El primer día de clases
Era un día soleado en el pequeño pueblo de Valle Alegre. Las flores estaban en plena floración y los pájaros cantaban felices. En una casa amarilla, vivía una niña llamada Sofía. Sofía tenía cuatro años y estaba muy emocionada. Hoy era su primer día de clases.
“Sofía, ¿estás lista?” preguntó su mamá mientras ataba su cabello en una hermosa coleta.
“¡Sí, mamá! ¡Quiero ver a mis nuevos amigos!” respondió Sofía, saltando de alegría.
Su mamá sonrió y le dio un abrazo. “Recuerda, Sofía, es normal sentirse un poco nerviosa. Pero estoy segura de que te divertirás mucho.”
“¿Puedo llevar mi muñeca?” preguntó Sofía, mirando a su muñeca favorita, que se llamaba Lila.
“Claro, pero debes cuidarla. En la escuela, aprenderás muchas cosas nuevas,” dijo su mamá.
Sofía se puso su mochila rosa, que tenía dibujos de unicornios y estrellas. Salió de casa y vio a su vecino, Tomás, que también iba a la escuela por primera vez.
“¡Hola, Tomás!” gritó Sofía.
“¡Hola, Sofía! ¿Estás lista?” preguntó él, un poco nervioso.
“Sí, tengo a Lila conmigo. ¿Y tú?” dijo Sofía, mostrando su muñeca.
“Yo tengo mi cochecito de juguete. ¡Vamos juntos!” respondió Tomás, sonriendo.
Los dos niños caminaron hacia la escuela. El camino estaba lleno de árboles verdes y flores de colores. Sofía miró a su alrededor y se sintió un poco más tranquila.
“Huele a flores, ¿verdad?” dijo Sofía.
“Sí, y también a tierra fresca,” respondió Tomás.
Cuando llegaron a la escuela, Sofía vio a otros niños. Algunos jugaban, otros hablaban. Todo era nuevo y un poco asustador.
“¿Qué hacemos ahora?” preguntó Sofía.
“Creo que debemos entrar,” dijo Tomás, mirando la puerta.
Sofía respiró hondo y tomó la mano de Tomás. “¡Vamos!” dijo valientemente.
La clase de la señora Luna
Dentro de la escuela, conocieron a la señora Luna, su maestra. Ella tenía un cabello rizado y una gran sonrisa.
“¡Hola, niños! Bienvenidos a la clase! Soy la señora Luna. Hoy vamos a jugar y aprender,” dijo ella con alegría.
“¡Hola, señora Luna!” respondieron todos los niños.
Sofía se sintió un poco más cómoda. La señora Luna les mostró su salón de clases. Había dibujos en las paredes, libros de cuentos y muchos juguetes.
“¿Puedo jugar con Lila?” preguntó Sofía.
“Sí, Sofía. Pero primero, vamos a conocernos. Cada uno dirá su nombre y algo que le guste,” sugirió la señora Luna.
“Yo empiezo. Soy la señora Luna y me gusta leer cuentos,” dijo ella.
“Yo soy Sofía y me gusta jugar con muñecas,” dijo Sofía, levantando a Lila.
“Yo soy Tomás y me gusta correr,” agregó Tomás, moviendo sus brazos como si estuviera corriendo.
“Yo soy Ana y me gusta pintar,” dijo una niña con trenzas.
Todos los niños compartieron algo que les gustaba. Sofía se dio cuenta de que no estaba sola y que todos estaban un poco nerviosos.
“Vamos a hacer un dibujo juntos. Pueden dibujar lo que más les guste,” propuso la señora Luna.
Sofía tomó su crayón rosa. Dibujó un gran sol, flores y, por supuesto, a Lila sentada en el césped.
“¡Mira, Tomás! Estoy dibujando a Lila,” dijo Sofía, mostrando su dibujo.
“¡Es muy bonito! Yo estoy dibujando un coche,” respondió Tomás, concentrado en su trabajo.
La clase estaba llena de risas y colores. Sofía se sentía feliz. A veces, se olvidaba de sus nervios porque estaba disfrutando tanto.
Un nuevo amigo
Después de dibujar, la señora Luna dijo: “Ahora, vamos a jugar al patio.”
Los niños salieron corriendo. Sofía y Tomás encontraron un columpio. Mientras se balanceaban, conocieron a un niño llamado Lucas.
“¡Hola! ¿Quieren jugar conmigo?” preguntó Lucas.
“¡Sí!” dijeron Sofía y Tomás al unísono.
Los tres jugaron juntos, riendo y disfrutando del sol. Sofía se dio cuenta de que había hecho nuevos amigos.
“Me gusta la escuela,” dijo Sofía mientras se balanceaba.
“¡A mí también! Es divertido,” respondió Tomás.
“Y podemos jugar juntos todos los días,” agregó Lucas.
Cuando llegó la hora de irse, Sofía se sintió un poco triste. “¿Ya se acaba el día?” preguntó.
“Sí, pero mañana volveremos,” dijo la señora Luna. “Y tendrán más aventuras.”
Sofía sonrió. “¡Quiero volver! Me gusta aprender y jugar.”
Al llegar a casa, su mamá le preguntó: “¿Cómo fue tu primer día de clases?”
“¡Fue increíble! Hice amigos y dibujé a Lila. ¡Y la señora Luna es muy divertida!” respondió Sofía emocionada.
“Estoy muy feliz de escuchar eso, Sofía. Recuerda, cada día es una nueva aventura,” dijo su mamá, abrazándola.
Sofía se sintió feliz y tranquila. Sabía que la escuela sería un lugar especial donde aprendería y haría muchos amigos. Y así, con una gran sonrisa en su rostro, se fue a dormir, soñando con su próxima aventura en la escuela.