Era un día brillante y soleado. La pequeña Ana despertó en su cama. "¡Hoy es mi cumpleaños!", exclamó Ana. Pero, oh, no había globos ni pastel. Ana se sintió un poquito triste.
Su mamá entró en la habitación con una gran sonrisa. "¡Feliz cumpleaños, Ana!", dijo. Ana sonrió un poco. "¿Dónde está mi pastel?", preguntó. La mamá de Ana le dio un abrazo suave y le dijo: "Vamos a buscar sorpresas afuera".
Ana salió al jardín. Allí, encontró a su perrito, Lucas. "¡Hola, Lucas!", gritó Ana. Lucas movió su cola, feliz como siempre. Entonces, algo brillante llamó la atención de Ana. ¡Eran globos de colores volando en el aire! "¡Globos!", gritó Ana. "¡Qué bonitos son!"
Mientras jugaban, un pájaro se posó cerca. "¡Pío, pío!", cantó el pájaro. Ana rió. "¡Más amigos!", dijo. Ana y Lucas comenzaron a saltar, a correr y a bailar entre los globos.
Luego, su mamá salió con un delicioso pastel de chocolate. "¡Sorpresa!", exclamó. Ana aplaudió con alegría. "¡Pastel!", gritó.
Ana sopló las velas y todos cantaron. "¡Feliz cumpleaños, Ana!"
Esa fue la mejor fiesta de cumpleaños. Ana aprendió que con amor y amigos, ¡cada día puede ser especial!