niño a cruzar la avenida y recoge una carta del suelo para entregársela a su dueña. Le gusta hablar con la gente y preguntar cómo están. Todos dicen: “Hola, Ana”. Ella responde con dulzura.

Unos niños juegan en la plaza. Ana se acerca, les pregunta si se divierten. Ellos asienten, pero de pronto uno grita más fuerte. Ana se agacha y les pregunta qué pasa. Un niño, Hugo, dice que su amiga Carla quiere jugar con la pelota, pero él no quiere compartir. Carla, con carita triste, explica que solo quiere intentarlo una vez.

Ana piensa y sonríe. Les dice: “¿Os gustaría jugar a un juego de policías? Es fácil y muy divertido. Se llama ‘Decimos Stop'”. Los niños se agrupan a su alrededor, atentos y curiosos.

Capítulo 2: El juego de decir Stop

Ana explica: “En mi trabajo, a veces ayudo a la gente a ponerse de acuerdo. Los policías usamos palabras para que todos se sientan bien y seguros. El juego funciona así: Cuando alguien no quiere algo, levanta la mano y dice ‘Stop'. Todos paran y escuchan”.

Los niños abren los ojos, sorprendidos. Ana les pide que hagan una ronda. Hugo tiene la pelota. Carla se acerca y le pide jugar. Hugo duda, pero Ana le sonríe y le dice: “Recuerda, puedes decir lo que sientes”. Hugo mira a su amiga y dice: “Ahora no quiero, pero en un rato sí”. Carla respira hondo y dice: “Vale, espero”.

Ana anima a todos a intentarlo. De pronto, otro niño, Pablo, quiere ser el primero en la fila del tobogán. Marta levanta la mano y dice: “Stop, yo estaba antes”. Pablo se detiene y pregunta: “¿De verdad? No lo vi”. Marta asiente. Pablo dice: “Perdón, no me di cuenta”. Todos sonríen y aplauden.

“¡Muy bien!”, dice Ana. “Así, cuando escuchamos y hablamos, todo es más fácil. Los policías también resolvemos problemas hablando. A veces, solo hay que escuchar y buscar juntos una solución”. Los niños ríen y siguen jugando, usando el ‘Stop' cuando hace falta. Ana les explica que en su trabajo es importante ser paciente, escuchar con atención y ayudar a que todos estén tranquilos.

Capítulo 3: La tarde tranquila

Después del juego, Ana se sienta en un banco. Un abuelo se acerca y le pregunta cómo está. Ana le cuenta que ha jugado con los niños y que todos han aprendido a decir lo que sienten. El abuelo sonríe. “A veces, los adultos también necesitamos recordar eso”, dice.

Ana mira a su alrededor. Ve a una mamá con su bebé, a una señora paseando a su perro y a un grupo de niños jugando felices. Ana se siente contenta. Piensa que ser policía no es solo cuidar que nadie haga travesuras. Es ayudar a las personas, escuchar, y recordar que todos somos parte de la ciudad.

Antes de irse, Ana ve a un niño pequeño que busca a su papá. Se acerca, se agacha y le pregunta con voz suave: “¿Quieres que te ayude a buscar a tu papá?”. El niño asiente y coge la mano de Ana. Juntos caminan despacito por la plaza, hasta que el niño ve a su papá y corre a abrazarlo. Ana sonríe y saluda con la mano.

Capítulo 4: Dulces sueños para una guardiana

El sol se pone y la plaza se va quedando vacía. Ana se despide de todos. Camina de regreso a casa. Está cansada, pero feliz. Ha ayudado a niños y a mayores, ha enseñado a decir stop y ha hecho del barrio un lugar más amable.

Al llegar a casa, Ana se quita el uniforme y se pone su pijama favorito, de color azul con estrellas. Se mete en la cama, cierra los ojos y piensa en los niños jugando, en los abrazos, en las risas. Sabe que mañana habrá más aventuras, más juegos y más personas a las que cuidar.

Ana respira despacio, se arropa y se siente en paz. Sabe que ser guardiana de la paz es un trabajo importante: escuchar, ayudar, proteger y enseñar a todos a convivir. Y así, con una sonrisa tranquila, Ana se prepara para un sueño reparador, lista para seguir cuidando a su gente cada nuevo día.

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Guardiana de la paz
Persona que cuida y ayuda para que todo esté tranquilo en el barrio.
Avenida
Calle ancha por donde pasan coches y personas.
Dueña
Persona que tiene algo y es responsable de ello.
Se agacha
Bajar el cuerpo hacia abajo doblando las piernas un poco.
Agrupan
Cuando varias personas se juntan en un mismo lugar.
Atentos
Estar mirando y escuchando con cuidado para no perder nada.
Curiosos
Querer saber o ver cosas nuevas con interés.
Levanta la mano
Subir la mano para decir o pedir algo en grupo.
Resolvemos
Buscar una solución y arreglar un problema juntos.
Sueño reparador
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