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Cuento divertido sobre los amigos 7/8 años Lectura 11 min.

La fuente bromista y el misterio de las risas

Paula y Lucía investigan el extraño comportamiento de una fuente bromista que responde a las risas, convirtiendo la tarde en un juego de adivinanzas y amistad.

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Hay dos niñas: Paula, 8 años, cabello castaño recogido en coletas, camiseta amarilla con lunares blancos, vaqueros algo mojados, sostiene una libreta pequeña en la mano izquierda y mira la fuente sonriendo; está de pie a la derecha junto al borde de la fuente; Lucía, 8 años, cabello negro corto, sonrisa radiante, sentada en una silla de ruedas roja con pegatinas, una mano en la rueda inclinándose hacia delante; está a la izquierda de Paula, algo adelantada, recibiendo una salpicadura en los zapatos. Lugar: pequeño parque de barrio al crepúsculo, pavimento adoquinado húmedo, bancos de madera con manchas de agua, un arbusto verde detrás de la fuente y un gran árbol de hojas redondeadas al fondo. La fuente central es de piedra, con un chorro principal en arco y varios chorros pequeños en patrones irregulares; las gotas brillan como perlas. Situación: las amigas juegan y ríen cerca de una fuente traviesa que lanza salpicaduras; el agua forma arcos luminosos y pequeñas gotas que estallan a su alrededor, ambiente alegre y dinámico con risas, gestos de sorpresa, ropa húmeda y reflejos dorados. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1 – El misterio de la fuente traviesa

En el centro del barrio había un parque con una fuente muy especial. No era una fuente cualquiera: tenía fama de ser muy bromista. En cuanto alguien se acercaba, el chorro de agua cambiaba de dirección y salpicaba a quien menos lo esperaba. Allí se encontraban siempre Paula y Lucía, dos amigas inseparables de ocho años.

Paula era muy lógica, le encantaban los acertijos y siempre llevaba una libreta llena de preguntas raras. Lucía, su mejor amiga, tenía una risa contagiosa y se movía en silla de ruedas, pero eso nunca la detenía para nada. Juntas formaban el dúo más divertido del barrio.

Un día soleado, las dos amigas llegaron al parque, listas para pasar la tarde entre juegos y bromas. Paula traía en la cabeza una adivinanza nueva y no veía el momento de contársela a Lucía. Pero, al cruzar el parque, vieron algo extraño: la fuente no echaba agua en el centro como siempre, sino que lanzaba chorros a los lados, mojando los bancos y a un pobre perrito que pasaba por allí.

“¿Has visto eso, Lucía? La fuente está haciendo de las suyas otra vez”, dijo Paula, riéndose.

Lucía se tapó la boca para no soltar una carcajada muy fuerte. “¡Parece que hoy quiere jugar con nosotras! ¿Te atreves a acercarte?”

Paula asintió y, con paso decidido, se acercó a la fuente. Lucía fue detrás, rodando con habilidad por el camino de piedras. Ambas sabían que la fuente era bromista, pero nunca les había hecho nada malo. Solo salpicaba un poco y luego se quedaba tranquila, como si nada.

De repente, el chorro de agua cambió de dirección y ¡splash! Salpicó justo a los pies de Lucía, levantando agua y haciendo que ambas amigas gritaran de sorpresa y luego estallaran en risas. Era imposible enfadarse con la fuente traviesa.

Paula se secó los pantalones y, con una sonrisa, dijo: “Tengo una adivinanza para ti, Lucía. ¿Qué es algo que tiene agujeros pero aún así puede contener agua?”

Lucía pensó un momento, mientras se apartaba de otro chorrito de agua que intentaba mojarla. “¡Una esponja!”, respondió, y ambas chocaron las manos celebrando.

Pero entonces, se dieron cuenta de que la fuente no paraba de moverse. “¿Y si la fuente nos está haciendo una adivinanza a nosotras?”, preguntó Paula.

Lucía abrió los ojos con asombro. “¡Eso sería genial! ¿Y si intentamos resolverla?”

Las dos amigas se miraron con complicidad. Tenían una misión: descubrir qué quería decirles la fuente bromista.

Capítulo 2 – El plan de las superamigas

Las chicas se sentaron en el banco menos mojado y empezaron a observar la fuente. Paula sacó su libreta, apuntando todo lo que veía. Lucía, mientras tanto, buscaba patrones en los chorros de agua.

“Parece que la fuente apunta a los bancos primero, luego al arbusto, y después al camino”, dijo Lucía, siguiendo con el dedo el recorrido del agua.

“Y siempre hace un chorro largo, uno corto y dos rápidos”, añadió Paula, anotando todo.

De repente, un grupo de niños se acercó, pero al ver los chorros locos, se echaron atrás, muertos de risa. Uno de ellos gritó: “¡La fuente está loca hoy!”

Paula y Lucía se miraron. Aquello era más divertido de lo que pensaban. Decidieron que, si la fuente quería jugar, ellas también jugarían.

“¿Y si intentamos predecir el próximo chorro?”, propuso Paula.

Lucía aceptó el reto. “Si aciertas, te invito a un helado. Si fallo, me toca a mí invitarte.”

Las dos amigas se colocaron cerca de la fuente, listas para esquivar el agua. Paula observó, calculó y dijo: “Ahora va a salir por la derecha… ¡ya!”

Pero la fuente, como si hubiera escuchado, cambió de opinión y lanzó el chorro por la izquierda, salpicando el zapato de Paula. Lucía se rio tanto que casi se cae de la silla.

“¡Te toca invitarme al helado!”, gritó Lucía entre carcajadas.

Paula hizo una mueca divertida. “¡Trato hecho! Pero ahora, vamos a intentar algo diferente.”

Decidieron que la mejor forma de entender a la fuente era trabajar en equipo. Paula se encargó de la libreta y de observar los chorros. Lucía, con su agilidad para moverse, iría probando acercarse a diferentes partes para ver si la fuente reaccionaba distinto.

Mientras tanto, la fuente seguía con sus bromas. Un chorro de agua lanzó una hoja al aire y cayó justo sobre la cabeza de Paula, como si fuera un sombrero. Lucía no pudo evitar reírse aún más.

“¡Parece que la fuente también quiere participar en la adivinanza!”, exclamó.

Y así, entre risas y juegos, las dos amigas se propusieron resolver el misterio de la fuente bromista.

Capítulo 3 – Malentendidos y risas a chorros

Paula y Lucía decidieron preguntar a otros niños si habían notado algo raro en la fuente. Se acercaron a Marta y Diego, que jugaban cerca del tobogán.

“¿Habéis visto cómo se comporta la fuente hoy?”, preguntó Paula.

Marta asintió. “Sí, intenté llenar mi botella y me empapé entera. Creo que la fuente no quiere que nadie beba agua.”

“¡Eso no puede ser!”, protestó Lucía. “El agua es para todos. Seguro que hay una razón divertida.”

Diego intervino: “Ayer, la fuente no hacía nada raro. Solo hoy está tan bromista. ¿Será porque es viernes?”

Las amigas anotaron la teoría. Paula, que no podía evitar buscar lógica en todo, pensó en voz alta: “¿Y si la fuente tiene un horario de bromas?”

Lucía se rio. “¿Un horario para gastar bromas? ¡Eso sí que sería raro!”

Siguieron investigando. Se acercaron a la fuente y, de repente, un grupo de palomas voló bajo, asustando a todos. Paula soltó su libreta. Lucía la recogió rápidamente, pero al inclinarse, su silla resbaló un poco hacia un charco.

“¡Cuidado, Lucía!”, gritó Paula, corriendo a ayudarla.

Pero Lucía, con su habilidad de siempre, giró la silla y quedó perfectamente equilibrada. “¡Estoy bien! Solo fue un pequeño resbalón acuático”, dijo, haciendo una reverencia de broma.

En ese momento, la fuente lanzó un chorro hacia arriba, tan alto que una nube de gotitas cayó sobre todos. Marta gritó: “¡Parece que llueve solo aquí!”

Todos se pusieron a correr, pero la lluvia de la fuente era tan suave y divertida que nadie quería irse. Pronto, todos los niños estaban jugando alrededor, intentando adivinar por dónde saldría el siguiente chorro.

Paula, entre risas, gritó: “¡Esto es como una adivinanza gigante! ¿Dónde caerá el agua ahora?”

Lucía inventó un juego: “El que acierte, elige la siguiente adivinanza.”

Y así, todos se pusieron a jugar, riendo y esquivando los chorros de la fuente bromista.

Capítulo 4 – El gran descubrimiento

Mientras jugaban, Paula notó algo curioso: cada vez que alguien se reía muy fuerte, la fuente lanzaba un chorro más alto. Lo probó varias veces. Cuando Lucía soltó una carcajada, la fuente lanzó agua hacia el cielo. Cuando Paula se rio bajito, el agua apenas salió.

“¡Lucía, creo que la fuente responde a las risas!”, exclamó Paula.

Lucía no lo creía, así que probó otra vez. Rió con todas sus fuerzas y, efectivamente, la fuente lanzó un chorro enorme. Todos los niños se dieron cuenta y empezaron a reírse, a hacer cosquillas y a contar chistes. Cuanto más reían, más divertida se volvía la fuente.

“¡La fuente se alimenta de alegría!”, gritó Marta.

Diego propuso: “¡Hagamos un concurso de chistes y adivinanzas, a ver quién hace reír más a la fuente!”

Paula, feliz, sacó su libreta y leyó su mejor adivinanza: “Blanca por dentro, verde por fuera. Si quieres que te lo diga, espera…”

Lucía gritó la respuesta: “¡La pera!”

La fuente, como si aplaudiera, lanzó un chorro que casi llegó a la copa del árbol más alto. Todos aplaudieron y se rieron aún más fuerte.

Así, entre adivinanzas, chistes y carcajadas, la fuente se convirtió en la protagonista de la tarde. Todos querían contar su mejor historia y ver cómo reaccionaba.

Paula se dio cuenta de que, cuando todos cooperaban y se reían juntos, la fuente se volvía más bromista y juguetona. “¡Es como magia!”, dijo.

Lucía añadió: “Quizá la fuente solo quiere que nos divirtamos y estemos juntos.”

Capítulo 5 – Fiesta de amistad y risas

La tarde fue pasando y el parque se llenó de niños felices, todos mojados pero contentos. Paula y Lucía miraron a su alrededor y vieron que, gracias a la fuente bromista, todos estaban jugando juntos, ayudándose y compartiendo risas.

Paula se acercó a Lucía y le susurró: “¿Sabes qué he aprendido hoy? Que resolver misterios es más divertido cuando lo hacemos juntas.”

Lucía asintió, sonriendo de oreja a oreja. “Y que una buena carcajada lo arregla todo.”

Antes de irse, todos los niños se reunieron alrededor de la fuente y, como si fuera una fiesta, cantaron una canción inventada sobre las bromas de la fuente. La fuente, como agradecida, lanzó un último chorro suave que formó un arco iris pequeñito sobre sus cabezas.

Al final, Paula y Lucía, cansadas pero felices, se sentaron en el banco. Paula sacó su libreta y escribió: “Hoy, la mejor adivinanza fue descubrir cómo la amistad y las risas pueden convertir cualquier día en una fiesta.”

Lucía, medio dormida, murmuró: “Mañana volvemos, ¿verdad?”

Paula asintió, bajando la voz. “Claro. Porque mientras estemos juntas, cada día será una aventura llena de alegría, ayuda y, por supuesto, muchas, muchas risas.”

Y así, bajo el sol que se iba despidiendo, las amigas supieron que la fuente no era mágica porque echaba agua, sino porque, gracias a ella, todos habían compartido un momento inolvidable. Y cuando una amistad se llena de risas y ayuda, no hay misterio que no se pueda resolver.

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Bromista
Alguien o algo que hace bromas y juegos para divertir a los demás.
Adivinanza
Una pregunta o enigma para que otros intenten encontrar la respuesta.
Libreta
Un cuaderno pequeño donde se escribe ideas, notas o dibujos.
Carcajada
Una risa muy fuerte y larga que sale cuando algo es muy gracioso.
Complicidad
Cuando dos personas trabajan juntas y se entienden sin hablar mucho.
Equilibrada
Que está estable y no se cae, bien apoyada o balanceada.
Chorro
Una salida rápida y concentrada de agua o líquido.
Charco
Un pequeño depósito de agua en el suelo después de llover o mojarse.
Protagonista
La persona principal de una historia, la que más aparece.
Arco iris
Un dibujo de colores en el cielo que aparece después de la lluvia.

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