El maestro Juan abre la puerta de su clase con una gran sonrisa. Lleva una camisa azul y un reloj que hace tic-tac, tic-tac. Hoy tiene una sorpresa para todos: una franja nueva, llena de colores, va a decorar la pared. La franja muestra los días de la semana, unos soles, unas lunas y muchos animalitos pequeñitos.
Los niños entran poco a poco. Martina dice: “¡Qué bonito huele a pinturas nuevas!” Pablo salta contento: “¡Mira, hay un elefante en la franja!” Juan se agacha y responde con voz suave: “Sí, Pablo, el elefante es para el miércoles. ¿Sabéis qué hacemos los miércoles?” Todos piensan un momento.
Juan es paciente. Siempre espera con calma las respuestas. Juega con sus gafas, las sube y las baja despacito. En su clase, los colores, los cuentos y los abrazos suaves nunca faltan.
La clase comienza. Todos se sientan en la alfombra y miran la franja. Juan señala un sol brillante: “¿Quién sabe cómo se llama este día?” Lucía levanta la mano y dice: “¡Es lunes!” Juan aplaude despacio: “Muy bien, Lucía. El lunes es el principio de la semana. El lunes jugamos y aprendemos juntos.” Los niños se abrazan, alegres.
El maestro reparte colores para que cada niño pinte su animal favorito en una hoja. Mientras pintan, Juan camina despacio entre las mesas. Da las gracias a cada niño por esforzarse: “Gracias, Pedro, por compartir tus colores. Gracias, Sofía, por ayudar a tu amiga.” Así, todos aprenden que compartir es bonito.
Marta se acerca con su dibujo de un gato naranja. “¿Te gusta, maestro?” pregunta tímida. Juan sonríe: “Me encanta, Marta. ¡Es el gato más alegre que he visto!” Marta se ríe y le da un abrazo. Juan siente su corazón muy grande, como un globo rojo y suave.
Antes de salir al recreo, todos miran la franja nueva en la pared. Juan dice: “Cada día es especial. Cada día aprendemos algo juntos. Y yo estoy muy agradecido de teneros aquí.” Los niños aplauden despacio, contentos.
De pronto, Tomás levanta la mano y dice: “Maestro, ¿por qué el viernes no puede durar todo el fin de semana?” Todos se ríen y Juan también. “Esa es una pregunta muy divertida, Tomás. Quizá el viernes también necesite descansar”, responde Juan, sonriendo.
La clase termina con un abrazo colectivo. Juan apaga la luz, mira la franja de colores y se queda pensando en la respuesta graciosa de Tomás. Se siente feliz y agradecido, como si llevara el sol en el bolsillo.