Había una vez tres niños que tenían casi tres años. Se llamaban Leo, Manu y Nico. Eran amigos. Iban a la playa con mamá y con una manta azul. El sol estaba suave. El mar estaba tranquilo.
Los tres niños jugaron con la arena. Hicieron un castillo pequeño. Luego escucharon un chapoteo. Vieron una tortuga pequeña que nadaba cerca. La tortuga miró a los niños y sonrió con los ojos. La tortuga se llamaba Timo.
"Vamos a explorar", dijo Leo. "Sí", dijo Manu. "Vamos", dijo Nico. Las mamás estaban cerca. Dijeron: "Id despacio y coged las manos de Timo." Los niños cogieron la mano de la tortuga con ternura. Timo los llevó por el agua poco a poco.
Bajo el agua había luz que brillaba. La luz era suave y azul. Había peces que brillaban en colores. Los peces eran pequeños y curiosos. Brillaban y se escondían entre las rocas. Los niños los miraban con ojos grandes. "Mira, mira", dijo Manu. "¡Qué bonito!", dijo Nico.
Más lejos, en un jardín de algas, vieron algo moviéndose. Era una pulpo. La pulpo era amiga. Tenía brazos largos y suaves. Estaba un poco triste. Sus brazos se enredaron en unas algas. La pulpo cambió de color. Primero fue azul. Luego fue rojo. Luego se volvió verde. Los niños nunca habían visto una pulpo que cambiaba de color. Les dio ganas de ayudar.
"¿Estás bien?", preguntó Leo. "¿Te duele?" La pulpo miró con sus ojos redondos. Parecía cansada. Los niños se miraron. Fueron valientes. No tenían miedo. Pensaron con calma. Manu buscó con sus manos un trocito de alga. Nico sujetó una rama pequeña para hacer palanca. Leo tocó con cuidado los brazos de la pulpo para desenredar.
La pulpo se movió despacio. Sus colores fueron cambiando. Cuando los niños tiraron con cuidado, la pulpo se relajó. Se volvió de un color morado muy suave. Los niños sintieron alegría. Habían ayudado. La pulpo abrazó a la tortuga con un brazo. Las mamás aplaudieron desde la orilla.
La pulpo empezó a bailar bajo el agua. Cambiaba de color como un arcoíris. Amarillo, naranja, azul, rosa. Brillaba junto a las algas. Los niños aplaudían y cantaban una canción suave: "Pulpo, pulpo, amigo mar, gracias por dejarte ayudar." La pulpo contestó con burbujas alegres.
Timo la tortuga guió a los niños por un pasillo de luz. Vieron conchas que brillaban como estrellas. Vieron pececitos que pintaban la espuma. Todo era tranquilo. Todo era amable. Los niños se sintieron seguros.
Cuando el sol bajó un poco, las mamás dijeron que era hora de volver. Los niños saludaron a la pulpo. La pulpo cambió a un color cálido, como una nube al atardecer. Parecía decir adiós con cariño. Los niños prometieron volver.
De regreso en la arena, las mamás secaron las manos y abrazaron a Leo, Manu y Nico. Los niños estaban contentos y un poco cansados. Cerraron los ojos y recordaron los colores de la pulpo. Se durmieron en la manta azul, con la brisa del mar. Soñaron con luces marinas y amigos que cambian de color. Fue un día valiente, tierno y luminoso.