La capitana Luna se puso su gorra azul y sonrió. El aeropuerto estaba tranquilo. Las luces eran suaves, como estrellas pequeñas.
A su lado estaba Nico, el copiloto. Nico era nuevo y miraba todo con ojos muy grandes.
“¿Lista?” preguntó Nico.
“Lista y contenta,” dijo la capitana Luna. “Ser piloto es cuidar del avión y de las personas. Y lo hacemos en equipo.”
Primero caminaron alrededor del avión. Luna señaló con calma.
“Miramos las alas. Miramos la cola. Miramos las ruedas. Así sabemos que todo está bien.”
Nico tocó la rueda con la mano, despacito. “Es redonda y fuerte.”
“Sí,” dijo Luna. “Y hoy nos ayudará a aterrizar suave.”
Luego subieron a la cabina. Había muchos botones, pero Luna no tenía prisa.
“Antes de volar, revisamos,” explicó. “Luces… bien. Combustible… bien. Radio… bien.”
Nico repitió: “Bien, bien, bien.”
Luna rió bajito. “Eso. Repetir ayuda a no olvidar.”
La torre habló por la radio: “Avión Luna, pueden salir.”
“Gracias,” respondió Luna. “Vamos juntos.”
El avión empezó a moverse lento, lento. Después corrió por la pista y, como un pájaro grande, subió al cielo.
Arriba todo era azul claro. Había nubes blancas como algodón.
“¡Qué bonito!” dijo Nico.
“Es bonito y también hay que mirar,” dijo Luna, señalando una pantalla. “Aquí vemos el tiempo.”
En el mapa apareció una mancha gris.
“¿Qué es eso?” preguntó Nico, un poquito curioso.
“Es una zona de lluvia y viento,” dijo Luna con voz suave. “No es para asustarse. Solo la evitamos.”
Luna puso el dedo en el camino verde. “Mira, Nico. Volamos por aquí, a un lado. Así el viaje es tranquilo.”
“¿Y yo qué hago?” preguntó Nico.
“Tú ayudas,” dijo Luna. “Tú miras afuera. Tú escuchas la radio. Tú confirmas conmigo.”
Nico miró por la ventana. “Nubes a la izquierda. Cielo tranquilo a la derecha.”
“Muy bien,” dijo Luna. “Trabajo en equipo.”
Pasaron junto a las nubes grises, pero lejos, lejos. El avión siguió suave, como una canción de cuna.
Más tarde, Luna dijo: “Vamos a bajar. Preparamos el aterrizaje.”
Nico leyó una lista corta: “Cinturones. Tren de aterrizaje. Flaps.”
“Correcto,” dijo Luna. “Juntos.”
La pista apareció abajo, larga y tranquila. Luna sostuvo el mando con manos firmes. Nico respiró lento.
“Estamos bien,” dijo Luna.
Y entonces, con un pequeño “toc”, una rueda tocó el suelo calmamente. Luego la otra. El avión rodó despacio, seguro y feliz.
Nico sonrió. “Aterrizamos suave.”
“Sí,” dijo la capitana Luna. “Cuando cooperamos, el cielo se siente como casa.”