Era el cumpleaños de Sofi. Sofi era una niña muy alegre. Hoy cumplía cuatro años. "Quiero una fiesta mágica", dijo Sofi a su osito de peluche. "¡Sí, sí, una fiesta mágica!", respondió el osito.
Sofi salió al jardín. El sol brillaba. "¡Aquí haremos la fiesta!", pensó. De repente, un conejo con sombrero apareció. "Hola, Sofi", dijo el conejo. "¿Puedo ayudar?" Sofi sonrió y dijo, "¡Sí, claro!"
El conejo trajo globos. Muchos globos de colores. "¡Globos, globos!", cantaba Sofi. Sus amigos empezaron a llegar. Un hada con alas brillantes apareció. "¡Feliz cumpleaños, Sofi!", dijo el hada. "Te traigo flores mágicas." Las flores olían a caramelo. "¡Flores, flores!", rió Sofi.
Después, un dragón pequeño y verde llegó volando. "¡Hola, Sofi!", rugió suavemente. "Te traigo un pastel especial." El pastel tenía chispas de colores. "¡Pastel, pastel!", gritó Sofi.
Los amigos de Sofi jugaban y reían. El conejo, el hada y el dragón bailaban. "¡Qué divertido!", decía Sofi. De repente, empezó a llover un poquito. "Oh no", dijo el hada. "¡No pasa nada!", contestó Sofi, "¡Es lluvia mágica!"
La lluvia era de colores. Todos bailaban bajo la lluvia. "¡Risa, risa!", decía el dragón. "¡Feliz cumpleaños, Sofi!", cantaban todos. Sofi estaba feliz. "Gracias, amigos", dijo Sofi.
Al final del día, Sofi estaba cansada, pero contenta. "Fue la mejor fiesta", pensó Sofi. "Gracias, osito", susurró antes de dormirse. Y así, Sofi soñó con más aventuras mágicas.