Parte 1
Érase una vez un príncipe pequeño llamado Bruno. Vivía en un reino encantado con torres como helados y nubes como algodón. En ese reino, la magia hacía cosquillas. Y todos reían, reían, reían.
Una mañana, el Rey dijo: “Bruno, hoy aprenderás los nombres de los jardines del castillo”.
Bruno aplaudió. “¡Sí, sí, sí! ¡Jardines, jardines, jardines!”
La Hada Mayordoma apareció con una campanita. “Primero, equilibrio”, cantó. “Ni correr demasiado… ni ir tan lento. Paso de príncipe: uno, dos… uno, dos”.
Bruno caminó “uno, dos”. Y su corona hizo “tilín”. “Me gusta el tilín”, dijo Bruno.
Parte 2
Llegaron al primer jardín. Había rosas rojas y una fuente que decía “glu-glu”. Un cartel brillante cantaba: “¡Jardín de las Rosas!”
Bruno lo repitió: “Jardín de las Rosas… Jardín de las Rosas”. Y olió una rosa. “¡Achís!” La rosa se rió. “Perdón, príncipe”, dijo la rosa, “es mi polen travieso”.
Siguieron “uno, dos”. Al segundo jardín. Allí las zanahorias bailaban. Un conejo con chaleco gritó: “¡Bienvenidos al Jardín de las Zanahorias Saltarinas!”
Bruno se rió: “¡Zanahorias saltarinas, saltarinas, saltarinas!” Una zanahoria saltó a su zapato y se quedó como si fuera un bigote naranja.
“¿Me veo serio?” preguntó Bruno.
“Te ves… muy zanahoria”, dijo el conejo. Y todos rieron.
Al tercer jardín, el aire olía a menta. Había un laberinto pequeñito, como un dibujo en el suelo. El cartel decía: “Jardín del Laberinto de Menta”.
Bruno entró muy rápido. “¡Yo puedo, yo puedo!”
Y salió por el mismo lado. “Oh”. Se quedó quieto.
El Hada Mayordoma susurró: “Equilibrio, Bruno. Ni demasiado rápido… ni demasiado pronto triste”.
Bruno respiró: “Uno, dos… uno, dos”. Y probó otra vez, despacito. Esta vez encontró el centro. En el centro había una galleta con forma de estrella.
Parte 3
Bruno volvió con el Rey. “Aprendí sus nombres”, dijo, con la galleta en la mano. “Jardín de las Rosas. Jardín de las Zanahorias Saltarinas. Jardín del Laberinto de Menta”.
El Rey sonrió: “¿Y qué aprendiste tú?”
Bruno tocó su corona: “Que el mejor paso es el equilibrado. Uno, dos… y risas”.
La fuente hizo “glu-glu”, la rosa dijo “achís”, y una zanahoria saludó.
Y el reino se quedó suave, alegre y tranquilo, como una manta de cuentos.