El pirata Tom va en su barco, “Sol”. El mar hace “shh, shh”. Tom sonríe. Lleva un gorro rojo y una brújula.
En la cubierta está su amiga Lía, la gaviota. “¡Hola, Tom!”, dice. Tom responde: “¡Hola, Lía! Hoy buscamos un cofre”.
La brújula gira un poco. Tom mira bien. “Vamos por aquí”, dice. El timón cruje: “cri, cri”. Tom lo toma con manos firmes. Es valiente.
De pronto, una nube tapa el sol. Solo un poco. El agua salta “plas”. Lía ríe: “¡Qué cosquillas!”. Tom ríe también. “Mar travieso”, dice.
Ven una isla pequeña. Hay una palmera y una playa suave. Tom baja con su bote. En la arena hay huellas redondas. “¿Quién pasó?”, dice Tom.
Detrás de una roca, un cangrejo azul mueve sus pinzas. “¡Cli, cli!”, dice. Tom se agacha. “Hola, cangrejo. Busco un cofre”, dice. El cangrejo señala un montón de arena.
Tom usa una pala. Uno, dos, tres. Saca una caja. Pero está cerrada. Tom piensa. Mira su bolsillo. Tiene una llave dorada. “¡Ajá!”, dice.
La llave entra. “¡Clic!”. Se abre. Dentro hay galletas y una carta con un dibujo de corazón. Tom comparte galletas con Lía y con el cangrejo. “Mmm”, dice Lía.
Tom vuelve al barco. La nube se va. El sol calienta. El barco sigue: “shh, shh”.
Moral: Con calma, valor y amigos, cada búsqueda se vuelve feliz.