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Cuento de viaje en el tiempo 5/6 años Lectura 7 min.

El misterio de la tuerca dorada y la máquina del tiempo

Mateo y sus tres amigos encuentran una máquina del tiempo en el desván y viajan a una feria de inventos del pasado, donde deberán resolver el misterio de una tuerca dorada que altera las creaciones.

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Hay cuatro niños: Mateo (unos 9 años), pelo castaño corto, rostro sereno, camisa verde a cuadros, sostiene un cuaderno garabateado; Lucía (unos 8 años), pelo castaño claro recogido en coleta, sonriente, vestido amarillo con lunares, levanta una manta polvorienta a la izquierda de Mateo; Diego (unos 9 años), pelo negro rizado, en una pequeña silla de ruedas de madera y metal, camiseta azul, gira una gran rueda roja a la derecha; Pablo (unos 9 años), pelo rubio corto, chaqueta marrón, se agacha delante de un pequeño robot de madera sosteniendo una tuerca dorada. Están en un ático antiguo de tablas claras y vigas vistas, luz dorada entra por una claraboya polvorienta, cajas y objetos viejos en las paredes, tono cálido. Los cuatro descubren una antigua máquina del tiempo con ruedas coloridas, botones redondos y un gran dial dorado en el centro; la máquina emite pequeñas luces azules y chispas suaves, y los niños la observan concentrados y maravillados, con una atmósfera de aventura curiosa. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: Un descubrimiento curioso

Mateo era un niño bastante callado. Le gustaba observar y escuchar más que hablar. Siempre llevaba un cuaderno pequeño en el bolsillo, donde dibujaba y anotaba todo lo que le llamaba la atención. Tenía tres amigos: Lucía, que era muy risueña; Diego, que andaba en silla de ruedas y siempre tenía ideas divertidas; y Pablo, que era muy curioso y rápido para correr.

Un día, después de clases, los cuatro decidieron explorar el desván de la abuela de Mateo. Había cajas de madera, relojes antiguos, sombreros polvorientos y un brillo misterioso bajo una manta vieja. Cuando levantaron la manta, descubrieron una máquina extraña, llena de ruedas y botones de colores. En el centro, un reloj dorado giraba sin parar.

—¿Qué será esto? —susurró Pablo, mirando los botones.

Mateo se acercó para observar de cerca. En la máquina, había un papel pegado con letras grandes: “Máquina para viajar en el tiempo. Usar con atención y mucha curiosidad”. Lucía soltó una risita y Diego giró una de las ruedas. La máquina hizo “clic”, “clac” y, de repente, la habitación empezó a girar despacito, como un carrusel silencioso.

Mateo tuvo la sensación de flotar. Cerró los ojos y apretó fuerte su cuaderno. Un viento fresco sopló, olía a madera y a pan recién horneado.

Cuando abrieron los ojos, ya no estaban en el desván de la abuela. Se encontraban en una plaza llena de gente sonriente, bajo banderines de colores. Parecía otro tiempo. Un cartel anunciaba: “¡Gran feria de inventos del año 1784!”

Capítulo 2: La feria de inventos

Mateo y sus amigos miraban todo asombrados. Había globos enormes de papel, relojes gigantes que caminaban solos, ruedas que giraban sin parar y mesas llenas de inventos raros y brillantes. Los inventores vestían con capas largas y sombreros altos. Cada uno mostraba su creación con orgullo.

Un inventor ofrecía un carruaje que podía moverse sin caballos. Otro tenía una lámpara que cambiaba de colores. Al fondo, una niña vestida con un abrigo azul enseñaba una caja que, según ella, podía grabar los sonidos del viento. Lucía se reía al ver un pájaro de metal que cantaba al moverle el pico.

Diego acercó su silla a un hombre que mostraba un telescopio gigante. El inventor le explicó cómo podía ver las estrellas aún de día. Mateo sacó su cuaderno y dibujó el telescopio, mientras Pablo tomaba notas sobre un pequeño robot de madera.

De pronto, escucharon un murmullo. Había un grupo de inventores discutiendo. Uno de ellos, un hombre de barba blanca, parecía preocupado. Su máquina del tiempo no funcionaba. Decía que había perdido una pieza importante: una tuerca dorada con forma de estrella. Sin esa tuerca, la máquina no podría mostrar los inventos del futuro.

Mateo sintió un cosquilleo en los dedos. Miró a sus amigos y sacó una nota de su cuaderno: “Ayudar a encontrar la tuerca”.

Capítulo 3: El misterio de la tuerca dorada

Los niños comenzaron a buscar la tuerca dorada por toda la feria. Lucía miró debajo de la mesa de los relojes, Diego preguntó a los inventores y Pablo miró por detrás de las cortinas. Mateo, como siempre, observaba en silencio. Pensaba en las pistas y anotaba cada cosa rara que veía.

En el cuaderno de Mateo apareció un dibujo: había visto una sombra extraña junto al robot de madera. Se acercó despacito y notó que el robot tenía una tuerca diferente en la cabeza; brillaba más que las demás y tenía forma de estrella.

Mateo llamó a sus amigos con señales. Observando con atención, juntos se dieron cuenta de que el robot había rodado cerca de la otra máquina. Quizás, sin querer, la tuerca se había soltado y el inventor la puso en el robot, pensando que era suya.

Diego fue el primero en hablar con el inventor del robot. Le explicó que la tuerca podía pertenecer a otra máquina y que solo querían comprobarlo. El inventor, con una sonrisa amable, aceptó. Juntos desenroscaron la tuerca y, al instante, el robot dejó de girar y quedó muy quieto. La tuerca dorada brilló aún más.

Lucía llevó la tuerca al inventor de la máquina del tiempo. Juntos todos la pusieron en su sitio. La máquina empezó a emitir luces suaves y hacía un sonido alegre, como campanitas. El inventor, feliz, agradeció a los niños y les enseñó cómo funcionaba su máquina.

Los amigos aprendieron que, a veces, las cosas viajan y se mezclan, y que es importante escuchar y observar para descubrir la verdad. Mateo escribió en su cuaderno: “Escuchar ayuda a resolver los misterios del tiempo”.

Capítulo 4: De vuelta al presente

La feria fue un éxito, todos aplaudieron los inventos y celebraron la reparación de la máquina del tiempo. El inventor les regaló a Mateo y sus amigos unas pequeñas brújulas de madera, para que nunca se pierdan, ni en el tiempo ni en el espacio.

El sol empezó a bajar y el aire olía a pastel de manzana. Los niños sintieron que la máquina del tiempo de la abuela vibraba en sus bolsillos. Mateo miró a sus amigos y juntos se acercaron a la esquina donde aparecieron. Pulsaron el botón azul, y todo comenzó a girar suavemente otra vez. Volvían a casa.

Cuando abrieron los ojos, estaban de nuevo en el desván de la abuela. Todo estaba igual que antes: el polvo, los sombreros y los relojes. Solo que ahora, cada uno tenía una brújula y Mateo tenía muchas páginas nuevas en su cuaderno.

Al bajar del desván, los niños se miraron y sonrieron en silencio, como si supieran un secreto. Aprendieron que, para descubrir cosas importantes, hay que escuchar a los demás, observar y confiar en los amigos. También que cada época tiene sus maravillas y que, a veces, el mayor invento es prestar atención.

Esa noche, Mateo escribió su última nota: “Viajar en el tiempo es emocionante, pero escuchar y ayudar es lo que más enseña”. Guardó el cuaderno bajo la almohada y, antes de dormir, sonrió pensando en la próxima aventura.

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Desván
Una habitación arriba de la casa donde se guardan cosas viejas y cajas.
Cuaderno
Libro de papel donde se dibuja o escribe lo que uno observa o siente.
Inventor
Persona que crea cosas nuevas para ayudar o hacer algo diferente.
Inventores
Personas que imaginan y construyen máquinas o ideas nuevas.
Tuerca dorada
Pieza pequeña de metal, en forma de aro, que sujeta partes de máquinas.
Carrusel
Juego que gira en círculo, como los que hay en las ferias.
Vibraba
Movimiento pequeño y rápido que se siente o se oye en un objeto.
Brújulas
Pequeños instrumentos que muestran dónde está el norte para orientarse.
Misterioso
Algo que no se entiende y provoca curiosidad o sorpresa.
Sombra
Figura oscura que hace un objeto cuando la luz no pasa.

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