El viaje a las ricas rizières
En un lugar lejano, lleno de verdes campos y cielos azules, vivía un pequeño niño llamado Tomás. Tomás era un niño muy curioso. Le encantaba hacer preguntas y descubrir cosas nuevas. Un día, mientras jugaba en el jardín, su mamá le dijo: "Tomás, vamos a ir de viaje a un lugar muy especial, a las rizières de Bali".
Tomás se emocionó mucho. "¿Qué son las rizières, mamá?", preguntó con sus ojos brillantes de curiosidad. "Son campos donde crece el arroz, como en las historias que te cuento antes de dormir", respondió su mamá con una sonrisa.
Cuando llegaron a Bali, Tomás no podía creer lo que veía. Había campos verdes por todas partes y el aire olía a flores y a tierra mojada. "¡Es como un cuento de hadas!", exclamó Tomás. Su mamá asintió y dijo: "Vamos a explorar, pequeño aventurero".
El guía misterioso
Mientras caminaban por las rizières, un anciano de barba larga y blanca se acercó a ellos. Llevaba un sombrero de paja y sonreía amablemente. "Hola, pequeño. Soy el abuelo Wayan", dijo el anciano. "Conozco estos campos como la palma de mi mano. ¿Te gustaría que te muestre un lugar especial?".
Tomás miró a su mamá, y ella asintió con la cabeza. "¡Sí, por favor!", respondió Tomás emocionado. El abuelo Wayan los guió por un camino estrecho entre los campos de arroz. "Aquí es donde crecen los granos de arroz", explicó Wayan mientras señalaba las plantas verdes. "El arroz es muy importante para nosotros".
Tomás escuchaba atentamente, fascinado por cada palabra. De repente, vio algo moverse entre las plantas. "¡Mira, mamá! ¡Un pato!", gritó Tomás señalando al animal que chapoteaba feliz en el agua.
El nuevo amigo
Mientras seguían caminando, Tomás se adelantó un poco, fascinado por todo lo que veía. Pero, sin darse cuenta, se perdió. Miró a su alrededor y no pudo ver a su mamá ni al abuelo Wayan. Se sentó en el suelo, sintiéndose un poco asustado.
En ese momento, un pequeño niño se acercó a él. "Hola, soy Ketut. ¿Estás perdido?", preguntó el niño con una sonrisa amable. Tomás asintió y Ketut dijo: "No te preocupes, te ayudaré a encontrar a tu mamá".
Ketut tomó la mano de Tomás y juntos caminaron por los campos. Mientras caminaban, Ketut le mostró a Tomás cómo los niños de Bali hacían flotar pequeños barcos de papel en el agua de las rizières. Tomás rió y olvidó su miedo.
Finalmente, encontraron al abuelo Wayan y a la mamá de Tomás. "¡Tomás!", exclamó su mamá aliviada, abrazándolo fuerte. "Gracias, Ketut", dijo el abuelo Wayan sonriendo al nuevo amigo de Tomás.
Tomás sonrió y dijo: "¡He hecho un nuevo amigo!".
Descubriendo el mundo juntos
Después de aquel día, Tomás y Ketut pasaron más tiempo juntos, explorando los campos y jugando con los patos. Aprendieron a construir barcos de papel y a hacer collares con flores. Tomás estaba muy contento de tener un amigo como Ketut.
Antes de irse, Tomás miró a su mamá y le dijo: "Mamá, las rizières son mágicas. He aprendido mucho y tengo un amigo nuevo". Su mamá le acarició el cabello y le dijo: "Sí, pequeño aventurero. El mundo es un lugar maravilloso lleno de sorpresas".
Tomás sonrió y pensó en todas las aventuras que aún le esperaban. Sabía que con amigos como Ketut, cada día sería una nueva oportunidad para descubrir el mundo. Y así, con el corazón lleno de alegría, Tomás se despidió de las rizières, sabiendo que siempre recordarían sus aventuras en Bali.