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Cuento encantador y divertido 9/10 años Lectura 12 min. Disponible en audiocuento

La Escoba Charlatana

Don Mágico, un excéntrico sorcerador, crea una escoba mágica llamada Chispita que puede hablar y volar, llevándolos a una divertida carrera con unos pájaros que termina en una alegre fiesta de dulces en el pueblo de Chifladura. Sin embargo, un hechizo inesperado provoca un alboroto de chicles pegajosos que sorprende a todos los presentes.

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Une illustration destinée aux enfants représentant un sorcier aux cheveux ébouriffés et à la longue barbe blanche, vêtu d'une tunique étoilée et d'un chapeau en forme de cône, se tenant dans sa maison colorée aux murs violets ornés de fenêtres en forme de lune, où il tente de donner vie à sa vieille balayette en lui insufflant des mots magiques, tandis qu'une escoba joyeuse, pleine de personnalité et de curiosité, l'encourage à réaliser son rêve, le tout dans le charmant village de Chifladura, où les arbres chantent et les nuages dansent, créant une ambiance à la fois ensorcelante et amusante. reportar un problema con esta imagen

La versión de audio está disponible de forma gratuita para este cuento:

Duración del audiocuento: 12:44

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Capítulo 1: El extraño día de Don Mágico

Era un día soleado en el pequeño pueblo de Chifladura, un lugar conocido por sus extrañas criaturas y sus habitantes aún más raros. En una colorida casita de ladrillos morados, vivía un famoso -y algo despistado- sorcerador llamado Don Mágico. A pesar de su nombre, Don Mágico no era un mago cualquiera; sus hechizos, aunque emocionantes, solían tener resultados inesperados.

Don Mágico tenía una larga barba blanca que, según él, estaba llena de polvo de estrellas, y siempre llevaba un sombrero de copa que parecía haber sido hecho con el mismo material que un arcoíris. Su túnica, de un azul brillante, estaba decorada con dibujos de gatos voladores y árboles que cantaban. Un día, mientras revisaba su colección de frascos misteriosos, decidió que era el momento de hacer un nuevo hechizo: ¡hacer que su escoba voladora pudiera hablar!

Con una chispa en los ojos, Don Mágico se preparó. «¡Luz de luna, brilla al amanecer!», gritó, agitando su varita mientras se caía del taburete. «¡Y que esta escoba pueda charlar como un loro!». En ese mismo instante, un gran estallido de luces llenó la habitación. La escoba, que hasta entonces había estado quieta, comenzó a vibrar y girar por toda la sala.

—¡Ay, caramba! —gritó Don Mágico mientras intentaba atrapar su escoba danzante. — ¡No te vayas! ¡No estoy listo!

Finalmente, la escoba se detuvo y, para sorpresa de Don Mágico, empezó a hablar.

—¡Hola, hola! —dijo la escoba con una voz aguda y divertida. — ¡Soy la escoba Chispita! ¿Qué puedo barrer hoy?

Don Mágico se quedó boquiabierto. No podía creer que su hechizo había funcionado. Pero antes de que pudiera responder, Chispita continuó:

—¿Barreras de risa? ¡Barreras de galletas! ¡O quizás un poco de barro mágico!

Don Mágico soltó una carcajada.

—¡Eres más divertida de lo que pensé! —dijo, mientras le acariciaba el mango. — Pero, Chispita, no eres solo una escoba; eres una escoba mágica. ¡Vamos a hacer algo increíble!

La escoba vibró de emoción.

—¡Sí! ¡Vamos a volar! —gritó.

Don Mágico se subió a Chispita y, con un movimiento de su varita, volaron por la ventana, dejando atrás un rastro de polvo estelar. La aventura comenzaba.

Capítulo 2: La aventura en el aire

Mientras volaban sobre Chifladura, Don Mágico y Chispita se encontraron con un grupo de pájaros que estaban organizando una carrera.

—¡Hola, amigos alados! —saludó Don Mágico, haciendo una reverencia en el aire.

Los pájaros, de plumas brillantes y colores vibrantes, se acercaron a ellos. Uno de ellos, un loro llamado Pío Pío, se adelantó y dijo:

—¿Te gustaría competir con nosotros? ¡Es la Gran Carrera del Cielo!

Don Mágico sonrió.

—¡Claro! Pero necesito un poco de magia extra para ganar.

Chispita, emocionada, gritó:

—¡Yo puedo ayudarte! ¡He soñado con ganar una carrera!

Los pájaros se rieron, y Pío Pío dijo:

—Entonces vamos a empezar. ¡A la cuenta de tres!

Don Mágico se preparó, y al contar hasta tres, todos volaron hacia el cielo en una explosión de plumas y risas. Sin embargo, a mitad de la carrera, algo inesperado sucedió. Chispita, en su emoción, comenzó a hablar sin parar.

—¡Mira, mira! ¡Estoy volando! ¡Soy la escoba más rápida del mundo! ¡Voy a ganar! ¡Soy más rápida que una luciérnaga en un día soleado!

Los pájaros, atónitos, comenzaron a reírse. Don Mágico intentó concentrarse, pero Chispita tenía mucho que decir.

—¡Oh, mira eso! ¡Es un arcoíris! ¡Qué bonito! ¡Podemos hacer un castillo en el aire!

Don Mágico, tratando de mantener la dirección, dijo:

—Chispita, concéntrate en la carrera. ¡Estamos muy cerca de la meta!

Pero Chispita estaba demasiado emocionada. En un giro inesperado, decidió hacer una pirueta y comenzaron a dar vueltas en círculos. Pío Pío y los demás pájaros se adelantaron mientras Don Mágico intentaba controlar la escoba.

Finalmente, después de un par de giros y muchas risas, lograron estabilizarse, pero ya era demasiado tarde. Los pájaros estaban a punto de cruzar la meta.

—¡Oh no! —gritó Don Mágico. — ¡Mira lo que hemos hecho!

—¡Pero fue divertido! —respondió Chispita.

En ese momento, una nube de algodón de azúcar pasó volando, y todos los competidores se quedaron mirando.

—¡Premio de consolación! —gritó Pío Pío, mientras se reía.

Los pájaros decidieron que el premio sería un festín de golosinas en la plaza del pueblo. Don Mágico y Chispita se unieron a su celebración, riendo y disfrutando de los dulces.

Capítulo 3: El banquete de golosinas

La plaza de Chifladura estaba llena de color y risas. Los habitantes del pueblo, que eran tan excéntricos como Don Mágico, habían preparado un banquete de golosinas que incluía todo tipo de dulces: caramelos que cantaban, pasteles que bailaban y galletas que contaban chistes.

—¡Esto es increíble! —exclamó Don Mágico, mientras se servía un vaso de zumo de fresa burbujeante que chisporroteaba como un pequeño volcán.

—¡Quiero uno! —gritó Chispita, volando alrededor de la mesa.

Don Mágico sonrió y sirvió un poco de zumo en un pequeño cuenco. Chispita lo bebió rápidamente, haciendo pompas de burbujas que hacían reír a todos los niños que estaban alrededor.

—¡Delicioso! —dijo Chispita, mientras giraba en el aire. —¡No hay nada mejor que una fiesta en el aire!

Mientras tanto, los habitantes de Chifladura comenzaron a contar historias locas sobre sus propias aventuras mágicas. Uno de ellos, un duende llamado Piquito, habló sobre cómo una vez hizo que su sombrero se transformara en un pez.

—¡Y luego el pez se escapó y nadó en un estanque! —dijo Piquito, haciéndose el sorprendido.

Todos se rieron a carcajadas.

Tras un rato de risas y golosinas, Don Mágico sintió que era hora de hacer un nuevo hechizo. Con un toque de su varita, llamó a todos los presentes.

—¡Queridos amigos! —anunció. — Voy a hacer un hechizo que nos traerá más dulces mágicos.

Los ojos de todos se iluminaron de emoción. Don Mágico levantó su varita y dijo:

—¡Dulce de miel, galleta de nuez, que lluevan dulces por doquier!

Con un estallido de luces brillantes, comenzaron a caer del cielo nubes de golosinas. Caramelos, pasteles y chicles de todos los colores comenzaron a llenar la plaza.

Todos comenzaron a saltar y a atrapar los dulces en sus manos. Chispita se unió a la alegría, recogiendo todo lo que podía, mientras Don Mágico disfrutaba de su éxito.

—¡Esto es un verdadero festín! —gritó un niño, mientras mordía un caramelo que brillaba como el sol.

Capítulo 4: La travesura de Don Mágico

Mientras todos disfrutaban de la lluvia de dulces, Don Mágico decidió que era momento de agregar un poco más de emoción a la fiesta.

—¡Vamos a hacer que los dulces bailen! —anunció con entusiasmo.

Todos miraron curiosos, preguntándose cómo lo haría. Don Mágico, emocionado, levantó su varita nuevamente.

—¡Que los dulces se muevan y se agiten, que la fiesta no se acabe!

Pero, como era de esperar, algo salió mal. En lugar de que los dulces comenzaran a bailar, comenzó a llover chicles que se pegaban en todo.

—¡Ay, no! —gritó Don Mágico, mientras veía cómo los niños intentaban despegarse los chicles de sus cabellos. —¡Perdón, perdón!

Los habitantes de Chifladura comenzaron a reírse y a jugar, tratando de despegarse los chicles el uno al otro. Chispita, en medio del alboroto, decidió que era un buen momento para jugar a las escondidas entre los dulces.

—¡Soy la escoba más rápida y divertida! —gritó mientras volaba en círculos, dejando un rastro de chicles detrás de ella.

Don Mágico, riendo, se unió al juego, corriendo detrás de Chispita y los niños.

—¡Atrápame si puedes! —gritó mientras intentaba seguirle el ritmo.

El pueblo se llenó de risas y juegos, olvidando momentáneamente los chicles pegajosos. Don Mágico, aunque un poco avergonzado por el desliz, se dejó llevar por la diversión.

Capítulo 5: La llegada de la bruja Brillante

Justo cuando la diversión estaba en su punto más alto, una sombra se proyectó sobre la plaza. Todos miraron hacia arriba y vieron volar a una bruja en una escoba dorada, que parecía brillar con luz propia.

—¡Soy la bruja Brillante! —anunció con una voz melodiosa. — He oído que aquí hay fiesta y deliciosos dulces.

Los habitantes de Chifladura, sorprendidos, se quedaron en silencio. La bruja Brillante era conocida por su magia poderosa y su risa contagiosa.

—¡Bienvenida! —dijo Don Mágico, acercándose a ella. —¡Únete a nosotros! Hay dulces por todas partes.

La bruja Brillante sonrió y comenzó a girar en el aire, haciendo que su escoba hiciera piruetas.

—¡Me encanta la diversión! —dijo mientras lanzaba un puñado de glitter mágico que brillaba en el aire. — ¡Vamos a hacer que esta fiesta sea aún más brillante!

Con un movimiento de su varita, la bruja hizo que los dulces comenzaran a cambiar de color, convirtiéndose en luces de colores que danzaban en el cielo.

—¡Ahora sí! —gritó Chispita, volando hacia la bruja. — ¡Esto es increíble!

Don Mágico aplaudió, contento de tener a la bruja Brillante en su fiesta.

—¡Vamos a hacer una gran danza! —propuso Don Mágico.

La bruja Brillante, con su risa contagiosa, hizo un gesto y todos comenzaron a bailar. Los dulces danzaban a su alrededor, creando un espectáculo mágico que llenaba el aire de alegría.

Capítulo 6: El final de la fiesta

Después de horas de risas, bailes y dulces voladores, la fiesta comenzó a llegar a su fin. La bruja Brillante, con una sonrisa en el rostro, se acercó a Don Mágico.

—Gracias por una fiesta tan divertida, Don Mágico. ¿Podrías enseñarme a hacer que los dulces bailen?

Don Mágico, aún riendo, respondió:

—¡Por supuesto! Pero ten cuidado con lo que deseas, porque a veces lo que parece un dulce puede ser un pegajoso chicle.

Ambos rieron mientras los habitantes del pueblo comenzaban a despedirse.

—Nos vemos pronto, amigos. ¡Que la magia siempre esté con ustedes! —gritó la bruja Brillante mientras volaba hacia el cielo.

Don Mágico y Chispita se quedaron mirando cómo la bruja se alejaba, llenos de alegría.

—¡Vaya día hemos tenido! —dijo Don Mágico. — ¡No puedo esperar a ver qué nuevas aventuras nos esperan mañana!

—¡Yo tampoco! —respondió Chispita, mientras se posaba en el suelo. — ¡Hasta la próxima, amigos!

Y así, con el corazón lleno de risas y dulces, Don Mágico y su escoba Chispita se despidieron de sus amigos, sabiendo que en Chifladura, la magia y la diversión nunca se acabarían.

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Sorcerador
Una persona que practica la magia y hace hechizos.
Hechizo
Una acción mágica que se utiliza para obtener un resultado especial.
Escoba
Un objeto que se utiliza para barrer el suelo, pero en esta historia puede volar.
Pirueta
Un movimiento rápido y giratorio que se hace en el aire o en el suelo.
Contagiosa
Algo que se propaga rápidamente, como una risa que hace que otros también rían.
Glitter
Pequeñas partículas brillantes que se usan para decorar y dar brillo a algo.

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