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Cuento del Ramadán 7/8 años Lectura 9 min.

El primer ayuno de Samira

Samira vive su primer ayuno durante el Ramadán y descubre, entre la espera y los pequeños gestos familiares, lecciones de paciencia, generosidad y cariño.

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Niña de 8 años, serena y alegre, piel morena, cabello negro medio recogido con lazo azul, sentada al borde de una silla sosteniendo un dátil y un vaso pequeño de agua; madre (~35 años) con pañuelo celeste, manos en la mesa recitando una breve oración, de pie detrás; hermano mayor (~15 años) de expresión burlona y protectora, sentado a la izquierda ofreciendo un plato pequeño de frutas; abuela (~70 años) de rostro arrugado y bondadoso con chal bordado besando la sien de la niña, de pie a la derecha; mesa redonda de madera con mantel crema de motivos geométricos, platos de cerámica azules, tazones de sopa humeante, fuente de dátiles brillantes, cesta de pan y pequeños pasteles coloridos; luz naranja del atardecer entrando por una gran ventana con cortinas finas, sombras suaves y reflejos cálidos; ambiente cálido y sereno de ruptura del ayuno con gestos tiernos y sonrisas compartidas, composición centrada en la niña, colores vivos y texturas de pintura acrílica. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El primer amanecer

La luz de la mañana entraba suavemente por la ventana de la habitación de Samira. Se despertó con el sonido del despertador, mucho antes de lo habitual. Su madre, envuelta en un suave pañuelo azul, entró silenciosa y le acarició la mejilla.

—Hoy es especial, Samira. Es tu primer día de ayuno —le susurró con una sonrisa cómplice.

Samira se sentó en la cama, sintiendo un cosquilleo de emoción y un poquito de nervios. No era la más habladora de la familia, pero estaba decidida. Había esperado este momento desde que vio a su hermano mayor participar el año pasado. Ahora era su turno.

En la cocina, la mesa estaba llena de cosas ricas: dátiles dulces, un vaso de leche tibia, pan recién tostado y un poco de miel. El aroma hacía cosquillas en la nariz de Samira, quien comió despacio, saboreando cada bocado. Nadie tenía prisa. Su padre le guiñó un ojo mientras le ofrecía otro trocito de pan.

Después del desayuno, Samira se lavó la cara y se asomó a la ventana. El cielo todavía estaba oscuro, pero en la calle ya se oía el canto de algún pájaro madrugador. Todo parecía nuevo y diferente, como si el mundo guardara un secreto especial solo para ella.

Al salir al colegio, Samira notó que sus pasos eran más ligeros. A veces, el estómago le recordaba que no volvería a comer hasta la puesta de sol, pero eso no le importaba. Se preguntaba qué sentiría a lo largo del día y si sería difícil. Pero sobre todo, pensaba en la alegría de compartir algo tan importante con su familia.

Capítulo 2: Descubriendo el día

En el aula, la profesora hablaba sobre los planetas, pero Samira pensaba en la luna nueva y en las estrellas que veía cada noche en el cielo del Ramadan. Su amiga Lucía le preguntó en voz baja:

—¿Por qué no has traído tu merienda hoy?

Samira sonrió tímidamente y, con un hilo de voz, respondió:

—Estoy ayunando. Es mi primer día.

Lucía abrió mucho los ojos, sorprendida. Pero en vez de preguntar más, le ofreció un dibujo de un sol sonriente. Samira lo guardó en su estuche, sintiéndose acompañada.

A la hora del recreo, Samira se sentó en el banco más soleado del patio. Observó cómo sus compañeros jugaban, corrían y reían. Algunos comían bocadillos, otros compartían zumos. Samira sintió un pequeño rugido en el estómago, pero pensó que era como una pequeña nube que pasaba rápido por el cielo. Pronto, la nube se alejó y ella volvió a sonreír.

Por la tarde, al volver a casa, Samira ayudó a su madre a preparar la mesa para la ruptura del ayuno. Juntas cortaron frutas, pusieron agua fresca y colocaron los platos con cuidado. Su madre le enseñó cómo doblar las servilletas en forma de estrella, y Samira se concentró tanto que olvidó el hambre. Solo pensaba en la alegría de ver la mesa tan bonita.

Cuando su abuela llegó, le trajo un pequeño regalo: una pulsera de cuentas de colores. Samira la miró brillar bajo la luz y se la puso en la muñeca. Sentía que cada cuenta tenía un deseo secreto: uno para la paciencia, otro para la alegría y otro para la generosidad.

Capítulo 3: Esperando el atardecer

Las horas antes de la puesta de sol parecían alargarse como chicle. Samira se tumbó en la alfombra del salón y hojeó su libro favorito. Su hermano mayor se sentó a su lado y le contó una historia graciosa sobre un camello despistado que se olvidaba de beber agua. Samira se rió, y por un momento se olvidó de mirar el reloj.

En la cocina, el aroma de la sopa llenaba la casa. A veces, Samira se acercaba a la ventana para ver cómo el cielo cambiaba de color, del azul claro al naranja suave. Su madre la llamó y juntas prepararon una bandeja con dulces para compartir con los vecinos. Samira los envolvió en servilletas de colores y los llevó con su hermano. Cuando llamaban a una puerta, el saludo siempre era cálido, y la sonrisa de la vecina era tan dulce como los pasteles.

—Gracias, Samira, eres muy generosa —le decían.

Samira sentía un calorcito en el pecho, como si el sol se hubiera guardado dentro de ella.

De vuelta a casa, el reloj parecía ir más rápido. Los minutos antes del iftar eran mágicos: todos estaban juntos, tranquilos, esperando. Nadie se quejaba ni tenía prisa. Samira escuchó cómo su padre recitaba una pequeña oración y, de repente, se oyó la voz de su madre:

—¡Ya es hora!

Capítulo 4: La alegría compartida

Samira tomó un dátil y un sorbo de agua. El sabor era tan dulce que cerró los ojos, sintiendo una alegría silenciosa, como un secreto bonito. Todos aplaudieron suavemente y se abrazaron. La abuela le besó la frente y le susurró:

—Estoy muy orgullosa de ti, pequeña.

La cena era sencilla pero deliciosa: sopa caliente, pan tierno, frutas frescas y dulces especiales. Samira se sentía ligera y llena de gratitud. Su hermano le hizo una broma y todos rieron. Después, la familia se sentó en círculo y compartieron historias divertidas y recuerdos de otros Ramadans.

Samira miró a sus padres y pensó que la espera había valido la pena. No solo por la comida, sino por la alegría de estar todos juntos, de compartir, de regalar dulces y sonrisas. El hambre se había ido, y en su lugar había una paz tranquila y brillante.

Antes de irse a dormir, Samira abrió la ventana de su habitación. El aire era fresco y el cielo estaba lleno de estrellas. Se sentó en la cama, acariciando la pulsera de cuentas de colores, y pensó en todo lo que había aprendido ese día: la paciencia, la generosidad y la alegría de esperar juntos.

Capítulo 5: El día de Eid

El sol asomaba tímido entre las cortinas cuando Samira se despertó. Era el día de Eid, la gran fiesta. En casa todos se vestían con ropa bonita y perfumada. Samira eligió su vestido favorito: azul cielo, igual que el pañuelo de su madre.

En el salón, la mesa estaba decorada con flores y globos. Había dulces de todos los colores, zumos y pasteles. Samira ayudó a su abuela a preparar los últimos detalles. Pronto llegaron los vecinos y los primos, trayendo sonrisas y abrazos. Se oyeron risas, canciones y felicitaciones suaves.

Samira recibió pequeños regalos, pero lo que más le gustó fue ver a todos compartir, ayudar y cuidarse unos a otros. Durante la comida, su padre levantó el vaso y dijo:

—Hoy celebramos la generosidad, la paciencia y la alegría de estar juntos.

Samira miró a su familia y sintió una paz tranquila, como una brisa suave. Sabía que, aunque era discreta, su corazón brillaba con la alegría de compartir. Cerró los ojos un instante y deseó que cada día pudiera ser tan cálido y lleno de bondad.

Esa noche, antes de dormir, Samira pensó en el día y en todo lo vivido. Se abrazó a su almohada, sonrió y supo que la verdadera alegría está en el corazón, en los pequeños gestos de amor y en la magia de esperar juntos.

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Susurró
Habló muy bajito, casi como un secreto, para que otros no oyeran.
Cosquilleo
Sensación ligera que hace querer sonreír o moverse un poco.
Dátiles
Fruta dulce y blanda que se come a menudo al romper el ayuno.
Madrugador
Persona o animal que se despierta o actúa muy temprano por la mañana.
Ayuno
Periodo en que una persona no come ni bebe desde la mañana hasta la tarde.
Ruptura del ayuno
Momento en que se deja de ayunar y se toma la primera comida del día.
Puesta de sol
Cuando el sol baja en el cielo y el día se convierte en noche.
Iftar
Palabra que significa la comida con la que se rompe el ayuno al atardecer.
Pulsera de cuentas de colores
Adorno para la muñeca hecho con pequeñas bolas de colores ensartadas.
Generosidad
Acto de dar o compartir con los demás sin esperar algo a cambio.
Gratitud
Sentir agradecimiento y alegría por algo que alguien hizo por ti.

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