Era un día soleado y brillante. La pequeña Lila estaba muy emocionada. ¡Era su primer cumpleaños! Tenía un vestido rosa con muchos volantes. Su mamá le dijo:
—¡Feliz cumpleaños, Lila! ¿Estás lista para la fiesta?
—¡Sí, sí! —gritó Lila, saltando de alegría.
En la cocina, había un pastel grande y delicioso. Tenía velas de colores. Lila miró las velas y preguntó:
—¿Puedo soplarlas?
—Sí, pero primero hay que cantar —respondió su mamá con una sonrisa.
Lila se puso muy contenta. Juntas empezaron a cantar:
—¡Cumpleaños feliz, te deseamos a ti!
Lila reía y aplaudía. Cuando terminaron de cantar, Lila cerró los ojos y sopló las velas.
—¡Puf! —hizo Lila.
Las velas se apagaron. Su mamá aplaudió.
—¡Bravo, Lila! ¡Lo hiciste muy bien!
Lila miró el pastel. Tenía fresas y crema.
—¿Puedo comer pastel? —preguntó con ojos brillantes.
—¡Sí! —dijo su mamá, sirviendo un pedazo.
Lila probó el pastel y dijo:
—¡Ñam, ñam! ¡Delicioso!
Lila sonrió. Fue un cumpleaños muy feliz. ¡Y con mucho pastel!