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Cuento de invención disparatada 9/10 años Lectura 9 min. Disponible en audiocuento (4)

El Inventor Chiflado y la Máquina de Multiplicación

Don Evaristo, un excéntrico inventor de un pueblo llamado Villalocos, crea una máquina de multiplicación que provoca un divertido caos en el pueblo.

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Une illustration destinée aux enfants représentant un inventeur excentrique en bata blanche tachée, une machine de multiplication délirante, un raton curieux et malicieux, dans le pittoresque village de Villalocos, aux maisons colorées et aux ruelles pavées, où les tuiles des toits brillent sous le soleil. reportar un problema con esta imagen

La versión de audio está disponible de forma gratuita para este cuento:

Duración del audiocuento: 09:16

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Capítulo 1: El Inventor Chiflado

En el pintoresco pueblo de Villalocos vivía un hombre llamado Don Evaristo, conocido por todos como el inventor más excéntrico y peculiar del lugar. Don Evaristo siempre llevaba una bata de laboratorio blanca llena de manchas de colores inidentificables y gafas de protección que parecían más apropiadas para un científico loco de película de terror. Sin embargo, a pesar de su apariencia, Don Evaristo tenía un corazón de oro y una mente brillante, aunque sus inventos solían tener resultados bastante inesperados.

Una mañana soleada, Don Evaristo se despertó con una idea brillante. ¡Había soñado con una nueva invención que, según él, cambiaría el mundo! Se levantó de un salto, se puso su bata y corrió hacia su taller, una pequeña cabaña al final de su jardín que estaba llena de tuercas, tornillos, tubos de ensayo y artilugios diversos.

"¡Eureka!", exclamó Don Evaristo mientras buscaba entre montones de chatarra. "Hoy es el día en que inventaré algo realmente extraordinario."

Don Evaristo era famoso por sus inventos, pero también por los desastres que a menudo causaban. Hubo una vez en que intentó crear una máquina para pelar patatas y acabó cubriendo todo el pueblo de puré de patatas. Otra vez, diseñó un dispositivo para regar las plantas automáticamente, pero terminó inundando la plaza principal de Villalocos. Aun así, los habitantes del pueblo lo querían y siempre estaban ansiosos por ver cuál sería su próxima creación.

Capítulo 2: La Máquina de Multiplicación

Ese día, Don Evaristo decidió que su nueva invención sería una máquina de multiplicación. ¡Pero no una máquina de multiplicar números, sino de multiplicar objetos! Imagina poder tener dos bicicletas idénticas, o tres pasteles de chocolate exactamente iguales, o incluso cien pelotas de fútbol con solo pulsar un botón.

"¡Esto será revolucionario!", murmuró Don Evaristo mientras ensamblaba piezas y cables. "La Máquina de Multiplicación hará la vida mucho más fácil."

Después de horas y horas de trabajo, finalmente terminó su invento. Era un aparato extraño, con botones, palancas y luces parpadeantes. En el centro había una plataforma donde se colocaba el objeto a multiplicar.

"Ahora, a probarlo", dijo Don Evaristo, frotándose las manos con entusiasmo. Colocó una manzana roja y brillante en la plataforma y ajustó los controles.

"¡Vamos allá!", exclamó, y presionó el gran botón verde.

La máquina zumbó y chisporroteó, las luces parpadearon y, de repente, hubo un destello cegador. ¡Cuando Don Evaristo abrió los ojos, no había una manzana, sino dos!

"¡Funciona! ¡Funciona!", gritó Don Evaristo, dando saltos de alegría.

Capítulo 3: El Primer Problema

Don Evaristo se emocionó tanto con su éxito que decidió mostrar su invento a todo el pueblo. Llamó a sus vecinos, los amigos y a cualquiera que pasara cerca de su taller.

"¡Atención, atención! ¡Venid todos a ver mi último invento!", anunció con voz fuerte y alegre.

Poco a poco, la gente de Villalocos llegó al taller de Don Evaristo. Estaban intrigados y emocionados, sabiendo que cualquier cosa podía pasar con sus inventos.

"¿Qué es esta vez, Don Evaristo?", preguntó Doña Margarita, la panadera del pueblo.

"¡Es una Máquina de Multiplicación!", respondió Don Evaristo con orgullo. "Mira esto."

Colocó una barra de pan en la plataforma y presionó el botón verde. Hubo el mismo destello cegador y, un segundo después, aparecieron dos barras de pan. La multitud aplaudió y vitoreó.

"¡Increíble! ¡Maravilloso!", exclamaron todos.

Sin embargo, Don Evaristo no se dio cuenta de que un pequeño ratón llamado Rufián, atraído por el olor del pan, se había colado en su taller y estaba curioseando cerca de la máquina.

Rufián, siendo un ratón muy travieso, decidió trepar a la plataforma justo cuando Don Evaristo iba a hacer otra demostración. Sin darse cuenta, Don Evaristo presionó el botón verde... y, en lugar de un ratón, ahora había diez ratones idénticos corriendo por el taller.

"¡Oh no!", gritó Doña Margarita mientras los ratones correteaban por sus pies. "¡Don Evaristo, haz algo!"

Capítulo 4: El Desastre Multiplicado

El caos se desató en el taller. Los ratones corrían por todas partes, causando alboroto entre los aldeanos. Don Evaristo intentó atraparlos, pero los ratones eran demasiado rápidos. En su desesperación, uno de los ratones saltó de nuevo sobre la plataforma y Don Evaristo, sin pensar, volvió a presionar el botón verde. De repente, hubo cien ratones corriendo por todas partes.

"¡Esto es un desastre!", exclamó Don Evaristo, intentando mantener la calma.

Los ratones se esparcieron por todo el pueblo, causando gritos y risas a partes iguales. Los niños estaban encantados, persiguiendo a los ratones por las calles, mientras que los adultos intentaban atraparlos con escobas y cajas.

"Don Evaristo, ¡tienes que detener esto!", gritó Don Anselmo, el alcalde del pueblo.

Don Evaristo, sudando y nervioso, decidió que era hora de desactivar la máquina. Corrió de vuelta a su taller y, con un par de hábiles movimientos, apagó el dispositivo.

"Lo siento, lo siento mucho", se disculpó Don Evaristo. "No era mi intención causar este alboroto."

Aunque el pueblo estaba lleno de ratones, los aldeanos no podían enfadarse con Don Evaristo. Todos sabían que, aunque sus inventos siempre acababan en líos, él nunca tenía malas intenciones.

Capítulo 5: Soluciones Ingeniosas

Después de un rato, Don Evaristo decidió que debía encontrar una manera de resolver el problema. Se sentó en su taller, rodeado de papeles y planos, pensando en una solución.

"¡Eureka!", exclamó de repente. "¡He tenido una idea!"

Don Evaristo decidió crear una nueva máquina, esta vez para desmultiplicar. Pasó toda la noche trabajando, ajustando, soldando y probando su nuevo invento. La gente del pueblo, curiosa y esperanzada, esperó pacientemente para ver qué se le ocurriría esta vez.

A la mañana siguiente, Don Evaristo salió de su taller con una nueva invención. Esta vez, parecía una especie de aspiradora gigante con un embudo en la parte superior.

"¡Atención, atención!", anunció Don Evaristo. "¡Presento la Desmultiplicadora!"

Colocó la máquina en medio de la plaza del pueblo y esperó a que los ratones se acercaran. Uno a uno, los ratones curiosos fueron atraídos por el embudo. Cuando el primer ratón entró, Don Evaristo presionó un botón y, con un destello, el ratón se desmultiplicó, desapareciendo en el aire.

"¡Funciona!", exclamó Don Evaristo con alegría.

Capítulo 6: Una Lección Aprendida

Poco a poco, los aldeanos llevaron a los ratones a la Desmultiplicadora y, en poco tiempo, el pueblo volvió a la normalidad. Don Evaristo, agradecido y conmovido por la paciencia y la comprensión de sus vecinos, prometió ser más cuidadoso con sus inventos en el futuro.

"Gracias a todos por vuestra ayuda y paciencia", dijo Don Evaristo, sintiéndose un poco avergonzado. "Prometo que la próxima vez haré pruebas más rigurosas antes de mostrar mis inventos."

La gente del pueblo aplaudió y vitoreó. A pesar de los problemas, todos apreciaban la creatividad y el entusiasmo de Don Evaristo. Sabían que, a pesar de los desastres ocasionales, él siempre estaba intentando mejorar la vida en Villalocos.

Desde ese día, Don Evaristo se aseguró de probar sus inventos en privado antes de mostrarlos al público. Aunque todavía tuvo algunos desastres menores, siempre encontraba una manera de solucionarlos con la ayuda de sus ingeniosos vecinos.

Y así, en el pintoresco pueblo de Villalocos, la vida continuó con risas, aventuras y, por supuesto, las maravillosas y a veces disparatadas invenciones de Don Evaristo.

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Producir chispas o pequeñas explosiones de fuego.
Alboroto
Confusión o desorden causado por un tumulto.
Desmultiplicar
Hacer que algo que ha sido multiplicado vuelva a su cantidad original.
Embudo
Instrumento cónico, generalmente de metal o plástico, que se utiliza para verter líquidos o sustancias pulverulentas de un recipiente a otro.
Rigurosas
Que se hace con atención y precisión, siguiendo un método o norma establecida.

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